La siguiente historia, que los siglos han
convertido ya en leyenda, figura en los anales antiguos y misteriosos de la
Nueva España, tuvo lugar durante el siglo XVII…
Ahora vamos a tomar nuestra máquina del tiempo y
nos vamos a trasladar a la Capital de la Nueva España al año en gracia de 1664.
La gente comentaba con acres palabras la actitud escandalosa del virrey don
Juan de Leyva y de la Cerda, Marqués de Leyva y Ladrada, conde Baños; desde la
virreina, los hijos y las hijas, eran causantes de escándalos, así en la calle
como en el Palacio.
En la casa de don Miguel Pérez de Valdivia se
discutía un delicado asunto de bodas, pues la familia deseaba que el virrey
apadrinara al joven matrimonio, pero su escandalosa vida hacia que el
acontecimiento se tuviera que aplazar a cada rato, por lo que mejor se decidió
esperar al próximo virrey que ya no tardaría mucho en llegar a tierras
mexicanas.
El 15 de octubre de 1664, hizo su entrada solemne a
la capital el nuevo virrey don Antonio Sebastián de Toledo, Marqués de Mancera,
quien representó una esperanza para los ciudadanos, cansados de pleitos entre
la Audiencia, Virreyes y Arzobispos. La llegada del virrey vino a salvar el compromiso a don Miguel, ya que
su hija doña Juliana, casó con el joven caballero don Juan Antonio Orduña y
Gómez; como regalo de bodas, don Miguel les regaló la casa número 12 de la
entonces calle segunda de San Agustín, hoy Uruguay.
Transcurrieron ochos días, sin que ningún incidente
malo perturbara la iniciada felicidad del matrimonio, pero a la novena noche,
don Juan Antonio se hallaba en la biblioteca, cuando creyó escuchar un gemido,
y pensó que su mujer se hallaba enferma, entonces salió al corredor para
distinguir cerca de la escalera una sombra; creyendo que era su esposa, decidió
seguirla, pero al llegar al pie de la escalera, la sombra de mujer se había
esfumado. Preocupado y deseoso de averiguar si había visto a su esposa, o más
de la cuenta, se dirigió a la alcoba, y fue grande su sorpresa al encontrarla
profundamente dormida.
La segunda experiencia tuvo lugar tres noches
después, y toco la suerte a doña Juliana, cuando al filo de la media noche,
creyó escuchar unos gemidos; y como si alguien la llamara por su nombre, vio
hacia donde estaba su vestido de novia y descubrió una sombra a la cuál le
preguntó quién era, a lo que la mortal
aparición respondió lanzado un profundo suspiro y se abrazó al blanco vestido
de novia. Al darse cuenta la muchacha de que se trataba de una muerta, pegó un
espantoso grito y en el acto se desmayó; al escucharla su marido despertó y le habló de inmediato, doña Juliana
despertó alterada y le contó todos sucedido con la sombra que había visto.
Durante tres noches no volvieron a oír no ver nada
los esposos, pero a la cuarta noche don Juan leía y su esposa lo aguardaba
dormitando, ya que por obvias razones tenía miedo de dormir sola. Al ver el
joven que su mujer se estaba quedando dormida, decide dejar su lectura para el
día siguiente, para después subir juntos las escaleras rumbo a su alcoba.
Apenas trataba de conciliar el sueño, cuando oyeron ambos un gemido, y la
esposa que ya sabía el sitio de la aparición, señalo hacia su vestido de novia,
quedando ambos horrorizados al ver como la muerta abrazaba la prenda. Con la
garganta anudada por el miedo, don Juan se dirigió a la muerta para preguntarle
quien era, pero al no recibir respuesta le pide que en nombre de Dios se
marche, al igual que doña Juliana, quien temerosa busca la protección de su
marido mientras habla. Al invocar el nombre de Dios, la horrible aparición se
desvaneció en las sombras.
Desesperados y angustiados por esta situación, al
día siguiente doña Juliana se va a confesar, y mientras tanto don Juan va a
hablar con fray Tereso de Santiago, quien
tenía fama de ser experto en cosas de ultratumba. El religioso lo
escuchó con atención, y la terminar su relato, le contó que aquella casa fue de
las hermanas de Solís y Covarrubias, la cual estaba en vuelta en un gran
misterio, pues solo se sabía que algo espantoso había ocurrido en su interior,
pero era difícil saber que fue porque la protagonista de la historia había
muerto años atrás en un asilo de locos.
Como lo prometió fray Tereso, se presentó tres
noches después en la casa de los esposos para aguardar pacientemente a que el
espectro hiciera acto de presencia en la alcoba; sin faltar a su cita, la
aparición se manifestó al paso de la medianoche con un sepulcral gemido. Allí
estaba la fantasmal mujer y el fraile se apresuró para hacerle frente para
preguntarle quien era y el motivo de su penar. Por la horrible boca fétida de
la muerta comenzó a salir una triste historia:
“Sabed que
fui en vida doña Pilar de Solís y Convarrubias, y que está fue mi casa. Sabed
que próxima estaba a desposarme con mi joven y apuesto galán, don Fernando de
Peñalva, y yo no supe cuándo ni porque mi hermana mayor, Anunciación, comenzó a
odiarme, y al parecer se enamoró de mi prometido que nada sabía de aquella
pasión. Ajenos a todo cuanto de maldad había en el alma de mi hermana, cierto
día pedimos su venia para casarnos, pero ella nos aconsejó que debíamos
aguardar un año. Así dando vueltas y rodeos, fueron pasando los meses, hasta
que un día mi prometido le hizo saber que ya no podía aguardar más para
casarse. Grande fue su sorpresa cuando Anunciación le confesó que ardía de
pasión por él, a lo que este le contestó que era algo monstruoso. Pero lo más monstruoso iba a ocurrir noches
después, cuando el alma perversa de mi hermana la impulsó al crimen:
sorprendiendo mi sueño plácido, sin temores, me apuñaló sin piedad. Contenta
por lo que me había hecho, abrió una oscura fosa en el patio de esta casa y en ella me dio
sepultura, cubriendo mi huesa con la losa, y después la disimuló sembrando
hermosas flores que regaba con deleite.
Cuando días
después se presentó mi enamorado, Anunciación le dijo que desconocía mi paradero y que me había escapado con un
galán criollo. El pobre y engañado Fernando salió acongojado y triste, y se fue
a su casa en la calle de Vergara (hoy Bolívar), después de mucho llorar su
desventura se ahorcó de una cuerda. Al día siguiente sus padres lo encontraron
muerto, y maldijeron su mal amor”.
Así terminó la historia aquella muerta, que tenía
llenos de pavor suspenso al fraile y a los esposos; entonces le preguntaron por
qué perturbaba a los esposos y porque deseaba el vestido de novia. Volvieron a
salir las voces tenebrosas de aquella boca amarillenta: el espectro le pidió a
Dios no morir ni descansar su alma, sin antes vestir traje de desposada. Doña
Juliana dijo entonces, que en nombre de Dios, ella le regalaba su vestido
nupcial, si eso la quitaba de penar. La pesadilla ya había terminado para los
esposos…
Ya estaba alto el Sol cuando el matrimonio despertó
de una extraña suerte de sueño profundo, al principio creyeron que lo ocurrido
a noche había sido solo una pesadilla, pero al darse cuenta de que el vestido
no estaba ya en el perchero, vieron que todo había sido real. Es esos momentos
una de las sirvientas llegó a confirmarles la realidad, avisándoles que la
Justicia los buscaba; alarmado por aquel aviso, don Juan bajó para hallarse
ante los representantes de la Alcaldía de Crimen, quienes traían una orden para
excavar en el patio de la casa para exhumar un cadáver.
Una vez que explicaron a los esposos el motivo de
su presencia, se dirigieron al sitio indicado, en donde fueron arrancadas las
bellas flores sembradas años antes, para descubrir la fosa. Tras horas de
excavar, pusieron el descubierto unos maderos, los hicieron a un lado y la
mirar al interior, todos quedaron mudos de miedo… de asombro. ¡Sí! Porque en el
fondo de aquella fosa, estaba el esqueleto de doña Pilar de Solís y Covarrubias,
ataviado con el vestido de novia de doña Juliana.
Nadie podía explicar el misterio de una mujer que
llevaba ya muchos años de muerta y enterrada, portara un vestido nuevo. Nadie
explica las cosas sobrenaturales, cuyo origen se remonta a muchos siglos...
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