Muchísimas son las leyendas y poesías que se han
escrito, inspiradas por el Popocatépetl y el Iztaccihuatl; entre las más
importantes se encuentran los versos del poeta peruano José Santos Chocano:
El Iztaccihuatl traza la figura yacente de una
mujer dormida, bajo el sol.
El Popocatépetl flamea en los siglos como una
apocalíptica visión;
y estos dos volcanes solemnes tienen una historia
de amor,
digna de ser cantada en las complicaciones de una
extraordinaria canción.
Iztaccihuatl - hace ya miles de años - fue la
princesa más parecida a una flor,
que de la tribu de los viejos caciques del más gentil
capital se enamoro.
El padre augustamente abrió los labios y díjole al
capitán seductor
que si tornaba un día con la cabeza del cacique
enemigo clavada en un lanzón,
encontraría preparados, a un tiempo mismo, el
festín de su triunfo y el lecho de su amor.
Y Popocatépetl fue a la guerra con esta esperanza
en el corazón:
domó la rebeldía de las selvas obstinadas, el motín
de los riscos contra su paso vencedor,
la osadía despeñada de los torrentes, la asechanza
de los pantanos en traición;
y contra cientos y cientos de soldados, por años de
años gallardamente combatió.
Al fin tomó a la tribu, y la cabeza del cacique
enemigo sangraban su lanzón.
Halló el festín del triunfo preparado, pero no así
el lecho de su amor:
en vez de el lecho encontró el túmulo en que su
novia, dormida bajo el sol,
esperaba en su frente el beso póstumo de la boca
que nunca en vida la besó.
Y Popocatépetl quebró en sus rodillas el haz de
flechas; y en una sorda voz,
conjuró las sombras de sus antepasados contra las
crueldades de su impasible dios.
Era la vida suya, muy suya, porque contra la muerte
de la ganó:
tenía la riqueza, el poderío; pero no tenía el
amor...
Entonces, hizo que veinte mil esclavos alzaran un
gran túmulo ante el sol;
amontonó diez cumbres en una escalinata como de
alucinación;
tomó en sus brazos a la mujer amada, y él mismo
sobre el túmulo la colocó;
luego, encendió una antorcha, y para siempre,
quedose en pie alumbrando en el sarcófago de su
dolor.
Duerme en paz, Iztaccihuatl; nunca los tiempos
borrarán los perfiles de tu casta expresión.
Vela en paz, Popocatépetl; nunca los huracanes
apagarán tu antorcha eterna con amor

No hay comentarios:
Publicar un comentario