domingo, 23 de febrero de 2014

Los Piratas en México

La literatura antigua consigna a los griegos como los primeros piratas europeos, dada su calidad de buenos marinos y su posición geográfica del Mediterráneo. Posteriormente surgieron los piratas “berberiscos”, comandados durante décadas por los hermanos Barbarroja.
Entre los siglos XV y XVI, los hubo de distintas nacionalidades, que asolaron el Canal de la Mancha, las costas de África y las colonias españolas en América. En la caribeña isla de Santo Domingo surgió el gremio de piratas autodenominado Cofradía de los Hermanos de la Costa, que bajo ciertas normas de conducta y organización se dedicó a asaltar y robar embarcaciones, ciudades y puertos de las colonias españolas en América.

Franceses e ingleses en el Golfo de México

De todas las incursiones corsarias en el golfo de México, destacaremos las de mayor impacto político social entre las potencias europeas, porque de darse en un marco de confrontación.
En diciembre de 1522, el corsario francés Jean  Fleury o Juan Florín, asaltó dos carabelas españolas enviadas a la península ibérica por Hernán Cortés, que entre otras cosas transportaban invaluables tesoros del imperio de Moctezuma. Toda Francia está orgullosa de la magnitud del asalto, y especialmente el rey Francisco I, quien con esta acción descubrió las inmensas posibilidades de sacar provecho a la guerra que mantenía con España.
En la década de 1560-1570, brilló la figura de John Hawkins, traficante de esclavos negros y corsario inglés quien durante ese periodo realizó varias expediciones a las Antillas y al Golfo de México, provocando gran temor por la forma violenta de llevar a cabo sus propósitos comerciales. Durante su cuarta expedición en 1568, una tormenta en el mar Caribe lo obligó a continuar su pillaje por las costas mexicanas. El 16 septiembre su armada de seis buques llegó a la sonda de San Juan de Ulúa, siendo confundida por las autoridades portuarias con la flota de nuevo virrey, Martín Enríquez de Almanza, de quien se esperaba inminentemente su llegada. Los guardacostas españoles subieron a las naves de Hawkins, siendo tomados inmediatamente como rehenes. Al día siguiente arribaron a la zona las 13 naves que acompañaban al virrey, generándose una gran tensión entre ambos bandos.
Después de una corta tregua que permitió a los españoles desembarcar  y a los ingleses reparar sus naves, el virrey Enríquez planeó combatir a los intrusos. Ante la sospecha de los corsarios, los españoles iniciaron el ataque mediante un toque de clarín, y con repentina furia atacaron a los ingleses tanto la playa como en sus navíos.
Los corsarios lograron escapar de la feroz batalla con tan sólo dos naves: el Minion y el Judith, este último al mando de Francis Drake, quien adelantó la huida. A la mañana siguiente, la almiranta Minion al mando de Hawkins hizo escala en la muy cercana Isla de los Sacrificios, y posteriormente navegó durante muchos días en un "mar desconocido, con los corazones acongojados, hasta que el hambre nos obligó a buscar tierras, porque los pellejos no parecían buena comida, y ni las ratas, gatos, ratones ni perros escaparon si podían ser atrapados, papagayos y monos que tanto precio los teníamos y los encontramos más productivos si servían de alimento a una cena".
El 8 octubre los maltratados corsarios desembarcaron en el Bajo Pánuco (cerca de Tampico), para aprovisionarse de agua y víveres. Ante los reclamos de la tripulación por las inclemencias, 100 hombres fueron abandonados en tierra, mientras otros tantos continuaron la travesía rumbo a su país.
De los desembarcados sobrevivieron 78, a causa de las agresiones sufridas por los nativos chichimecas, los efectos del hambre, el paludismo y los problemas para abrirse paso la selva. Más tarde fueron rescatados y juzgados como "herejes protestantes" por la Inquisición novohispana.

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