domingo, 9 de febrero de 2014

Los casamientos en Tenochtitlán


Una vez que era elegida la novia, las ancianas encargadas de llevar a cabo los trámites a favor del pretendiente, acudían hasta  tres veces a solicitarla, llevando regalos; sino cedían en las dos primeras los padres de ella, y si veían con buenos ojos al novio, entonces era aceptado en el tercer intento. Prolijas y largas palabras eran dedicadas a la pareja por parte de los familiares. En el Códice Mendocino podemos encontrar una escena de casamiento, en la cual se pueden ver sentados sobre petates a los novios, sus mantas atadas por un extremo, en tanto que en el fondo del cuarto está un fogón encendido y a cada lado de los novios están los padres. Una vasija con alimentos indica el banquete que se preparaba para esa ocasión, según las posibilidades de las familias. Fray Bernardino de Sahagún se refiere a ese momento así:

"Hecho esto las casamenteras ataban la manta del novio, con el huipilli de la novia, y la suegra de la novia iba y lavaba la boca de su nuera, y ponía tamales en un plato de madera junto a ella, y también un plato con molli, que se llama tlatonilli; luego daba a comer a la novia cuatro bocados, los primeros que comía, después daba otros cuatro al novio, y luego a ambos juntos los metían en una cámara y las casamenteras los echaban en la cama, y cerraban las puertas y dejábanlos a ambos solos."

Resulta fácil imaginarse el banquete con tamales, pavo, mole, chiles, tortillas y a los invitados acudiendo al mismo con regalos, ya fuera a pie o, por el principal medio de transporte, en canoa. Como todos sabemos, en Tenochtitlán había gran cantidad de canales y se han encontrado restos de canoas muy angostas hechas de madera; con ellas no sólo se comunicaban en el interior de la ciudad, sino que miles de ellas atravesaban el lago para llevar productos o transportar personas a las ciudades ribereñas.
Una vez terminadas las ceremonias con que se celebraba el acontecimiento, la pareja vivía aparte de la casa de sus familiares, pero en el calpulli (barrio) al que pertenecían. Allí, la mujer se dedicaba a las labores del hogar, para las cuales había sido educada, en tanto que el hombre atendía el trabajo de su especialidad.



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