Una vez que era elegida la novia, las ancianas
encargadas de llevar a cabo los trámites a favor del pretendiente, acudían
hasta tres veces a solicitarla, llevando
regalos; sino cedían en las dos primeras los padres de ella, y si veían con buenos
ojos al novio, entonces era aceptado en el tercer intento. Prolijas y largas
palabras eran dedicadas a la pareja por parte de los familiares. En el Códice
Mendocino podemos encontrar una escena de casamiento, en la cual se pueden ver
sentados sobre petates a los novios, sus mantas atadas por un extremo, en tanto
que en el fondo del cuarto está un fogón encendido y a cada lado de los novios
están los padres. Una vasija con alimentos indica el banquete que se preparaba
para esa ocasión, según las posibilidades de las familias. Fray Bernardino de
Sahagún se refiere a ese momento así:
"Hecho
esto las casamenteras ataban la manta del novio, con el huipilli de la novia, y
la suegra de la novia iba y lavaba la boca de su nuera, y ponía tamales en un
plato de madera junto a ella, y también un plato con molli, que se llama
tlatonilli; luego daba a comer a la novia cuatro bocados, los primeros que
comía, después daba otros cuatro al novio, y luego a ambos juntos los metían en
una cámara y las casamenteras los echaban en la cama, y cerraban las puertas y
dejábanlos a ambos solos."
Resulta fácil imaginarse el banquete con tamales,
pavo, mole, chiles, tortillas y a los invitados acudiendo al mismo con regalos,
ya fuera a pie o, por el principal medio de transporte, en canoa. Como todos
sabemos, en Tenochtitlán había gran cantidad de canales y se han encontrado
restos de canoas muy angostas hechas de madera; con ellas no sólo se
comunicaban en el interior de la ciudad, sino que miles de ellas atravesaban el
lago para llevar productos o transportar personas a las ciudades ribereñas.
Una vez terminadas las ceremonias con que se
celebraba el acontecimiento, la pareja vivía aparte de la casa de sus
familiares, pero en el calpulli (barrio) al que pertenecían. Allí, la mujer se
dedicaba a las labores del hogar, para las cuales había sido educada, en tanto
que el hombre atendía el trabajo de su especialidad.
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