domingo, 11 de mayo de 2014

La Casa de Maternidad

Pía y caritativa acción, es la de socorrer a toda mujer que va ser madre, brindándole un lugar en que pueda por algunos días, disminuir su miseria, ocultar sus pesares y  enjugar sus lágrimas. Prevenir por medio de la caridad el decaimiento de la moral y las funestas consecuencias de la desesperación, rodear de cuidado la cuna del pobre niño que tal vez no tenga después quien vele por él, tales ideas fueron las que presidieron el establecimiento de los asilos de maternidad, levantados en casi todos los pueblos ocultos. México podía presumir orgulloso, que contaba con una de estas casas a la altura de las de Europa.
En 1861, por acuerdo del Presidente Juárez, nombró el Ministro de Gobernación, Señor Zarco, una comisión que investigará acerca del establecimiento de una casa de maternidad y un hospital de niños, y en noviembre de ese mismo año el Congreso decretó la creación de dichas instituciones, dejando al Ejecutivo dispusiera el reglamento correspondiente y señaló para el plantel él Hospital de Terceros. El de maternidad se inauguró con un pequeño número de camas, pero por desgracia debido a circunstancias políticas lo hicieron desaparecer.
En el año de 1865 el hospital de maternidad fue restablecido, el cual estuvo bajo la protección de la esposa del archiduque Maximiliano; estuvo ubicado en el edificio que antes formaba parte del Hospital de Pobres. Al arquitecto Bustillos le fueron encargados los trabajos de modificar y reconstruir el edificio, quedando establecidas dos alas unidas en ángulo recto, una pieza que servía de comedor y sala de operaciones al mismo tiempo, después estas dos últimas fueron remodeladas. En las salas quedaron distribuidas un total de 24 camas separadas por tabiques de lienzo; en cada alcoba se colocaron y cubrieron con cortinas un lecho y un puro, dejando el paso del frente para el tránsito. Fueron construidas también varias habitaciones para enfermas reservadas, quedando aisladas de las otras salas; 2 cuartos para baños, el jardín, y las habitaciones del director independiente del hospital, estableciendo también lavandería, planchaduría y guardarropa. De Europa fue traída una caja de instrumentos y una colección de piezas anatómicas, para el estudio de la obstetricia. En la planta baja del edificio fue instalado un anfiteatro con una plancha de disección para la autopsia de los cadáveres; ésta se inauguró el 7 junio 1866.
El cuidado de la casa quedó a cargo de un director facultativo, una partera y la administradora encargada del servicio económico; un administrador encargado de los gastos y de la admisión de las enfermas que son recibidas solamente con una boleta queda la administración, que siempre concede abrigo al pobre y necesitado.
En el establecimiento había velos para las que no quisiera ser vistas por el director; los alimentos consistían en desayuno, comida y cena, el clóset estaba abundantemente surtido de ropa de cama, así como la que han de usar los niños, el servicio de comedor era bueno y la comida abundante y sana. Al salir de la Maternidad, la madre lleva siempre consigo al hijo.
Desde la restauración de la República la casa subsistió con fondos municipales; fue entonces cuando comenzaron a hacerse distintas reformas: la distribución de las camas se fue modificada para el desarrollo de la fiebre puerperal, y el local pudo ser ampliado con la donación de la casa llamada de San Carlos, contigua a la de maternidad; con esta mejora se logró casi terminar con aquella enfermedad. Para los alumbramientos se destinó una habitación aislada, lejos de las demás para que los gritos no fueran escuchados por las enfermas.
Un aspecto en el que destacaba esa institución, en el aseo, el orden del establecimiento y el que guardaban las enfermas, que resultaba muy notable y como en ningún otro hospital; las embarazadas que se encontraban en posibilidad, hacían costuras de la casa, sábanas y ropa de niños, todo con espontaneidad. La casa no solamente cobijaba a la clase pobre, todas las que quisieran solicitarlo a él lo encontraban. Contaban con las instalaciones necesarias y los niños que nacían en aquel lugar, eran vestidos con ropa que demostraba cierto lujo. El anfiteatro fue reubicado en el piso superior a partir del año de 1870, era el más elegante y el de mejores condiciones higiénicas que tenía la capital. En la calle de Revillagigedo, se encontraba situado el hospital de maternidad, en donde carecían de una atarjea, por lo que salió en algunos olores bastante desagradables y en consecuencia esto debilitaba a las enfermas y al fruto de sus entrañas. Por fortuna este defecto no duró mucho, ya que al poco tiempo la calle fue arreglada.
Los jóvenes estudiantes tenían allí un sitio donde tomar conocimientos prácticos de la obstetricia; la Escuela de Medicina solicitó y obtuvo del Ayuntamiento la licencia para que los pupilos adquirieran aquella instrucción. El municipio de 1868 tuvo la satisfacción de completar la educación médica de los alumnos, ya tan notable distinguida. A la casa de maternidad acudían los estudiantes del último año y bajo la vigilancia del director aprenden los detalles del embarazo, se ejercitan en atender los casos naturales y accidentales. En la misma casa había un departamento de alumbramiento secretos, fundado por el capitán Zúñiga; allí no podían ingresar los alumnos, ni el profesor, solamente alguna enfermera que lo solicitara.

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