Después de mucho andar y discurrir por kilómetros,
aquellos hombres encontraron un ojo de agua de gran belleza, en donde vieron
cosas fantásticas y de gran admiración, las cuales habían ya pronosticado sus
sacerdotes, diciéndole al pueblo por mandado de su ídolo: lo primero que
encontraron en aquel manantial fue una sabina blanca muy hermosa al pie de la
cual brotaba aquella fuente; después vieron que todos los sauces que rodeaban
aquella fuente, eran todos blancos, sin tener una sola hoja verde, y todas las
cañas y espadañas de aquel sitio eran blancas;
y al mismo tiempo que observaban tantas maravillas, comenzaron a salir
del agua ranas todas blancas y muy vistosas; aquella agua salía de entre dos
peñas, tan clara y tan limpia que asombraba.
Entonces los sacerdotes acordaron de lo que su Dios
les había dicho, y comenzaron a llorar de gozo y alegría, y con gran placer
dijeron: “ya hemos llegado al lugar que nos ha sido prometido; ya hemos visto
el consuelo y descanso de este cansado pueblo mexicano; ya no hay más que
desear; pues lo que nos prometió nuestro Dios ya lo hemos encontrado; pero
callemos, no digamos nada, volvamos al lugar donde ahora estamos; donde
guardaremos lo que nos mande nuestro señor Huitzilopochtli”. Regresaron al
lugar de donde salieron, luego la siguiente noche apareció Huitzilopochtli en
los sueños de uno de los hombres, y le dijo: “ya estaréis satisfechos como yo
no os he dicho cosa que no haya sido verdadera y habéis visto y conocido las
cosas que os prometí en este lugar, donde yo les he traído, pues esperar que
aún les hace falta ver más cosas; ya
recordarán como os mande matar a Copil, hijo del hechicera que se decía mi
hermana, y os mande que le sacaran el corazón y lo arrojasen entre los
carrizales y espadañas de esta laguna, lo cual habéis hecho: saber que este
corazón cayó sobre una piedra, y de él salió un tunal, que está tan grande y
hermoso con águila habita en él, y allí encima se mantiene y come de los
mejores pájaros que hay, y allí extiende sus hermosas y grandes salas, y recibe
el calor del sol y la frescura de la mañana. Ir allá a la mañana, que
encontrarán la hermosa águila sobre el tunal y alrededor de él, verán mucha
cantidad de plumas verdes, azules, coloradas, amarillas y blancas de los
pájaros con los que se alimenta del águila, y a este lugar donde encontrarán el
tunal con el águila encima, le pongo el nombre de Tenuchtitlan”. Este nombre lo
tiene hasta ahora hoy la Ciudad de México, la cual en cuanto fue poblada de los
mexicanos se llama México, que quiere decir lugar de los mexicanos, y en cuanto
a la disposición del lugar se llama Tenuchtitlan, porque tetl es la piedra y
nochtli, que significa el tunal y la piedra en que estaba, y añadiéndole el
tlan, que significa lugar del tunal en la piedra.
Al día siguiente sacerdote mandó juntar a todo el
pueblo, hombres y mujeres, viejos, mozos y niños, sin que nadie faltara, y
puestos de pie comenzó a contarles su revelación encareciendo las grandes
muestras, mercedes que cada día recibían de su dios con una prolija plática,
concluyendo con decir que “en este lugar del tunal está nuestra
bienaventuranza, quietud y descanso, aquí ha de ser engrandecido y ensalzado el
nombre de la nación mexicana, desde este lugar ha de ser conocida la fuerza de
nuestro valeroso brazo y el ánimo de nuestro valeroso corazón con que hemos de
rendir todas las naciones y comarcas, sujetando de mar a mar todas las remotas
provincias y ciudades, haciéndonos señores de oro y plata, de las piedras
preciosas y joyas, plumas y mantas ricas, etcétera. Aquí hemos de ser señores
de todas estas gentes, de sus haciendas, hijos e hijas; aquí nos han de servir
y tributar, en este lugar se ha de edificar la famosa ciudad que ha de ser
reina y señora de todas las demás, donde hemos de recibir todos los reyes y
señores, y donde ellos han de acudir y reconocer como a suprema corte. Por
tanto, hijos míos, vamos por entre estos cañaverales, espadañas y carrizales
donde está la espesura de esta laguna, y busquemos el sitio del tunal, que pues
si nuestro dios lo dice no duden de ello, pues todo cuanto nos ha dicho hemos
hallado verdadero”.
Una vez terminada la plática del sacerdote, todos
le dieron gracias a su dios, y por diversas partes entraron a la espesura de la
laguna, buscando por una y otra parte, tratando de encontrar la fuente que el
día antes habían visto y vieron que el agua que antes salía muy clara y linda,
aquel día manaba una casi como sangre, que se dividía en dos arroyos, y en la
división del segundo arroyo del agua salía tan azul y espesa, que era cosa de
espanto, y aunque ellos pensaron en que aquello no carecía de misterio, no
dejaron de pasar adelante a buscar el pronóstico del tunal y el águila, y
después de andar por un rato, finalmente encontraron el lugar del tunal, encima
del cual estaba el águila con las alas extendidas hacia los rayos del sol,
tomando el calor de él, y en las uñas tenía un pájaro con bellas plumas
resplandecientes.
Apenas vieron los sacerdotes al ave, comenzaron a
hacerle reverencia como si se tratara de cosa divina, y el águila al verlos,
bajó la cabeza a todas partes donde ellos estaban, los cuales al ver el acto
del águila y que ya habían visto lo que deseaban, comenzaron a llorar y a hacer
grandes extremos, ceremonias y visajes con muchos movimientos en señal de
alegría y contento, y en modo de agradecimiento decían: “¿Dónde merecimos tanto
bien?, ¿Quién nos hizo dignos de tanta gracia, excelencia y grandeza? Ya hemos
visto lo que anhelábamos, ya hemos alcanzado lo que buscábamos, ya hemos
encontrado nuestra ciudad y asiento, sean dadas gracias al señor de lo criado,
y a nuestro Dios Huitzilopochtli.

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