domingo, 23 de noviembre de 2014

Picardías y anécdotas Revolucionarias

HUERTA SOMETIDO A INHUMANAS TORTURAS

A veces guarda el destino refinados sarcasmos para los brutales y los soberbios, a los que de pronto exhibe en toda su ridícula debilidad. Buen ejemplo de ello es el caso de Victoriano Huerta que aquí se relata.
Obligado por las circunstancias, el usurpador renunció al poder a mediados de julio de 1914. El mensaje de dimisión que dirigió a los mexicanos -obra maestra de la hipocresía-finalizaba así: “Que Dios los bendiga ustedes y a mí”.
El ex dictador marchó a Europa junto con su familia. Estuvo en Londres y luego en Barcelona, ciudad esta última en la que se hizo asiduo de un restorán en el que el mesero, tan pronto le veía parecer, descorchar una botella de coñac que el dipsómano agotaba sumido en tétrico silencio.
Poco después, Victoriano entró en contacto con agentes del gobierno alemán, que le ofrecieron armas y dinero para retomar la Presidencia de México y declarar la guerra a los Estados Unidos, que en esa forma -pensaban-se abstendrían de intervenir en la conflagración europea a favor de los aliados.
Aceptado el compromiso, el general embarcó hacia Nueva York, a donde arribó a mediados de abril de 1915.
El contraespionaje norteamericano descubrió la conjura. Y Huerta fue aprehendido el 25 de junio de ese año en la estación ferrocarrilera de Newman, Nuevo México, junto con Pascual Orozco, que se le había unido para sacar adelante los planes de reconquista del poder. Conducidos a El Paso, se les dejó libres bajo fianza, a condición de residir en esa ciudad. Mas como a los pocos días huyó Orozco de la urbe, Huerta fue detenido una vez más y encerrado en el presidio militar de Fort Bliss, en el cual permaneció de julio a noviembre.
Y fue en Fort Bliss en donde se produjo el episodio grotesco, divertido y delirante que protagonizó El Chacal.
Algunos periodistas norteamericanos fueron enviados por sus respectivos diarios a entrevistar al militar mexicano prisionero. Y entonces Victoriano -el soldadote brutal que no vaciló en traicionar a Madero y asesinarlo, el hombre despiadado y sin escrúpulos que ensangrentó a su desdichada patria y pudo sustentar su dictadura en el crimen sistemático, la inhumanidad de los horrores-, convertido en un guiñapo desconsuelo, exclamó ante los sorprendidos reporteros:
-¡Señores, es terrible lo que me sucede! ¡Con una falta absoluta de sentido humanitario se me ha negado el coñac! ¡Véanme! ¡Tengo 12 días sin probar una copa y me siento morir! ¡Por caridad, hagan algo, no me dejen sufrir así!
Y la fiera, vencida y acobardada por la forzosa abstinencia, rompió el llanto siniestro.
Al verlo agravarse por la falta de alcohol y la angustia, las autoridades norteamericanas le permitieron salir del presidio y reunirse con su familia, que había llegado de España. Y Huerta pudo al fin escanciar, con temblorosa mano, el coñac profundamente anhelado.
Murió en su cama, de cirrosis hepática, el 14 de enero de 1916.

CARRANCISTAS DESHONESTOS

En agosto de 1918, dos hombres de negocios coahuilenses radicados en la Ciudad de México, y amigos personales de Carranza, fueron a verlo al Palacio Nacional para informarle, indignadísimos, que cuatro de sus generales se estaban enriqueciendo en forma ilícita e inmoderada.
Dijo uno de ellos:
-Le traemos documentos que prueban la rapacidad esos malos elementos de su ejército, así como testimonios de personas honestas a las que han despojado.
Agregó el otro:
-El nombre de nuestra antigua amistad, le pedimos que intervenga para castigar a esos militares indignos que manchan el nombre de usted y el de su régimen.
Carranza les escucho con atención. Después, mesando sus barbas blancas con la estudiada lentitud que le era característica, les dijo:
-Señores, ustedes son mis viejos y muy queridos amigos, y seguramente no desean mi mal. Por eso les ruego que traten de comprenderme. Yo sé, sin necesidad de examinar los papeles que me han traído, que mis generales -los cuatro que mencionan y todos los restantes- son una punta de bandidos. Pero si me pusiera a exigirles responsabilidades se alzarían contra mí, y en menos de una semana me quedaría sin ejército.

UN PERFUME DE GLORIA

El 2 de mayo de 1913 tuvo lugar en la capital del país una manifestación de apoyo a Victoriano Huerta, el asesino de Madero.
Daba principio el gobierno de la usurpación. Y aceptaron colaborar con él diversos intelectuales, entre ellos Carlos Pereyra, Nemesio García Naranjo, Toribio Esquivel Obregón y Federico Gamboa.
Se dio también el caso de que el gran poeta Salvador Díaz Mirón aceptara ser diputado huertista y director de El Imparcial, periódico subvencionado por la dictadura.
Alguna vez, durante aquella temporada de oprobio, el general Huerta hizo una visita al local del diario mencionado. Y al siguiente día, el poeta publicó un artículo ditirámbico en el que aseguraba que Huerta se había retirado “dejando a su paso un perfume de gloria”.
El chiste que entonces se hizo fue este:
- De creerlo a Díaz Mirón, la gloria tiene un olor del carajo, porque a lo que apesta Huerta es a coñac trasudado.

ADOLFO EL PURITANO

Considerándolo un elemento de lealtad comprobada, Obregón, al asumir la presidencia de la República, llamó a Adolfo de la Huerta a colaborar en su gabinete, nombrándole secretario de Hacienda.
Por cierto que De la Huerta se hacía insoportable como persona, pues siendo abstemio puritano (purito ano, decían sus malquerientes) acostumbraba soltar prédicas moralizantes a todo mundo. Y tenía fastidiados a los demás colaboradores presidenciales, que echaban pestes del sermoneador ministro.
Pero Obregón y Calles lo defendían. “Fito es un hombre bien intencionado, y sólo quiere hacerlos a ustedes menos parranderos y borrachotes”.
El 25 de septiembre de 1923, De la Huerta renunció al ministerio de Hacienda para aceptar su postulación como candidato presidencial. Y en vista de que Obregón lo menospreció, dando todo su apoyo a Plutarco Elías Calles, partió hacia el puerto de Veracruz y allí se levantó en armas, desconociendo al régimen del 7 de diciembre de ese año.
Furioso, Calles comentó Obregón:
- ¡Qué te parece! Fito, a quien suponíamos un alma de Dios, se rebela contra tu gobierno.
Obregón estalló:
- ¡Hijo de su putísima madre! A su virtud pendejada de no tragar alcohol agrega ahora la infamia de traicionar a sus amigos.

HERMANOS IDÉNTICOS

En 1915, Venustiano Carranza creó la Fuerza Aérea Mexicana. Dos años más tarde, se estableció en nuestro país la primera escuela militar de aviación, cuyo director fue Alberto Salinas. De esa escuela surgieron dos magníficos pilotos: los hermanos jaliscienses Guillermo y Rafael Ponce de León, quienes después de alcanzar varios ascensos en su carrera de aviadores militares, participaron en la política como diputados por su entidad, en el año de 1925.
Cierto día, un general que necesitaba hablar con uno de los referidos hermanos, llamó por teléfono a la casa donde ambos vivían. La llamada fue recibida por un asistente, con el que el general sostuvo este diálogo:
- Bueno, ¿a dónde hablo?
- A la casa de los hermanos Ponce de León.
- Deseo hablar con uno de ellos, pero no recuerdo cómo se llama. Es un gordito él.
- Los dos son gorditos, señor.
- No la joda. Ya sé, con el que se aviador militar.
- Lo siento, señor, pero los dos son aviadores militares.
Ya alterado, el general dijo entonces:
- ¡Me lleva el carajo! Comuníqueme entonces con el que sea más hijo de la chingada de los dos.
- Lamento no poder servirle, pues los dos son igual de hijos de la chingada -dijo el asistente y  colgó la bocina.

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