domingo, 30 de noviembre de 2014

La leyenda del maldito

Una de las más extrañas y desconocidas leyendas del México Colonial, habla de un fantasma al individuo que siempre se apareció en las grandes catástrofes que asolaron a la Nueva España en el siglo XVII; principalmente se le vio antes y durante la inundación de 1629, y la peste que sembró la muerte y la desolación años más tarde. Pero entre los hechos que fueron reales y fantasías pasmosas, se encuentra esta leyenda arcaica, y es un tesoro literario, como todas las leyendas y tradiciones de la Colonia. Esta sombría y natural leyenda colonial se le conoce como “La leyenda del maldito”. ¿Quién era? ¿De dónde llegó? ¿Cuál era su edad? ¡Nadie lo supo! Apareció por vez primera en el primer tercio del siglo XVII.
Corría el año de 1629 cuando un mediodía de agosto el herrero Juan Cedeño y su ayudante trabajaban en su herrería de la antigua calle de la Canoa, hoy segunda de Donceles; cuando don Juan que se encontraba trabajando, percibió una sombra junto al yunque, y a la vez su ayudante tuvo un mal presentimiento de que algo malo iba a suceder en la herrería. Quisieron olvidar lo sucedido y continuaron trabajando; y entonces al descargar el golpe, este es amortiguado por algo, algo blando que no lo deja golpear el hierro, y ante los ojos de los herreros un extraño ser se hace visible en el momento. Caen hierro y marro de las manos de los dos hombres, y con los ojos desorbitados miran la sangre sobre el yunque; de pronto aquella visión que estaba ahí, apenas unos segundos antes, se desvanece para volver a parecer en la puerta, y se escucha otro grito espantoso, escalofriante, que retumba en todos los ámbitos de la herrería. El siniestro y fantasmal sujeto llega a la calle pero allí mismo se vuelven nada, sólo su grito crispante resuena en la calleja.
Entonces el herrero manda en el acto a su ayudante a buscar al cura. Acude con presteza el religioso de Santo Domingo, a quien le relatan lo ocurrido; este llegó a la conclusión de que se trataba de un alma en pena que había salido del purgatorio, y para prevenir cualquier altercado futuro, echó agua bendita por todos los rincones, en la fragua y en el yunque (en el cual la sangre se desapareció). Momentos después, no muy seguros de que aquella aparición no volviera, despiden al cura de Santo Domingo; este llegó presuroso al convento de su orden, en donde se puso examinar viejos infolios, buscando explicación a la aparición aquella. Al no encontrar nada, se fue a postrar ante Jesucristo, pidiéndole lo minada su cerebro.
Esa misma tarde, el virrey es despertado por los gritos de una de sus sirvientas, quien le avisa de un caballero enviado por el rey, quién deseaba verlo con urgencia. La sirvienta invita a pasar al personaje aquel, cuya estampa lujosa hacía pensar en un caballero de importancia, pero no bien ha atravesado la puerta, se transforma en un grotesco personaje que hace lanzar una exclamación de horror al virrey. Por toda pregunta que si el virrey, sólo obtenía un impresionante mirada fija y silencio; después se dibujó en los labios tumefactos del espectro una sonrisa satánica, mientras decía, que sólo venía a prevenirlo, pues dentro de veinticuatro horas estaría sumergido en la desesperación, su llanto sería tan copioso como el agua que cubriría a esta capital de la Nueva España, el junto con sus súbditos se volverían locos. El virrey salió de su alcoba y mandó llamar a los guardias, para que sacaran al ente endemoniado, pero los soldados y el sirviente buscan por todos los rincones de sin encontrar a nadie. En esos mismos momentos, la sirvienta daba salida al elegante personaje de negro, quien le dio una propina, pero al caer en la palma de la mano de la mujer, la moneda se hace lumbre y humo; en el ambiente queda flotando un olor pestífero, olor de infierno. En esos momentos, los dos soldados y el sirviente palaciego, llegan ante la azafata para que describiera al caballero que había entrado con el virrey, y ella con el rostro desencajado repuso convencida, que todos le conocían y sabían quién era: ¡el Demonio!
Al día siguiente por la tarde, cuando el virrey se dispone a dormir su siesta, se veía por las ventanas que una tormenta estaba por avecinarse. Entonces cruzan los cielos rayos espantosos y se desata la tormenta y pronto se llenan las acequias, el agua escurre por los empedrados y azoteas en verdaderos torrentes; para las cinco de la tarde, las calles eran ríos que arrastraban muebles, utensilios y cuanto podía flotar en el agua, pronto comenzaron las escenas trágicas: las gentes comenzaron a ser arrastradas por las aguas, en vano trataron de sobrevivir. La corriente más poderosa y funesta fue la de la Villa, que arrastró hasta la capital con toda clase de animales ahogados; muchos rayos cayeron desgajando árboles en el centro de la ciudad aumentando el pánico entre los habitantes; y con el fin de pedir a Dios que calmase su ira, varias congregaciones religiosas sacaron al santo patrono de su orden en reverente procesión. Del convento de las monjas Carmelitas salió también una implorante procesión, más cuando transitaban por el callejón de Corpus Christi, recibieron el impacto de las aguas que habían aumentado en ese sector; las monjas, no por religiosas, se salvaron de ser arrastradas por las aguas y sus cuerpos, visibles por el hábito blanco, quedaron atorados en atarjeas y en sitios arbolados. Los muertos dentro de sus ataúdes fueron sacados del cementerio por las aguas.
Y sobre todo ese horror, sobre toda esa tragedia, se levantó la siniestra figura horrible, la figura espectral que vieran antes los artesanos y el virrey; algunos hombres que estaban trepados en un árbol tuvieron el infortunio de ver al ente, y llenos de miedo se alejaron del lugar, luchando además con la fuerte corriente del agua que todo lo cubría. La visión del tétrico personaje, en muchos lugares de la capital de la Nueva España, y la versión que criados del virrey dieron, dio motivo a que el vulgo lo designara desde entonces, con el nombre de “El Maldito”.
Muchos creían que este ser, había traído la desgracia por un desaire que le hizo el virrey; ni había habido tal desaire, ni mucho menos, pero lo cierto es que llovió torrencialmente durante tres días sus noches. Y tal y como se lo dijera aquel personaje, su llanto fue como la lluvia, inacabable.
Días más tarde, el virrey hacía un recorrido triste por la ciudad que era un cementerio. El Maldito no volvió aparecerse por mucho tiempo; pero se le vuelve a mencionar, en los días primeros de la tremenda sequía que azotó a la Nueva España.
Al calor se sumó la falta de agua, y comenzaron aparecer brotes de viruela negra, la peste hizo víctimas lo mismo entre los humildes que entre la gente acomodada, por el rumbo del puente de  la Tlaxpana había un manantial que fue necesario vigilar para evitar abusos y disturbios, y fue por ese tiempo cuando vuelve a hacer su aparición en esta capital de la Nueva España aquel espectro, el cual pedía agua a las personas que acudían a llenar su cántaro. Todos se alejaban espantados ante la presencia de aquel ser horripilante, sólo una mujer pareció compadecerse de él, entonces llevó el cantará sus labios pero ocurrió algo extraño, el líquido no llegó a su boca y al mismo tiempo ocurrió otra cosa increíble: ¡el manantial se había secado!
Efectivamente, el manantial que surtía de agua a la que fuera famosa fuente de la Tlaxpana, no manó ya nunca agua. Momentos después en otra herrería, la de don Félix Orvieto, ubicada en la calle del Portillo, el espectro volvió a hacer su aparición, y cuando el herrero menos se dio cuenta, el Maldito estaba cerca de la puerta y lanzaba su escalofriante grito de dolor. Su eco resonaba en todos los ámbitos de la calle; luego su figura se esfumaba, igual que en su primera aparición.
Poco a poco se extendía la peste en toda la ciudad, las gentes se retorcían por las calles y después morían. ¡Era el terrible Matlazahuatl! (viruela negra). Al tercer día de estallada la viruela, había muerto una tercera parte de la población. Se sacaba en carretas a todos los apestados, para sepultarlos en grandes zanjas al noroeste de la ciudad, y allí, sobre la carreta de apestados, apareció la figura horrible de el Maldito; tal parecía que gozaba con aquello, porque invariablemente lanzaba al aire enrarecido su hiriente carcajada.
Muchas fueron las veces en que el siniestro personaje que nos ocupa, apareció entonces, y los que no morían de la peste, morían del terror al verlo. Y las pocas gentes que no habían caído víctimas de la peste trataban de huir, aunque tuvieran que abandonar a los suyos que ya estaban enfermos. La noticia del ser maldito que presagiaba desastres, pestes, muertes y sequía, corrió por toda la ciudad; y esto dio margen a muchos actos de crueldad, ya que jorobados, deformes, cojos y feos, fueron muertos creyéndoles malditos. Esta conseja del Maldito yo también lugar a otros actos injustos,  pues se sabe que fueron varios los hombres pordioseros, con defectos físicos, condenados a la hoguera.
Lo cierto es que las versiones orales dicen que el Maldito volvió aparecerse muchas veces. Los hombres se hallaban cobardes y temerosos, a las mujeres les temblaban las carnes, no podían dar un solo paso, o se desmayaban. México vivió aterrorizado por largos años con la aparición del Maldito, al que se le conectó con epidemias, catástrofes, crímenes pasionales, venganzas, etcétera.
Esta leyenda tiene orígenes antiquísimos. Existía ya cuando los conquistadores entraron a la gran Tenochtitlán de Moctezuma, pues fray Bernardino de Sahagún la cita en su libro Historia General de las cosas de Nueva España. Escribía que los aztecas lo relacionaban con actos de mala suerte, destrucción y muerte; y que anunció la llegada de los españoles y la destrucción del reino indígena. Hasta los últimos años del siglo XVII, anduvo el Maldito por calles y campos de México, después desapareció para siempre.
Algunos dicen que el siniestro espectro se apareció el día del temblor de 1957, que tanto daño hizo la Ciudad de México. ¿Volverá a aparecer uno de estos días de catástrofes y maldad? ¡Quién lo sabe!

1 comentario:

danielbluesproyect dijo...

Excelente leyenda , existen varias creencias sobre los fantasmas que abundan a través de los rincones no solo de la ciudad si no de todo el país, las llamadas almas en pena, gente que no esta consciente Dr que murió y quedo atrapada entre lo material y espiritual, sin embargo.lo rico de todo esto es precisamente los detalles y las historias a través de estos personajes tan singulares, felicito a alejandra por compartirnos estas increíbles leyendas llenas de tantas emociones