La religión en las fiestas populares
La fiesta del
2 de febrero en México, se encuentra vinculada con la tradicional Rosca de
Reyes. A todos aquellos que les haya tocado el niño, deberán presentarlo en el
templo el Día de las Candelas; para tal evento deberán ataviarlo con los
ropones correspondientes, así como sus tronos para aposentarlos.
Después del
festejo del nacimiento de Jesús y la Adoración de los Reyes Magos, una de las
fiestas más arraigadas a nuestra cultura es la llamada “de la Candelaria” o de
las Candelas, ya que en dicha celebración, son bendecidas la imagen del Niño
Dios y las velas que llevan con el niño. Esta costumbre tiene sus orígenes en
la celebración litúrgica de la fiesta de la purificación en la presentación del
Niño Dios.
La imagen de
la presentación del Niño en la Parroquia de Coyoacán, antecede la Bendición de
los Niños Dios vestidos de púrpuras y sedas; los podemos encontrar negros,
blancos, cobrizos y bronceados; así como también sentados en sus tronos o
recostados en cestos de flores. Las Candelas son bendecidas, para ser
encendidas cuando surjan tribulaciones durante el año; al igual que las
semillas de chía que una vez germinadas, se colocarán en el Altar de Dolores.
La fiesta
concluye con la merienda de los compadres en la cual se sirven los deliciosos y
tradicionales tamales; los cuales pueden rellenarse con pollo, puerco,
frijoles, mole, rajas, elotes, queso y hasta fresas con pasas, acompañados de
salsas, atoles de sabores y chocolate.
En los tiempos de Jesús
La ley
mosaica establecía en el Levítico, que toda mujer que hubiese dado a luz se
debía de purificar. Si el recién nacido era varón, debía ser sometida
circuncisión a los ocho días y la madre debería permanecer en su casa durante
33 días más, purificándose a través del recogimiento y la oración.
Una vez
concluido el plazo, la mujer acudía en compañía del esposo a las puertas del
santuario para llevar la ofrenda consistente en un cordero primal y una paloma
o tórtola, ofrenda que los pobres podían satisfacer con el ofrecimiento de dos
palomas o tórtolas. Sin embargo, la gente piadosa tenía por costumbre llevar al
pequeño consigo, especialmente cuando se trataba de varón primogénito, para
consagrarlo a Yahvé.
San Lucas nos
narra, que María y José quisieron cumplir con este precepto llevando al Niño, y
su deseo era hacerlo en Jerusalén. Como eran pobres, llevaron por ofrenda dos
palomas blancas; y fue ahí donde el justo y piadoso Simeón, movido por el
Espíritu Santo, al entrar María y José con el recién nacido, tomó en brazos a
Jesús y lo bendijo con la oración: Et nunc servum tuum (Ahora te puedes llevar a
tu siervo de la tierra).
Entre sus
alabanzas, profetizó que el Niño sería la luz que iluminaría a los gentiles y
la gloria de Israel. De ahí surge el simbolismo de las Candelas que representan
la luz de Cristo en los hogares.
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