domingo, 8 de febrero de 2015

Día de la Candelaria

La religión en las fiestas populares

La fiesta del 2 de febrero en México, se encuentra vinculada con la tradicional Rosca de Reyes. A todos aquellos que les haya tocado el niño, deberán presentarlo en el templo el Día de las Candelas; para tal evento deberán ataviarlo con los ropones correspondientes, así como sus tronos para aposentarlos.
Después del festejo del nacimiento de Jesús y la Adoración de los Reyes Magos, una de las fiestas más arraigadas a nuestra cultura es la llamada “de la Candelaria” o de las Candelas, ya que en dicha celebración, son bendecidas la imagen del Niño Dios y las velas que llevan con el niño. Esta costumbre tiene sus orígenes en la celebración litúrgica de la fiesta de la purificación en la presentación del Niño Dios.
La imagen de la presentación del Niño en la Parroquia de Coyoacán, antecede la Bendición de los Niños Dios vestidos de púrpuras y sedas; los podemos encontrar negros, blancos, cobrizos y bronceados; así como también sentados en sus tronos o recostados en cestos de flores. Las Candelas son bendecidas, para ser encendidas cuando surjan tribulaciones durante el año; al igual que las semillas de chía que una vez germinadas, se colocarán en el Altar de Dolores.
La fiesta concluye con la merienda de los compadres en la cual se sirven los deliciosos y tradicionales tamales; los cuales pueden rellenarse con pollo, puerco, frijoles, mole, rajas, elotes, queso y hasta fresas con pasas, acompañados de salsas, atoles de sabores y chocolate.


En los tiempos de Jesús

La ley mosaica establecía en el Levítico, que toda mujer que hubiese dado a luz se debía de purificar. Si el recién nacido era varón, debía ser sometida circuncisión a los ocho días y la madre debería permanecer en su casa durante 33 días más, purificándose a través del recogimiento y la oración.
Una vez concluido el plazo, la mujer acudía en compañía del esposo a las puertas del santuario para llevar la ofrenda consistente en un cordero primal y una paloma o tórtola, ofrenda que los pobres podían satisfacer con el ofrecimiento de dos palomas o tórtolas. Sin embargo, la gente piadosa tenía por costumbre llevar al pequeño consigo, especialmente cuando se trataba de varón primogénito, para consagrarlo a Yahvé.
San Lucas nos narra, que María y José quisieron cumplir con este precepto llevando al Niño, y su deseo era hacerlo en Jerusalén. Como eran pobres, llevaron por ofrenda dos palomas blancas; y fue ahí donde el justo y piadoso Simeón, movido por el Espíritu Santo, al entrar María y José con el recién nacido, tomó en brazos a Jesús y lo bendijo con la oración: Et nunc servum tuum (Ahora te puedes llevar a tu siervo de la tierra).
Entre sus alabanzas, profetizó que el Niño sería la luz que iluminaría a los gentiles y la gloria de Israel. De ahí surge el simbolismo de las Candelas que representan la luz de Cristo en los hogares.

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