domingo, 22 de febrero de 2015

Fuente de Salto del Agua

Uno de los barrios que tiene la fortuna de contar con agua en abundancia, era el del Niño Perdido (Eje Central). Por el acueducto de Belém llegaba la capital el agua que se le conocía como “gorda”, ya que ésta era más pesada que la delgada, superándola en que no se enturbiaba en tiempo de lluvias, pero es de más baja calidad para saciar la sed. Terminando la arquería, descansaba una fuente de tosca construcción toda de cantería y del estilo original llamado churrigueresco; el tiempo y el uso fueron destruyendo parte de aquella fuente, reflejo del romanticismo en la arquitectura. Estaba situada en un arrabal y en una plazuela, que diariamente era un punto de reunión, en donde se podían conocer muchas anécdotas del barrio y las historias populares; en aquella fuente a ciertas horas, se formaba una auténtica tertulia, en que además de los asuntos de cocineras recamareras, se hablaban de los efectos de primera necesidad, de la despedida del ahorcado, de celos y pleitos.
La fuente fue construida en el reinado de Carlos III, siendo virrey de la Orden de San Juan Frey don Antonio María de Bucareli y Urzúa, cuadragésimo virrey de Nueva España, el cual dio su nombre al Paseo que se tituló Nuevo. La obra fue terminada el 20 de marzo de 1779, siendo juez conservador de propios y rentas don Miguel Acevedo y regidor comisionado don Antonio de Mier y Terán.
El nombre que adquirió después esta fuente se debe a la hermosa cascada en miniatura que forma el agua, cayendo del tazón de piedra sostenido por un grupo de tres niños sobre delfines, hacia el receptáculo en que la recogía el público. El trabajo de la obra es bastante curioso, destacando el gran relieve que se halla en la parte frontal de la fuente, representando las armas de la Ciudad de México, tales como se usaban en la época en que fue construido aquel monumento: se ve un águila con las alas abiertas y una cruz en el pecho; entre las salas están los estandartes españoles y en las garras las macanas indígenas; pendiente del pecho de la misma águila está un  medallón  que representa las armas de la ciudad, esto es, sobre el fondo hay un castillo en medio de tres puentes que parte de y sirven de base a dos leones que apoya sus garras en el castillo; aparecen allí las características hojas de nopal y en el remate tuvo la corona imperial; el escudo fue borrado después de la independencia y ha quedado modificado el conjunto.

Acueducto de Belém.
Este acueducto daba paso al agua denominada gorda, el cual comenzaba junto a  Chapultepec, recorriendo la calzada de Belém y terminaba en la fuente del Salto del Agua. Desde donde brotaban las aguas en la alberca, hasta la fuente, hay una distancia de 4673 varas (3915.974 metros), contándose 904 arcos desde el puente de Chapultepec. Para dar la mayor elevación posible al agua, y por consiguiente mayor impulso, se logró aumentar en vara y tres cuartas (1.4665 metros)  la altura que antiguamente tuvo al levantarse la arquería, habiéndose ya elevado una vara sobre el nivel anterior. El agua gorda era utilizada por los que habitaban la parte Sur de la ciudad, comprendiendo las zonas de Belém, La Piedad, San Antonio Abad y la Viga.
Esta agua que nació el Chapultepec, antiguamente sirvió para abastecer la ciudad azteca, y uno de los trabajos de los primeros conquistadores fue arreglar los caños y ponerlos en corriente. Se pueden encontrar muchas disposiciones en el primer libro de cabildos para formar la zanja, repararla y componerla, nombrando guarda que la cuidara; los manantiales del bosque también sirvieron para abastecer del vital líquido. El primer registro que se tiene de esta agua, fue la que se le concedió al convento de San Francisco en el cabildo del 23 de enero de 1526.
Antes de la conquista venía para la capital de la ciudad el agua potable nacido Chapultepec por dos acueductos. Llegando a épocas más recientes, fueron utilizadas bombas movidas por máquinas de vapor para elevar el agua.

Parroquia del Salto del Agua.
Fue mandada erigir por el rey Carlos III a solicitud del Arzobispo don Francisco Antonio Lorenzana. La actual parroquia es una iglesia nueva, cuya primera piedra fue colocada el 19 de marzo de 1750 por don Francisco Navarro Navarijo, asistiendo un crecido número de clérigos y distinguidas personas seculares. El padrino de la ceremonia fue don José Gorraez, primogénito del mariscal de Castilla, quien en agradecimiento porque su hijo había sido invitado para semejante acto, prometió dar para la obra de la Iglesia seis de esos semanales, lo que cumple por espacio de 10 años sin haber faltado una sola vez, dando un total de más de $3000. La licencia para colectar limosnas destinadas a la fábrica de la iglesia, fue concedida en enero de 1729.
Treinta y dos años después, fue erigida la iglesia del Salto de Agua en ayuda de la parroquia de la Santa Veracruz, atendiendo a que se hallaba comprendida en el territorio de la jurisdicción de esta feligresía; pero cuando se hizo la división de la capital en 14 parroquias, por el Señor Arzobispo Lorenzana, quedó independiente la del Salto en el año de 1772. 

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