Cuando los conquistadores vinieron a la Nueva
España, algunos nobles jóvenes que fundaron mayorazgos y títulos en México
escogieron para vivir, las calles que en la actualidad conocemos con el nombre
de Justo Sierra y Donceles. Como mucho se podrán imaginar, el nombre de
Donceles, que se le dio a la calle, se deriva de la juventud y alcurnia de sus
habitantes. Aún después de la primera época de la colonia, esta calle fue la
preferida por los principales vecinos de la ciudad, de manera que allí se
aposentaban los Záldívar, los Medrano, los Villegas y otros no menos ilustres
varones.
Después de consumada la conquista y resuelta la
reedificación de la ciudad, se repartieron los solares para que edificarán en ellos
los conquistadores sus residencias. Sin embargo, se desconoce cómo fue la
designación de estos pedazos de terreno, lo que nos deja en penumbra para poder
identificar los predios, además de que en aquella época no se acostumbraba
poner el nombre de la calle, si es que lo tenía, sino solamente el de los
colindantes del solar. Más hay una prueba para demostrar que el nombre de los
Donceles vino de la repartición de los solares, y es el acta del primer Cabildo
celebrado en esta ciudad después de haberse instalado su Ayuntamiento.
En dicha acta se lee que Antonio Marmolejo hizo una
petición al Cabildo exponiendo que: se le había dado un solar en la calle de
los Donceles, a espalda de la casa de Gregorio Ávila, pero que como aquel
escribano no lo había asentado, demandaba que se le informase la donación y se
hiciera constar, escribiéndolo como era debido. El Capitán don Sebastián de
Barreda, en 1634 como albacea de su esposa doña Mariana Castillo y Lazcano,
procedió a fundar un vínculo o mayorazgo a favor de su hijo don Nicolás
Antonio, en tres casas: una en la Plazuela del Rastro y la calle de Donceles, y
la otra en la de San Juan.
Con el paso del tiempo, las diversas fracciones de
la calle de los Donceles fueron tomando diferentes nombres, quedando el de los
Donceles reducido a la porción comprendida entre la calle de Cordobanes y la de
la Canoa, en tanto que en la antigüedad se llamaba de ese modo todas las calles
que corrían en línea recta, desde la Espalda de San Andrés hasta la de
Chavarría.
En la casa que forma esquina con la primera calle
de Santo Domingo, marcada ahora con el número 80, nació el bienaventurado fray
Bartolomé Gutiérrez, según consta en la causa de su beatificación, y por ella
se sabe también que fue el 4 de septiembre de 1580, siendo hijo de Alonso
Gutiérrez y de su mujer Ana Rodríguez. Sus padrinos lo fueron Juan Fernández y
Catalina Rodríguez. Fray Bartolomé Gutiérrez perteneció a la orden de los
Agustinos habiendo tomado el hábito en el convento grande de la ciudad de
México y procesado el 1 de junio de 1597.
Al decir de los cronistas, la carrera apostólica
del padre Gutiérrez fue más gloriosa que la de San Felipe de Jesús, pues
habiéndose dedicado a la conversión de los infieles en el Japón, fue quemado
vivo a fuego lento en Nagasaki, el 3 de diciembre de 1632, a los 52 años de
edad. A pesar de su glorioso martirio, su beatificación se tardó bastante,
siendo hasta el 7 de mayo de 1867, cuando el Papa Pío IX dio la Bula
correspondiente. Desde entonces se hicieron en la catedral de México, el día 2
de marzo, funciones muy solemnes con procesión y sermón, en honor a fray
Bartolomé, estando los oficios a cargo siempre de algún religioso agustino.
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