Una de las figuras mexicanas más simpática, arraiga
de popular es la del Negrito Poeta, el ingenioso improvisador de tantos versos
célebres, que la gente no olvida a pesar de los siglos, por la agudeza de su
creatividad y la amada figura del juglar de los tiempos virreinales.
Todo investigador, bibliógrafo, cada cronista que
se precie, ha dedicado un estudio, un saludo, un recuerdo a aquel humilde
Vasconcelos desconcertante que no usaba papel y pluma para rimar, sino que en
cualquier lugar, a cualquier hora, estaba listo para recitar sobre un asunto
forzado o de cualquier índole. Es así que, el asunto presenta dos aspectos interesantes;
el Negrito Poeta llevaba en sí una dualidad personal: la populachera, que todos
conocen, y la de expresión profunda que fue admirada por los mismos maestros de
retórica y de literatura del Colegio de San Ildefonso, en cuya puerta improvisó
ante los doctos, sin haber estudiado nunca.
Claro que, la obra que más perdura y que es más
conocida del peregrino rimador callejero, es aquella que por su sencillez y
tino está al alcance de la comprensión del vulgo y que, pertenece al folclor
nacional, habiendo hecho su propaganda la propia facilidad de los versos que
están clavados en el corazón del pueblo. A continuación reproduciremos algunas
de las improvisaciones que más fama le dieron; pero antes cabe destacar que la
vida del negrito José Vasconcelos discurrió entre los años de 1734 a 1789,
abarcando el periodo gubernamental de varios virreyes, con todos los cuales se
metió en sus gracejos, aplicándoles sentenciosos versos o sátiras llenas de
sal, lo que divertía a Sus Altezas y levantaba comentarios de admiración entre
el público amante de su ingenio.
En todos los ámbitos del país son conocidas estas
producciones tradicionales del Negrito Poeta: aludiendo a que él era tuerto y
el virrey también padecía un defecto ocular, exclamó entre la imagen de Santa
Lucía:
Señora
Santa Lucía,
por
tu singular clemencia,
dame
un ojo, Santa mía,
y
otro para Su Excelencia.
En relación con los ojos, tuvo esta otra ocurrencia
contestando un amigo que le preguntó:
-¿Qué
haces aquí, negro tuerto?
-Lo
que tú no habrás pensado:
en
este mar agitado
navegando
para el puerto…
Agradeciendo un peso que le dieron por un acertijo,
improvisó:
-El
que no llora no mama,
y
no me vale ni aún eso.
Sin
embargo, cayó un peso;
quien
da fruta es buena rama.
Tiene mucha gracia lo que en le contestó a un
indigente que le pidió un par de medias viejas, haciendo vieja ella:
¡Pobre
de ti, que te quejas
a
mí para tu remedio!
¡Qué
te partan por en medio
y
tendrás dos medias-viejas!
También es muy conocida aquella respuesta que dio
la vez que le pidieron que sin ofender al Santo, versificara sobre la siguiente
frase: “Santo Domingo es un perro”. En el acto contestó:
En
esa opinión no hay yerro;
vive
usted desengañado,
pues
lo que tiene a su lado
Santo
Domingo, es un perro.
Terrible bofetón que asestó a quien le sometió el
pie de “El que nació para burro”:
El
que nació para burro,
no
es otra cosa, por cierto;
yo,
dormido, más discurro
que
vos estando despierto.
Sobre la impertinencia criolla de “El que nació
para guaje”:
El
que nació para guaje,
hasta
acocote no para;
te
ha costado, amigo, cara
la
sandez de tu lenguaje.
A una coqueta la puso como no digan dueñas porque
los ridiculizó al pasar. La cosa pasó así:
Coqueta:
-Adiós,
Negrito Poeta
vestido
de tafetán,
taralán,
tan, tan.
Negrito:
Cuando
nuestro padre Adán
comió
la primera fruta,
ya
te tenía por… astuta
y
moza de un capitán,
taralán,
tan, tan.
También se le atribuye, en este género, esta obra
respuesta satírica a dos mujeres ligeras que le hicieron burla desde un balcón,
tirándole una flor:
Dos
flores habéis perdido,
ambas
en edades tiernas:
una
por abrir las manos
y
otra por abrir…
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