domingo, 6 de septiembre de 2015

El Charro Mexicano




Orígenes del charro.
Pasado el asombro que los primeros caballos les causaran, los indígenas aprendieron rápidamente a montarlos, y con tanta destreza que, temiendo el conquistador Hernán Cortés que menoscabar a su poder y prestigio, les prohibió cabalgar bajo pena de muerte, lo que no fue obstáculo para que continuaran haciéndolo, ya que ni se podía prescindir de sus servicios ni tampoco evitar que, al prestarlos, utilizaron las cabalgaduras en las labores agrícolas y ganaderas que requerían las grandes extensiones que se iban colonizando. Dicha prohibición hizo aún más atractiva la equitación, por lo que el conquistador la puso como señuelo para atraer aliados entre los indígenas, a los que recompensaba autorizándolos a montar, siempre que lo hicieran, según el ordenamiento relativo, al estilo de la tierra; condición está que demuestra que ya desde entonces los arreos de montarse iban adaptando a nuestro medio y necesidades, iniciándose así una transformación que acabaría por diferenciar inconfundiblemente al jinete mexicano de cualquier otro.

El charro insurgente.
Al estallar la Guerra de Independencia en el campo predominaban los mestizos, discriminados descendientes de españoles e indígenas que se incorporaron a las filas insurrectas bien montados y luciendo su peculiar, pintoresco atuendo ranchero, pero exagerando su lujo en la forma más ostentosa en afirmación de independencia frente a los realistas. Y así, a falta de uniforme castrense, acabó por considerarse como propio de los insurgentes el de esos rancheros. De ahí que, como estos se les denominaban charros, a partir de entonces tal palabra empezó a convertirse en sinónimo de patriota y a la figura del charro en representativa del mexicano, en símbolo del México independiente.

El valiente chinaco.
Durante la intervención francesa los charros acrecentaron su fama de patriotas. Se dice que los imperialistas fueron los primeros en llamar chinacos a los que militaban con los liberales. La palabra es de origen nahoa y significaba algo así como desarrapado; pero, aunque en un principio les era aplicada como mote despectivo, los charros anti franceses gustosamente la adoptaron y dignificaron, ya que para ellos denotaba su calidad de defensores de la Independencia.

El charro contemporáneo.
En el transcurso de su ya larga historia, tanto el charro como sus arreos han sufrido la influencia de múltiples factores, sin que el paso del tiempo haya alterado el sello que los caracteriza, que los diferencia de los demás.
El atavío del charro contemporáneo consiste en chaquetilla corta y pantalón ajustado, que suele hacerse de gamuza y adornarse con botonadura de plata; el calzado es del que se llama de una pieza; y completa el atuendo un sombrero de ala ancha, corbata de moño y la pistola, símbolo tradicional, que lo acredita como soldado de la Patria. Las espuelas típicas son de hierro incrustado de plata: verdaderas obras de arte por la belleza y finura de la labor en ellas ejecutada.

La silla.
Dos son los tipos de silla de montar más usuales. Una es la llamada de esqueleto, en las que las piezas, de cuero, están reducidas a lo más esencial y necesario. La otra se llama de cantinas y es de mayores dimensiones; lleva a los lados en la parte posterior, bolsas de cuero muy peculiares. Las usa el charro para aportar utensilios indispensables en el trabajo del campo. Además, ningún charro bien puesto carece de reata y sarape, que debe llevar atados a la silla con correas llamadas tientos.

Trajes de faena, de lujo, de gala y de etiqueta.
Cuando el caballero se dedicaba a labores agrícolas o ganaderas, o se adiestra en los ejercicios propios de la charrería, lleva indumentaria de elegancia sobria, sin adornos vistosos: es el traje de faena.
Al tomar parte en una charreada ante el público, o concurrir una fiesta campera, debe lucir silla de cantinas, bordada de pita, cuanto más fina mejor. Lleva chaparra eras adornadas exactamente igual que la silla y de la misma manera pan engalanadas la funda de la pistola y todo aquello que complete el arnés de la cabalgadura. El sombrero a de concordar en color y riqueza con este traje de lujo.
Cuando la fiesta es grande y muy especial la ocasión, se planta el charro los arreos de gala: silla, sombrero y traje, bordados de plata y hasta de oro; botonadura de iguales metales; sarapes y espuelas de lujo; y en todo, derroche de riqueza, cuya propiedad imprime elegancia el conjunto.
En todos los casos, el jinete típico mexicano tiene especial cuidado en que la mantilla que va debajo de la silla, el sarape, las riendas del freno, y hasta la corbata, hagan juego, es decir, que sean de iguales colores.
Actualmente el charro tiene también indumentaria para las reuniones sociales, cuando se presenta a pie, especialmente de noche. Es negro, sin más adornos que una discreta botonadura de plata. El broche de la chaqueta y los botones de las mangas deben ser igual diseño que la botonadura. El sombrero más apropiado para estos casos recuerda al de los chinacos, por la copa baja y el ala extendida, con galón y toquilla gruesa de plata. Con este traje, de etiqueta charra, se lleva una especie de capa, llamada ruano, del mismo tejido y colores que los sarapes y que suele ser admirable obra de artesanía.

FUENTE: Enciclopedia Estudiantil 

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