Orígenes del charro.
Pasado el asombro que los primeros caballos les causaran, los
indígenas aprendieron rápidamente a montarlos, y con tanta destreza que,
temiendo el conquistador Hernán Cortés que menoscabar a su poder y prestigio,
les prohibió cabalgar bajo pena de muerte, lo que no fue obstáculo para que
continuaran haciéndolo, ya que ni se podía prescindir de sus servicios ni
tampoco evitar que, al prestarlos, utilizaron las cabalgaduras en las labores
agrícolas y ganaderas que requerían las grandes extensiones que se iban
colonizando. Dicha prohibición hizo aún más atractiva la equitación, por lo que
el conquistador la puso como señuelo para atraer aliados entre los indígenas, a
los que recompensaba autorizándolos a montar, siempre que lo hicieran, según el
ordenamiento relativo, al estilo de la tierra; condición está que demuestra que
ya desde entonces los arreos de montarse iban adaptando a nuestro medio y
necesidades, iniciándose así una transformación que acabaría por diferenciar
inconfundiblemente al jinete mexicano de cualquier otro.
El charro insurgente.
Al estallar la Guerra de Independencia en el campo predominaban los
mestizos, discriminados descendientes de españoles e indígenas que se
incorporaron a las filas insurrectas bien montados y luciendo su peculiar,
pintoresco atuendo ranchero, pero exagerando su lujo en la forma más ostentosa
en afirmación de independencia frente a los realistas. Y así, a falta de
uniforme castrense, acabó por considerarse como propio de los insurgentes el de
esos rancheros. De ahí que, como estos se les denominaban charros, a partir de
entonces tal palabra empezó a convertirse en sinónimo de patriota y a la figura
del charro en representativa del mexicano, en símbolo del México independiente.
El valiente chinaco.
Durante la intervención francesa los charros acrecentaron su fama de
patriotas. Se dice que los imperialistas fueron los primeros en llamar chinacos
a los que militaban con los liberales. La palabra es de origen nahoa y
significaba algo así como desarrapado; pero, aunque en un principio les era
aplicada como mote despectivo, los charros anti franceses gustosamente la
adoptaron y dignificaron, ya que para ellos denotaba su calidad de defensores
de la Independencia.
El charro contemporáneo.
El atavío del charro contemporáneo consiste en chaquetilla corta y
pantalón ajustado, que suele hacerse de gamuza y adornarse con botonadura de
plata; el calzado es del que se llama de una pieza; y completa el atuendo un
sombrero de ala ancha, corbata de moño y la pistola, símbolo tradicional, que
lo acredita como soldado de la Patria. Las espuelas típicas son de hierro
incrustado de plata: verdaderas obras de arte por la belleza y finura de la labor
en ellas ejecutada.
La silla.
Dos son los tipos de silla de montar más usuales. Una es la llamada de
esqueleto, en las que las piezas, de cuero, están reducidas a lo más esencial y
necesario. La otra se llama de cantinas y es de mayores dimensiones; lleva a
los lados en la parte posterior, bolsas de cuero muy peculiares. Las usa el
charro para aportar utensilios indispensables en el trabajo del campo. Además,
ningún charro bien puesto carece de reata y sarape, que debe llevar atados a la
silla con correas llamadas tientos.
Trajes de faena, de lujo, de
gala y de etiqueta.
Cuando el caballero se dedicaba a labores agrícolas o ganaderas, o se
adiestra en los ejercicios propios de la charrería, lleva indumentaria de
elegancia sobria, sin adornos vistosos: es el traje de faena.
Cuando la fiesta es grande y muy especial la ocasión, se planta el
charro los arreos de gala: silla, sombrero y traje, bordados de plata y hasta
de oro; botonadura de iguales metales; sarapes y espuelas de lujo; y en todo,
derroche de riqueza, cuya propiedad imprime elegancia el conjunto.
En todos los casos, el jinete típico mexicano tiene especial cuidado
en que la mantilla que va debajo de la silla, el sarape, las riendas del freno,
y hasta la corbata, hagan juego, es decir, que sean de iguales colores.
Actualmente el charro tiene también indumentaria para las reuniones
sociales, cuando se presenta a pie, especialmente de noche. Es negro, sin más
adornos que una discreta botonadura de plata. El broche de la chaqueta y los
botones de las mangas deben ser igual diseño que la botonadura. El sombrero más
apropiado para estos casos recuerda al de los chinacos, por la copa baja y el
ala extendida, con galón y toquilla gruesa de plata. Con este traje, de
etiqueta charra, se lleva una especie de capa, llamada ruano, del mismo tejido
y colores que los sarapes y que suele ser admirable obra de artesanía.
FUENTE: Enciclopedia Estudiantil
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