domingo, 17 de enero de 2016

Hospital del Divino Salvador de mujeres dementes

Hacia el costado sur de la Cámara de Diputados está dicho hospital. Cerca de la casa donde gozan muchos afortunados políticos, está otra en que multitud de seres gimen, ríen, hablan, amenazan y desligan de mil modos entre sufrimientos que comprimen el corazón y destrozaron el alma; aquella multitud de infelices no se dan cuenta de su terrible estado; no conocen a sus más queridos parientes, ni encuentran distracción en la lectura o en los trabajos mecánicos; más fuerte, más tenaz y desconsoladora la locura en la mujer que en el hombre. ¡Nada conmueve más que un hospital de locas!
Lo fundó un carpintero llamado José Sáyago, quien se dedicó, en compañía de su esposa, a recoger locas que vagaban por las calles; las llevaban a su casa, frente a la Iglesia de Jesús María, para cuidarlas y mantenerlas, encontrando celoso protector en el arzobispo Francisco Aguiar y Seijas, quien ayudó a Sáyago para el sustento de las enfermas y el pago de otra casa que se consiguió más extensa, frente al colegio de San Gregorio. Ningún recuerdo se hace del artesano Sáyago, de ese bienhechor que con su personal trabajo sostuvo por muchos años a las dementes que recogía de las calles; Sáyago fue uno de los varones designados por la Providencia para verdaderos héroes, porque sus obras los separan completamente de la pobre condición de los demás hombres.
En aquel sitio permaneció el hospicio hasta que en 1698, muerto el Arzobispo, quedó a cargo de la Congregación del Divino Salvador, la que compró un nuevo edificio y erigió allí el hospital por el año de 1700. Extinguida la Congregación al ser expatriados los jesuitas, pasó el patronato al gobierno; éste reformó la casa, le dio mayor amplitud al comenzar el siglo antepasado, gastando en la obra $50.000, con lo cual se logró que las enfermas quedaran cómodamente y muchas sanaron con el mejor sistema higiénico y la aplicación de buenos métodos curativos.
En 1824 un decreto declaró aquel establecimiento, hospital General; en el siguiente año se le concedió una lotería que subsistió hasta 1861, en que se desvincularon y tomaron los fondos que ascendían a $69.000, devueltos al hospital en 1863. El plantel también estuvo a cargo de las Hermanas de la Caridad y cuando fueron expulsadas pasó al Ayuntamiento y después a la Junta de Beneficencia. Muchos individuos cuya filantropía estuvo al nivel de su generosidad, contribuyeron para los gastos de aquella mansión de sufrimientos y dolores.
Los médicos encargados de cuidar la salud de las infelices dementes, han puesto de su parte escrupulosa atención, y uno de ellos, el señor Miguel Alvarado, introdujo grandes reformas, consagrándose al estudio arduo y difícil de la locura. Desde marzo de 1845 dispuso el gobierno que la administración del hospital del Divino Salvador fuera entregada a la sociedad de las Hermanas de la Caridad; ninguna constancia existe de si se verificó la entrega y hasta el 31 de octubre de 1855 se firmó un convenio entre el presbítero don Ramón Sanz, director de la Congregación de San Vicente de Paul, y los señores coronel don Pedro y turbia y don Domingo Pozo, como individuos de la Comisión directiva del hospital.
Hubo un registro que se lleva desde el año de 1876, en donde se pueden encontrar numerosos datos para el estudio de la locura en México; allí están algunos de los supuestos motivos que pueden haber determinado el extravío de la razón en cada enferma y el tratamiento que debe aplicarse en cada caso. Los accesos más frecuentes entre las locas se refieren a los afectos por la familia; presentándose casos de un desorden completo de las funciones intelectuales, manifestado por concepciones delirantes o incoherentes, en que no intervienen la memoria, ni la atención, ni la conciencia, ni el juicio; otras veces se exaltan los sentimientos más naturales, o se desvían o pierden completamente; pervirtiéndose los instintos, y el ejercicio de ciertas facultades sufre importantes turbaciones; pasan algunas dementes de la alegría al furor, de la risa las lágrimas sin que haya motivos aparentes, y por medio de los gestos, la voz y el lenguaje, atestiguan el desorden del espíritu; las dementes sufren a menudo alucinaciones e ilusiones de los sentidos; al locas por herencia, otras por lesiones en el cráneo y muchas en quienes la autopsia no ha revelado ninguna lesión en los centros nerviosos.
Las infelices locas manifiestan su mal por inquietud constante, mal humor, irritabilidad, tristes y repugnancia para las ocupaciones habituales; el dormir es agitado y están constantemente en el estado intermedio entre el sueño de la vigilia; hay otras en quienes la locura se declara por accesos de furor. Se procuró en el hospital estudiar a las dementes para convencerlas por medios inteligentes, despertando sentimientos que vayan en auxilio de la medicina; está proscrito el aislamiento absoluto y se procura llevar a las enfermas a las costumbres ordinarias de la vida; se guardan consideraciones a las jóvenes dedicadas y se emplea energía con las resueltas y bruscas; el tratamiento medical es muy variado, según los casos; se usan los purgantes, los antiespasmódicos, los revulsivos, el galvanismo y los baños fríos, de pies, tibios, de ducha y la aplicación de agua en otras formas.
El hospital del Divino Salvador es amplio, tiene salones bien ventilados, con mucha luz, limpios y alegres; hay dormitorios destinados para las tranquilas, para las niñas epilépticas, donde se ve una serie de pequeñas escamas; el dormitorio de las mujeres epilépticas, tiene pavimento pintado de rojo; también en el refectorio hay división de mesas para las tranquilas, las desafiadas, las epilépticas y demás, de manera que cada una pueda estar perfectamente atendida.
Las enfermas indigentes son admitidas presentando la rector una boleta que da el administrador, previa la certificación del facultativo. Hay distinguidas que pagan una pensión moderada.
El hospital tiene buenos baños, con las condiciones de presión y llaves indispensables. Reinan allí el orden y el aseo; pero no satisface las necesidades y las condiciones para un buen hospital de dementes. En febrero de 1877 pasó el hospital a la Junta de Beneficencia. Para el año de 1910 fueron trasladadas las enfermas al Manicomio General de la Castañeda, hospital fundado durante el gobierno de Porfirio Díaz para las celebraciones del Centenario de la Independencia de México.
El edificio que albergó el Hospital del Divino Salvador, actualmente es la Secretaría de Salud y el archivo histórico de la misma institución. Si deseas visitarlo, se encuentra ubicada en la Calle de Donceles en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

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