Al llegar a la plancha del Zócalo, aparentemente
había muy poco que ver, pero solo era cuestión de comenzar a caminar, para
darse cuenta que debajo de las enormes carpas, nos esperaba un mundo lleno de
colores, aromas y tradición.
Conforme se van recorriendo las ofrendas de
distintas delegaciones y dependencias gubernamentales, se podían apreciar la
creatividad y dedicación con la que montaron cada uno sus respectivas ofrendas.
El aroma de las flores de cempasúchil y el copal invadía el medio, impregnando
todo a su paso, para crear así esa atmósfera que solo se puede vivir en las
tradicionales ofrendas mexicanas, llenas misticismo.
Se podían ver desde las más tradicionales con los
siete niveles del inframundo, otras con los tres niveles (Padre, Hijo y
Espíritu Santo); con los elementos típicos como la comida que le gustaba al
difunto, las velas, la sal, el papel picado, las calaveritas de azúcar, etc.
Algunas otras tenían hermosas imágenes con aserrín
pintado, que le daban un toque especial y colorido a la ofrenda, al igual que
los esqueletos hechos de cartón, los alebrijes, figuritas de barro, etc. Cabe
destacar, que en la mayoría de las ofrendas estuvieron presentes nuestros
fieles compañeros, tanto en la vida, como en la muerte: los perros.
Las había desde las más ostentosas, hasta las más
austeras, pero ninguna era para menospreciarse, pues todas tenían su propio
encanto. Si no pudiste asistir a este evento, aquí podrás disfrutarlo de manera
virtual estés donde estés:
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