Este barrio fue habitado por una cantidad
considerable de gente que vegetaba en pocilgas y en el que las costumbres se perpetuaron,
aunque algunas eran tan repugnantes y discrepan tanto de lo que exigen la
cultores de la civilización actual, que puede decirse que subsistieron
únicamente porque están como olvidadas y las practicara la ínfima clase de la
sociedad, entre la cual sostienen las costumbres la misma boga que gozaban en
remotas épocas y se sigue actualmente la rutina que siguieron en los pasados
siglos; es de notar que en las clases en que falta la educación siquiera
mediana, son más permanentes los hábitos y hasta el carácter, circunstancia que
hace que entre los campesinos se transmitan sin cambio las costumbres.
Durante el siglo XIX subsistía aún en el barrio de
Santa María la costumbre del velorio; el padrino de la criatura costear los
gastos: en una accesoria o salita, según las condiciones del caso, se reunían
multitud de individuos de ambos sexos, colocándose en uno de los rincones los
músicos; el aguardiente y al son de la música baila jarabes y otras canciones,
entonando los músicos coplas que aumentan el buen humor de la concurrencia;
mezcal corren en vasitos de mano en mano, acompañándolos algunos bizcochos o
tortitas de cuajada; en medio de la sala, sobre una pequeña mesa o en el suelo,
colocan el cadáver del niño, alumbrándolo cuatro velas de sebo, cubierto con
flores y adornada la cabeza con una corona de ellas; al son de la música baila
jarabes y demás, entonando los músicos coplas que aumentan el buen humor de la
concurrencia; haga la tienen los padrinos hacer el velorio en el que gastan más
de lo que les permiten sus recursos. Toda la noche siguen los concurrentes
alternando los jarabes con las rociadas de aguardiente absorbido a traguitos y
masticando algunos bizcochos; las voces van subiendo de tono, el entusiasmo
crece y los parabienes porque ahí un nuevo ángel en el cielo; se toma tamil
chocolate y aún cenas, según las condiciones de los compadres, pasando de esta
manera toda la noche, sin que a tan extraña diversión pueda ponerse otro límite
que la aparición de la aurora.
Parece increíble, pero es cierto, que las
costumbres lleguen a embotar hasta los sentimientos más nobles del corazón;
olvidándose las madres de que lo que son para dar pábulo a la costumbre, suele
conservarse en las casas hasta dos o más días el cadáver, pretexto principal de
la diversión, y aun se ha llegado a presentar el caso de que las familias se
presten al difunto hito para el objeto deseado. Los velorios de adultos y
viejos varían en cuanto a la música y baile, pero hay también algunos medios de
que usan los dolientes para entretener el tiempo y jamás se olvida el licor y
el chocolate. Es extraño, pero es un hecho, que el velorio aún subsiste
refugiado en los barrios de esta capital.
Parroquia de
Santa María.
Esta iglesia fue fundada en el año de 1524 por fray
Pedro de Gante, y la administraron los franciscanos como parroquia de indios,
hasta que en virtud de una cédula real, dirigió el virrey don Francisco de
Güemes y Horcasitas un oficio al Arzobispo don Manuel Rubio y Salinas, para que
eligiera clérigo idóneo que desempeñara el curato. En consecuencia, para
obedecer lo dispuesto, el provisor don Francisco Jiménez Caso, acompañado del
alcalde de Corte, pasó a la parroquia de Santa María el 26 de junio de 1753, e
hizo saber al padre guardián y religiosos la determinación del virrey, que
obedecieron, y desde entonces esa parroquia fue administrada por clérigos.
En el año de 1569 hubo un encuentro entre los
clérigos y los franciscanos el día de la Asunción, con motivo de la misa que se
había de celebrar en Santa María la Redonda, parroquia de uno de los cuatro
barrios principales de México, perteneciente a la doctrina de San José. Todos
los años iban los franciscanos en procesión a aquella iglesia o ermita, se
cantaba misa solemne y se predicaba; pero en esa ocasión los clérigos quisieron
impedir el acto porque pretendían que pasara a ellos la administración de la
ermita. Se hicieron el firme propósito de estorbar para que la procesión no
llevara a cabo lo que dictaba la costumbre; iba el guardián fray Melchor de
Benavente, acompañándole los diáconos y el famoso fray Pedro de Gante. Salió la
procesión del patio de San Francisco acompañada de muchos indígenas y algunos
españoles; pero se interpusieron los clérigos en la mitad de la calle, al pasar
la acequia que la dividía. Los franciscanos insistieron en pasar, protestando
requiriendo los clérigos para que no fueran causa de algún motín; uno le
contestó dándole un empujón, que lo hizo irse de espaldas y habrá caído si no
lo hubiera detenido fray Pedro de Gante. Al ver lo que pasaba se juntaron los
indios, se reunieron muchos más y se dirigieron a los clérigos, que les decían
que dejarán pasar la procesión, pero los clérigos no hayan razones y continúan
empujando y deteniendo la comitiva en su marcha; entonces los indígenas
recogieron piedras para arrojarla sobre los agresores quedan muchos e iban
preparados para cualquier trance; las piedras llovían sobre éstos el crecido
número; los castellanos, poniendo mano en las espaldas, se apresuraron a
defender a los clérigos y el alcalde Sandi quiso interponer sus oficios; pero
ni los unos ni el otro lograron contener a los indios y solamente se calmó el
motín con la fuga de los clérigos; el alcalde se libró arrojándose en la
acequia de la que salió muy mojado; hubo muchos lastimados y los indios
quitaron las espadas a dos españoles, la voz de los frailes no bastaba para
detener el ardor y entusiasmo de los indios y hasta las mujeres arrojaban puños
de tierra a clérigos y seculares; entonces el guardián creyó conveniente no
pasar adelante, sino que regresó y dijo la misa en la iglesia de San José.
Llegado todo a oídos del virrey don Martín
Enríquez, comenzaron a aprehender a los que iban en la procesión, entre ellos
los cuatro alcaldes; pero acabo el asunto por no tratarse más de él. En los
siguientes años volvieron a salir los frailes en procesión y yendo a Santa
María a decir misa el día de la Asunción. La fiesta de Santa María fue
decayendo mucho con el tiempo.

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