domingo, 15 de marzo de 2015

El Barrio de Santa María la Redonda

Este barrio fue habitado por una cantidad considerable de gente que vegetaba en pocilgas y en el que las costumbres se perpetuaron, aunque algunas eran tan repugnantes y discrepan tanto de lo que exigen la cultores de la civilización actual, que puede decirse que subsistieron únicamente porque están como olvidadas y las practicara la ínfima clase de la sociedad, entre la cual sostienen las costumbres la misma boga que gozaban en remotas épocas y se sigue actualmente la rutina que siguieron en los pasados siglos; es de notar que en las clases en que falta la educación siquiera mediana, son más permanentes los hábitos y hasta el carácter, circunstancia que hace que entre los campesinos se transmitan sin cambio las costumbres.
Durante el siglo XIX subsistía aún en el barrio de Santa María la costumbre del velorio; el padrino de la criatura costear los gastos: en una accesoria o salita, según las condiciones del caso, se reunían multitud de individuos de ambos sexos, colocándose en uno de los rincones los músicos; el aguardiente y al son de la música baila jarabes y otras canciones, entonando los músicos coplas que aumentan el buen humor de la concurrencia; mezcal corren en vasitos de mano en mano, acompañándolos algunos bizcochos o tortitas de cuajada; en medio de la sala, sobre una pequeña mesa o en el suelo, colocan el cadáver del niño, alumbrándolo cuatro velas de sebo, cubierto con flores y adornada la cabeza con una corona de ellas; al son de la música baila jarabes y demás, entonando los músicos coplas que aumentan el buen humor de la concurrencia; haga la tienen los padrinos hacer el velorio en el que gastan más de lo que les permiten sus recursos. Toda la noche siguen los concurrentes alternando los jarabes con las rociadas de aguardiente absorbido a traguitos y masticando algunos bizcochos; las voces van subiendo de tono, el entusiasmo crece y los parabienes porque ahí un nuevo ángel en el cielo; se toma tamil chocolate y aún cenas, según las condiciones de los compadres, pasando de esta manera toda la noche, sin que a tan extraña diversión pueda ponerse otro límite que la aparición de la aurora.
Parece increíble, pero es cierto, que las costumbres lleguen a embotar hasta los sentimientos más nobles del corazón; olvidándose las madres de que lo que son para dar pábulo a la costumbre, suele conservarse en las casas hasta dos o más días el cadáver, pretexto principal de la diversión, y aun se ha llegado a presentar el caso de que las familias se presten al difunto hito para el objeto deseado. Los velorios de adultos y viejos varían en cuanto a la música y baile, pero hay también algunos medios de que usan los dolientes para entretener el tiempo y jamás se olvida el licor y el chocolate. Es extraño, pero es un hecho, que el velorio aún subsiste refugiado en los barrios de esta capital.
Parroquia de Santa María.
Esta iglesia fue fundada en el año de 1524 por fray Pedro de Gante, y la administraron los franciscanos como parroquia de indios, hasta que en virtud de una cédula real, dirigió el virrey don Francisco de Güemes y Horcasitas un oficio al Arzobispo don Manuel Rubio y Salinas, para que eligiera clérigo idóneo que desempeñara el curato. En consecuencia, para obedecer lo dispuesto, el provisor don Francisco Jiménez Caso, acompañado del alcalde de Corte, pasó a la parroquia de Santa María el 26 de junio de 1753, e hizo saber al padre guardián y religiosos la determinación del virrey, que obedecieron, y desde entonces esa parroquia fue administrada por clérigos.
En el año de 1569 hubo un encuentro entre los clérigos y los franciscanos el día de la Asunción, con motivo de la misa que se había de celebrar en Santa María la Redonda, parroquia de uno de los cuatro barrios principales de México, perteneciente a la doctrina de San José. Todos los años iban los franciscanos en procesión a aquella iglesia o ermita, se cantaba misa solemne y se predicaba; pero en esa ocasión los clérigos quisieron impedir el acto porque pretendían que pasara a ellos la administración de la ermita. Se hicieron el firme propósito de estorbar para que la procesión no llevara a cabo lo que dictaba la costumbre; iba el guardián fray Melchor de Benavente, acompañándole los diáconos y el famoso fray Pedro de Gante. Salió la procesión del patio de San Francisco acompañada de muchos indígenas y algunos españoles; pero se interpusieron los clérigos en la mitad de la calle, al pasar la acequia que la dividía. Los franciscanos insistieron en pasar, protestando requiriendo los clérigos para que no fueran causa de algún motín; uno le contestó dándole un empujón, que lo hizo irse de espaldas y habrá caído si no lo hubiera detenido fray Pedro de Gante. Al ver lo que pasaba se juntaron los indios, se reunieron muchos más y se dirigieron a los clérigos, que les decían que dejarán pasar la procesión, pero los clérigos no hayan razones y continúan empujando y deteniendo la comitiva en su marcha; entonces los indígenas recogieron piedras para arrojarla sobre los agresores quedan muchos e iban preparados para cualquier trance; las piedras llovían sobre éstos el crecido número; los castellanos, poniendo mano en las espaldas, se apresuraron a defender a los clérigos y el alcalde Sandi quiso interponer sus oficios; pero ni los unos ni el otro lograron contener a los indios y solamente se calmó el motín con la fuga de los clérigos; el alcalde se libró arrojándose en la acequia de la que salió muy mojado; hubo muchos lastimados y los indios quitaron las espadas a dos españoles, la voz de los frailes no bastaba para detener el ardor y entusiasmo de los indios y hasta las mujeres arrojaban puños de tierra a clérigos y seculares; entonces el guardián creyó conveniente no pasar adelante, sino que regresó y dijo la misa en la iglesia de San José.

Llegado todo a oídos del virrey don Martín Enríquez, comenzaron a aprehender a los que iban en la procesión, entre ellos los cuatro alcaldes; pero acabo el asunto por no tratarse más de él. En los siguientes años volvieron a salir los frailes en procesión y yendo a Santa María a decir misa el día de la Asunción. La fiesta de Santa María fue decayendo mucho con el tiempo. 

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