Esquina de la Pila Seca, ubicada
en los alrededores del Bosque de Chapultepec y a principios del siglo XVII, fue
el escenario de un asesinato vil, perpetrado por un hombre despiadado que,
tiempo después, recibiría su castigo. Sin embargo, los vecinos del lugar
padecieron las consecuencias de esta muerte, pues desde entonces son espectros
se aparecía para exigir justicia sobre todo, venganza.
Cuenta la leyenda que el espíritu
en pena era el de un buen hombre llamado Fernando, quien había sido asesinado
por un hacendado de nombre Matías; éste le clavó su espada en el pecho y luego
cortó su cabeza, abandonando el cuerpo junto a la Pila Seca. Se dice que el
amor de una mujer fue motivo del crimen, pues ambos pretendían a Margarita, una
hermosa doncella, hija de un oficial real.
Fernando y Margarita mantenían un
romance a escondidas, pues el padre de la joven había decidido comprometerla en
matrimonio con el hacendado. Una vez hecho el trato, la mujer estaba obligada a
contraer nupcias lo más pronto posible y eso la tenía hundida en una tristeza
profunda, pues sólo deseaba casarse con su amado. Para que nada ni nadie lo
separase, un buen día, los enamorados decidieron huir juntos, así que acordaron
reunirse por la tarde y planear la fuga para esa misma noche. Margarita acudió
puntual a la cita, pero Fernando nunca llegó.
Cuentan que aquella noche la joven
decepcionada se sentó en la pila, a llorar, cuando sus oídos llegó un gemido
triste que la hizo correr asustada. Como el temor se apoderó de ella, grito que
alguien la ayudará y de entre los árboles apareció un caballero que al
reconocerla le ofreció acompañarla hasta su casa. La joven no pudo contenerse
más y estalló en llanto al ver que el hombre que la acompañaba era Matías, su
futuro marido, quien le acariciaba el rostro y el cabello, tratando de
tranquilizarla para que pudiera contarle lo sucedido. Ella por su parte, creía
en la falsa bondad de aquel hacendado, quien debajo de ese aspecto bonachón,
escondía las más terribles intenciones.
Al arribar a la casa de Margarita,
el hombre pidió hablar con su padre. Matías deseaba desposar lo más pronto
posible a Margarita por lo que solicitaba que se adelantará la boda. Cuando lo
supo la desbastada joven, se encerró en su alcoba y dio rienda suelta su dolor.
Su corazón fue presa de los más terribles recuerdos, al imaginarse nuevamente
junto a su amado, a quien reprochaba haberla abandonado en aquel lugar.
Fernando era el primer y único
amor de Margarita, ambos decidieron mantener su relación en secreto debido a
que él, pertenecía a una familia humilde y no poseía ningún tipo de fortuna por
lo que sabía que el oficial real se opondría tajantemente este matrimonio.
Luego de tanto llorar, Margarita se quedó dormida; las ventanas de su
habitación se estremecieron con un viento terrible, por lo que la dama se
levantó para asegurarlas. En el momento en que
aproximó la cara a los cristales, lanzó un grito de horror; un espectro
se acercaba ella y le pedía lo escuchara. Ella se desmayó. Aquella pobre mujer
ignoraba que, aquel siniestro ser, era el espíritu de su amado Fernando, quien
días atrás estaba tan ilusionado, como ella, por la huida que emprenderían. La
pareja nunca imaginó que Matías, siendo nombre celoso y poderoso, mandó espiar
a su prometida. Así fue como se enteró de que Margarita entregaba su amor a
otro hombre.
Aquel día en que escaparían,
Matías se apostó a los alrededores de la Pila Seca, cuando vio que Fernando se
acercaba, impidió que el joven enamorado llegara a su cita, hundiéndole sin
piedad una espada en el pecho. Fernando cayó moribundo y sus últimas palabras
fueron para su amada, que metros más adelante lloraba por su demora. Matías no
conforme y cegado por la ira que sentía, cortó la cabeza del joven y la arrojó
en el caudal más cercano. Luego del sangriento asesinato, el hacendado escuchó
a la desesperada Margarita. La mujer, precisamente en este momento, echó a
correr pero se topó con Matías, quien se ofreció llevarla hasta su casa.
Pasaron varios días y Margarita no
tenía noticias de Fernando, iba todas las tardes al rosario, con la única
finalidad de encontrarse con él, pero nunca hubo tal encuentro, por lo que su
corazón se reaccionaba a cada momento. Asistía además, al lugar donde solían
encontrarse, sin embargo, parecía no haber rastros del paradero del joven. Por
entonces, la gente comenzó a rumorar que en la Pila Seca se apareció un
espíritu que vagaba exigiendo justicia y venganza; los pobladores se resistían
a pasar por el lugar, pues temían toparse con el espectro.
Este aparecido también se
presentaba todas las noches en la alcoba de Margarita, quien aterrada, gritaba
que la dejara en paz. Su padre y la servidumbre se convencieron de que la mujer
estaba perdiendo la razón, motivo por el cual, se pidió a Matías aplazar la
boda, debido al estado de salud de la novia. Así, llegó la víspera de la boda,
la mujer no había parado de llorar y de recriminar a Fernando por haberla
abandonado. Cuando parecía morir de dolor, las ventanas nuevamente comenzaron a
estremecerse y una ráfaga helada la envolvió. Minutos después una voz hueca y
sepulcral le dijo:
-Yo acudía a la cita, cuando la
espada de un asesino acabó con mi vida.
Margarita reconoció la voz de
Fernando, quien prometió llevarla a un lugar donde pudieran vivir su amor
eterno, pero para que eso sucediera, tenía que ir hasta la Pila Seca. El padre
de Margarita le impidió salir de la casa y la obligó a dormir, pues se casaría
a la mañana siguiente. Luego de la ceremonia, Matías la condujo hasta su casa
en el barrio de Coyoacán; ahí Margarita se encerró en la habitación y se negó a
participar de la magna celebración que el hacendado había preparado.
Los días pasaban y el hacendado no
recibía respuesta de su esposa, quien se mantenía oculta en la alcoba. Por tal
motivo, Matías intentó forzar la puerta, pero la encontró fuertemente asegurada;
lleno de ira ingresó a la habitación y con desdén se dirigió a Margarita:
-Enterado estoy de tu deshonor.
Antes de ser mi esposa entregaste tu amor a otro hombre. Pero esta falta ya
está reparada.
La mujer comprendió que el asesino
de su amado Fernando había sido el propio Matías, por lo que no pudo soportar
su presencia y salió corriendo de la habitación. Esta vez fue encerrada por
Matías y le advirtió que por fin consumarían el matrimonio. El hombre bajó a
cenar y bebió dos botellas de vino, regocijante se dirigía a la alcoba donde
tenía presa a su mujer; con dificultad introdujo la llave en la cerradura de la
puerta, y cuando al fin pudo abrirla, sus ojos se exaltaron al ver ante él la
cabeza de su obstinado rival.
Aterrorizado Matías corrió por la
casa, sentía sobre sí las acusadoras miradas del degollado. Al llegar a la
escalera de piedra, perdió el paso rodó dando tumbos hasta estrellarse de
cabeza en el suelo. En ese momento doña Margarita atravesó el recinto y salió
de la casa, actuaba como si estuviera hipnotizada. Iba a encontrarse al fin con
su amado sin importarle la gran distancia que tendría que recorrer para llegar
a la Pila Seca.
Se dice que todos los habitantes
de Coyoacán vieron pasar a aquella mujer que parecía estar en un profundo
ensueño. Aquella caminata concluyó el amanecer. Por la tarde Margarita fue
encontrada sin vida al pie de la pila. Se cuenta que sus zapatos estaban
destrozados por la larga travesía y se dice también que desde aquel día, el
degollado dejó de aparecer en la Pila Seca y la ciudad volvió a la normalidad.
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