domingo, 30 de junio de 2013

El desagüe en el valle de México

La cuenca de México carecía de desagües naturales, por lo que muchos intentos se hicieron a los largo de los siglos para abrirla y darle una salida artificial a sus aguas; lo curioso es que se hicieron obras de este tipo, y otras más para traer agua potable desde sitios cada vez más lejanos o su extracción del subsuelo del propio valle a un altísimo costo económico y ecológico.
Los indígenas aprendieron a convivir con el agua, construyendo diques -  calzadas, compuertas y viaductos, los que les permitió tener algo de control sobre las aguas para aprovechar sus múltiples recursos, mediante las chinampas, la pesca, la caza y la recolección de plantas; así también, era un medio de comunicación y transporte muy eficiente en tiempo y costo.
Al llegar los españoles, introdujeron técnicas de agricultura y ganadería, que comparadas con los indígenas, causaban un enorme impacto en los suelos y cuerpos de agua. Los españoles y sus descendientes criollos y mestizos, veían a los lagos como un enemigo feroz a vencer. A las aguas del lago de Texcoco se les consideraban “aguas muertas”, debido a que carecían de movimiento, algo que podía ser peligroso para la salud, pero aun así fue levantada la capital novohispana sobre las ruinas de Tenochtitlán, en medio del lago, con lo que se comenzó con el problema de las inundaciones y los esfuerzos para  desecar el valle.
Muchas veces se llegaron a aplicar las obras indígenas, utilizando diques y el excedente de agua en canales de navegación e irrigación; hubo también muchas propuestas para combinar la canalización y la contención con el desagüe directo del valle, para lograr un balance que no amenazara a la ciudad. Por desgracia, la idea que siempre predominó fue la de utilizar el desagüe para desecar los lagos.  Uno de los proyectos más importantes que se llevaron a cabo durante la Colonia, fue el de Enrico Martínez, quien dirigió entre 1607 y 1608 las obras para abrir un socavón en Nochistongo, primer desagüe artificial que desviaba las aguas del río Cuautitlán hacia el cauce del río Tula; con el tiempo este proyecto pasó a ser considerado el más importante del mundo preindustrial. No todo fue miel sobre hojuelas, pues dicha obra de ingeniería se vio afectada por varios factores, desde los defectos de construcción, hasta rencillas políticas y decisiones improvisadas. En la década de 1620, el socavón fue clausurado por órdenes del virrey, para investigar qué cantidad de agua era vertida sobre la ciudad; sin tener una solución al problema de las inundaciones, la capital estuvo a punto desaparecer en el año de 1629.
Después de mucho discutir si se trasladaba la ciudad a otra parte, finalmente se decidió dejarla en su sitio y reanudar las obras en e l desagüe de Nochistongo, que continuaría hasta la segunda mitad del siguiente siglo.
La lucha constante contra la naturaleza continuó hasta la época de la independencia. Durante todo el siglo XIX prosiguieron infinidad de debates sobre que hacer con los lagos; mientras que unos decían que era necesario aprovechar la abundancia del vital líquido para el transporte, la canalización y la irrigación, otros se iban por el lado de desecar el valle a como diera lugar. Muchos proyectos fueron presentados, hasta que el de Francisco Garay fue premiado por el gobierno en 1857, ya que combinaba ambas opciones, pero no pudo llevarse a cabo por las condiciones del país. Para que se den una idea del proyecto, Garay propuso construir un canal de 50 km que saliera de San Lázaro, al este de la ciudad, para atravesar los lagos de Texcoco, San Cristóbal y Zumpango y canalizar sus aguas y de los ríos que atravesara su paso; un túnel de 9 km situado al final del canal, conduciría las aguas hacia el río Tequixquiac. También se abrirían tres canales más para desaguar los lagos de Chalco y Xochimilco.
Llegamos ahora a la época del Porfiriato, cuando el país estuvo en condiciones económicas y políticas, para llevar a acabo grandes proyectos de desagüe. Muchos historiadores reconocer la importancia que Porfirio Díaz dio al desagüe del valle, al colocarlo como una prioridad del gobierno. La obra que se llevó a cabo se basó en el proyecto de Francisco Garay, pero un poco más reducido, ya que fue eliminada la parte de ampliar la canalización para la irrigación y la navegación. Entonces fue construido el Gran Canal que, como gustaban decir los burócratas porfiristas, les permitía “gobernar” las aguas del valle.  Entre 1886 y 1900 se llevaron a cabo las obras de un canal de más de 47 km, y en Tequixquiac, un túnel de 10 km, acompañado por un conjunto de presas, puentes y viaductos. Con el proyecto de desagüe, también se ejecutó un plan de saneamiento, que consistía en la construcción de una red de alcantarillado, cuyas aguas residuales se arrojarían al Gran Canal. Se adoptó un sistema combinado, en el cuál las aguas pluviales, residenciales e industriales eran arrojadas en un solo conducto.
A pesar de la importancia y magnitud de las obras porfirianas, no se pudo dar por hecho que el problema de las inundaciones estuviera resuelto, pues a mediados de la década de 1920 la ciudad de México volvió a quedar bajo el agua, la igual que a medidos de la década de los cincuenta. La urbe ahora se estaba hundiendo por la extracción de agua del subsuelo, mediante la excavación de pozos; y como era de esperarse, el Gran Canal fue perdiendo su declive, por lo que fue necesario bombear las aguas para hacerlas correr por su cauce. En la actualidad existen estaciones de bombeo que realizan esta labor tan importante, sin la cual la ciudad  no podría desalojar sus aguas residuales y estaría en riesgo de volverse a inundar.

Ante el colapso del desagüe porfiriano, este fue reforzado con otra obra de ingeniería puesta en funcionamiento en el año de 1975: el drenaje profundo. Fue concedido como una última solución para las inundaciones, el cuál toma el modelo de los desagües coloniales combinado con la tecnología moderna. Consiste en una red de túneles de cientos de kilómetros, instalados a un profundidad entre 22 y 217 m, para desaguar en lecho que no se hunda. Entra funcionamiento durante la época de lluvias, para desalojar las grandes cantidades de agua; sin embargo, algunas investigaciones han revelado que estas obras se están viendo afectadas por los hundimientos.

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