Si nos tomamos el tiempo de recorrer el antiguo barrio de la Merced, encontraremos un pequeño templo levantado a fines del siglo XVIII, el cual se distingue de los demás porque se parece una iglesia de juguete, y por ser uno de los mejor conservados del Centro Histórico. Siempre que visites el recinto, lo podrás encontrar muy limpio, con flores frescas y en general muy bien cuidado.
Cuando Hernán Cortés llegó a Tenochtitlán, mandó construir siete ermitas en diversos puntos del valle de México, siendo la capilla de Manzanares la única sobreviviente en la actualidad; pero la arquitectura que vemos actualmente no es la de la construcción original, sino de una remodelación hecha durante el siglo XVIII.
La historia del recinto se encuentra estrechamente relacionada con el suburbio del mismo nombre, el cual durante el siglo XVI era un barrio netamente indígena, ubicado en las salientes del lago de Texcoco; justamente detrás de la capillita pasaba uno de los dos brazos de la Acequia Principal, que venía desde Xochimilco y desembocaba en el lago. La corriente de agua existió hasta el siglo XVIII, cuando a pesar de la oposición de los vecinos, fue cegada.
La Iglesia tuvo siempre sus puertas abiertas para recibir a los indígenas de los barrios circundantes, hasta que le tocó enfrentarse con las Leyes de Reforma, de las que se salvó milagrosamente gracias al arduo cuidado de los vecinos.
Al ver su portada, podremos apreciar que es de estilo barroco churrigueresco, con sus columnas estípites y sus correspondientes campanas, la puerta bellamente tallada, su construcción en cantera muy característica de aquella época y que en cada uno de sus lados tiene una torre; también cuenta con una casa de curas.
Al ingresar al templo, veremos un minúsculo coro iluminado por las ventanas de la cúpula que abre a la fachada y sus figuras estofadas de excelente factura, pero lo que más salta a la vista en su hermoso retablo barroco con la imagen del Señor de la Humildad en su nicho central. La fiesta de Santo se lleva a cabo el seis agosto, donde todo se convierte en una fiesta y algarabía, con mariachis, bandas, danzantes, juegos mecánicos, la imagen colocada al frente de la Iglesia para recibir las muestras de agradecimiento de los habitantes.
Debido a su pequeño tamaño, se podría estimar que caben cerca de veinte personas. A pesar de la belleza del lugar, durante el siglo XIX adquirió fama de ser el recinto sagrado de malvivientes, ladrones y mujeres de la vida galante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario