lunes, 27 de julio de 2009

Santa Inés







Las fundadoras de éste convento fueron cuatro monjas de la orden concepcionista. En 1609, gracias al patrocinio del rico hacendado don Diego de Caballero y su esposa, doña Inés de Velasco, marqueses de la Cadena. El templo del siglo XVII desapareció con la remodelación que se realizó a finales del siglo XVIII y por ese motivo fue consagrado nuevamente el 20 de enero de 1709. En el número 26 de la Calle de Moneda destacan sus hermosas puertas de madera tallada, que narra la vida de Santiago Apóstol y en otra puerta la de Santa Inés. Posee una de las cúpulas más hermosas de la ciudad, recubierta de azulejos y en el lado oriente un relieve de Santa Inés sosteniendo un corderito.
Se dice que al pie del presbiterado estuvieron enterrados los pintores del siglo XVIII Miguel Cabrera y José de Ibarra.
Esta construcción desapareció a finales del siglo XVIII. En 1790 se dedicó a la nueva iglesia, que es la conocemos hoy en día. Más bien fue reedificada, no renovada por Francisco de Guerrero y Torres.
El convento todavía conserva la distribución de los coros ya sin rejas y los vanos de la puerta reglar y la cratícula (puertita por donde el sacerdote daba la comunión a las monjas en el Coro Bajo)
En 1861, con la aplicación de las Leyes de Reforma, las monjas fueron exclaustradas y los terrenos del convento fueron fraccionados y puestos a la venta; la iglesia fue cerrada y convertida en almacén. A partir el convento recorrió un largo camino, desde almacén de telas, hasta cobijo para malvivientes; después fue rescatado y habilitado para ser sede del Museo José Luis Cuevas.
En la escalera todavía se conservan todavía se conserva pintura mural del tiempo en que el convento sirviera para albergar a las religiosas.

sábado, 18 de julio de 2009

El Real Monasterio de Jesús María
















Su historia es conocida gracias a Carlos Sigüenza y Góngora, quien da santo y seña de todos los pormenores de éste lugar; la obra en donde se puede encontrar ésta información se titula “Paraíso Occidental”, la cual resulta de alto valor, pues no solo abarca la historia del monasterio, sino también biografías de monjas, algunas terribles y otras divertidas.

Este monasterio fue construido principalmente para conquistadores y españoles pobres. A este convento llegó la hija de Felipe II, la cuál procreó con la hermana de Don Pedro Moya de Contreras, inquisidor, arzobispo y virrey de la Nueva España.

Existe un plano que data del siglo XVIII, el cuál sumado con las descripciones de Sigüenza y algunos documentos de los artistas que participaron en la obra, como Luis Juárez y Pedro Ramírez, permite que tengamos una idea del esplendor que tuvo alguna vez éste conjunto.

A finales del siglo XVIII, José Antonio González Velázquez transformó la iglesia al estilo neoclásico.

A partir de 1861, el tubo convento tuvo múltiples usos: cine, villares y vecindad; y la iglesia fue ocupada como Archivo General de la Defensa.

Actualmente aloja tiendas de muebles, y artículos electrodomésticos; pero a pesar de todo es uno de los conjuntos más completos que se conservan de conventos de monjas hoy en día

En sus terrenos fueron construidas casas; la que se encuentra marcada con el número 23 de Corregidora, perteneció y ahí vivió Ignacio Zaragoza, defensor de la patria en la Batalla de Puebla. Después de su muerte se colocó una placa que decía: “El General Ignacio Zaragoza, vencedor del Ejército extranjero que atacó a Puebla el 5 de mayo de 1862, habitó en ésta Casa”. La casa era de dos pisos, con balcones corridos y flores en los dinteles de las puertas. Tiene dos patios de pobre aspecto, con viviendas alrededor.


domingo, 12 de julio de 2009

La Concepción




Este monasterio que fuera el más grande y antiguo, también fue el más destruido y sirvió de prototipo para todos. En el siglo XVI la iglesia era muy importante, con su cubierta de artesón y su retablo de Pedro de Requena y Juan Gómez (1580). En el año de 1664, tuvo retablos de Nicolás de Vergara y de Juan de Rojas en 1704, pero el más importante fue realizado por Jerónimo de Balbás en 1748, del cuál solo quedan los registros de su existencia en documentos del Archivo de Notarías y el Archivo General de la Nación. Fue el retablo churrigueresco más importante en la Nueva España; desgraciadamente fue hecho leña para sustituirlo por uno neoclásico que carece de gracia. La extraordinaria imagen de la Purísima Concepción todavía se conserva, la cuál fue tallada en madera y estofada, obra del siglo XVII. El convento que era como una ciudadela fue fraccionado y arruinado. Actualmente solo quedan unos cuantos restos.

domingo, 5 de julio de 2009

Los conventos de monjas

En la Cuidad de México existieron el total 29 conventos de monjas, que fueron durante el virreinato. Hubo varias órdenes de mujeres, a continuación se mencionan la orden y los edificios que fueron de su propiedad:



- Concepcionistas: La Concepción, Regina, Jesús María, La Encarnación, Santa Inés, Balvanera, San José de Gracia y San Bernardo.
- Franciscanas: Santa Clara, San Juan de la Penitencia, Santa Isabel, Capuchinas y Corpus Christi.
- Agustinas: San Lorenzo.
- Dominicas: Santa Catalina de Siena.
- Carmelitas: Santa Teresa la Antigua y la Nueva.
- Orden de el Salvador: Santa Brígida.
- Compañía de María: La Enseñanza Antigua y la Nueva.



Sin embargo, todavía no se ha realizado un estudio histórico-artístico sobre la arquitectura de los conventos de la monjas, pero si existen algunas trabajos sobre su historia (Josefina Muriel) y aspectos muy específicos de su arquitectura, como la disposición de los coros de las iglesias. Tal vez esa sea una de las causas por las que no hay conjuntos que se conserven íntegros y tampoco hay planos que ofrecieran una idea de cómo fueron. Sin embargo la investigación minuciosa de archivos puede arrojar importantes hallazgos, entre ellos: los planos de Balvanera, Santa Clara yanta Isabel, realizados con objeto de llevar a cabo la división de los inmuebles en lotes para ser vendidos a los particulares en 1861.
De los 20 conventos que hubo en la Cuidad de México, Regina, Jesús María, Santa Inés, La Encarnación y La Enseñanza, se encuentran casi completos, aunque no se salvaron del Neoclásico , la exclautración y diversas modificaciones; La Concepción, Santa Catalina de Siena y Santa Teresa la Antigua conservan la iglesia y restos del convento; Balvanera, San José de Gracia, Santa Clara, Corpus Christi, San Lorenzo y Santa Teresa la Nueva, en todos estos ya no hay retablos y otros tesoros artísticos; en el caso de San Juan de la Penitencia, Capuchinas, Santa Isabel, Santa Brígida y la Enseñanza Nueva, no quedan más que datos, pocas fotografías y el recuerdo; en el caso de San Bernardo solo se conserva la mitad de la iglesia. Y por eso se conservan más recintos de frailes que de monjas.
La destrucción de los edificios que ocurrió entre 1861 y 1940, fue uno de los capítulos más lamentables en la historia de la destrucción de templos en México. Su riqueza fue de un gran valor, como lo fueron sus magníficos edificios, sus ricas bibliotecas, pinturas, esculturas, alhajas, marfiles, oro y plata, maderas preciosas, entre otros. De toda esta riqueza no quedan vestigios.
El convento más antiguo, grande y rico fue el de la Concepción. En 1861 poseía 127 fincas en la Cuidad de México, la Encarnación tuvo 82 fincas y San Gerónimo, 92. Era una desmesura dedicar mil fincas para darles rentas a quinientas mujeres dedicadas a la vida religiosa y otros quehaceres, como:


- La Concepción: flores y empanadas
- Regina: polvos para purgar y agua para los ojos
- Jesús María: dulces
- San Jerónimo: calabazates
- Balvanera: flores artificiales
- La Encarnación: chicha y miel rosada
- San Lorenzo: alfeñiques y caramelos
- Santa Brígida: encarrujados
- La Enseñanza Antigua: tejidos y bordados
- La Enseñanza Nueva: chocolate y comida de encargo



Las monjas tenían criadas y por eso tenían tanto tiempo para hacer todo lo mencionado anteriormente.
En el siglo XVII, las monjas más ricas y acaudaladas vivían en pequeñas casas diseminadas en el claustro y otros espacios; a excepción de Sor Juana, poco se ocuparon de la cultura.
Con el tiempo habría monjas teólogas, como María Ana Agueda de San Ignacio, pero las actividades más populares eran el bordado, relicarios y actividades artísticas.
En la actualidad todavía existen las monjas carmelitas, que todavía deben de conservar retratos de sus fundadoras y varias religiosas que profesaron en Santa Teresa la Antigua.
Regina y la Enseñanza son las únicas iglesias que se salvaron del neoclásico y eso que en la primera fue destruido el retablo de Nuestra Señora de las Tres Necesidades.

domingo, 28 de junio de 2009

La casa profesa de la Compañía de Jesús


La Antigua Casa Profesa de Ejercicios fue un notable conjunto, que consistía en una iglesia y un enorme edificio anexo. La vieja construcción iniciada a fines del siglo XVI desapareció en el siglo XVIII. Esta iglesia tenía un retablo muy modesto, realizado por Baltazar de Echave Orio, después fue sustituido por uno de Juan de Rojas en 1699; de éste retablo todavía se conservan unos fragmentos que podemos ver en las tribunas del coro de la actual iglesia.
Aunque este templo todavía sobrevive, desgraciadamente perdió sus soberbios retablos dorados, siendo sustituidos por otros de estilo neoclásico, obra de Manuel Tolsá; también contaba con una riquísima pinacoteca, como cuenta Couto en su “Diálogo sobre la pintura en México”, y de la buena cosecha que hubo de los oratorios.
Cabe destacar que aún se conserva en la Profesa una notable colección de pinturas, muebles y esculturas. En la sacristía de ese templo pueden admirarse obras de Pedro de Mena, escultor granadino y un magnífico mueble que, según la tradición, proviene del Convento de San Agustín. La colección de pintura es muy considerable y cuenta entre sus principales artistas exponenciales a Villalpando, Echave y Cabrera.

domingo, 21 de junio de 2009

Nuestra señora de Montserrat



Este convento perteneció a la orden de los benedictinos, los cuales eran de las órdenes más poderosas y ricas de Europa, pero en Nueva España no tuvo la misma popularidad.
Todo comienza en 1614 cuando llegaron los frailes Diego Sánchez y Juan Vitoria, que les fue entregada una capilla advocada a la Virgen del Monte Serrato, la cual se encontraba cerrada: los religiosos construyeron su monasterio alrededor de esa capilla , la cual también tuvo sus mejoras.
Este lugar nunca llegó a tener las dimensiones de los grandes conventos mendicantes, pero lo compensó teniendo una rica biblioteca y pinturas de gran valor, entre ellas, una atribuida a Zurbarán.
El acervo de los benedictinos se fue perdiendo después de la consumación de la Independencia, y esto fue definitivo cuando en 1821 fue clausurado el monasterio. Luego, con la aparición de las leyes de Reforma, el edificio fue fraccionado, acelerando su degradación y a mediados del siglo pasado alojaba una vecindad.
Después se decidió ensanchar la calle de Izazaga, que es donde actualmente se encuentra el Museo de la Charrería. Por fortuna parte del monasterio se salvó parcialmente.

domingo, 14 de junio de 2009

Convento de Nuestra Señora de las Mercedes Redención de Cautivos



El primer mercedario en pisar tierras mexicanas fue Fray Bartolomé de Olmedo; pero ésta orden no se establecería en Nueva España, hasta el último cuarto del siglo XVI. En 1506 se encontraba en pie un pequeño convento en el Barrio de San Lázaro; hacia 1606 compraron las casonas de Guillermo Borondate para construir ahí un templo, cuya construcción empezó el 8 de septiembre de 1602. Este edificio sirvió de Capilla del Tercer Orden, hasta que fue demolido en 1654.
El 30 de octubre de 1679, los mercedarios decidieron reunir a cien vecinos para hacerlos patronos de la iglesia y convento; el 6 julio se reunieron ante un escribano y testigos, Juan de Vera dispuso su entierro y el de su familia en el templo, que a corto plazo habría de comenzarse. Las capillas fueron levantadas y enriquecidas, como la de los Morenos, adornados con retablos de Tomás Juárez y la de San José, estrenada en 1683.
En 1693, se reunieron los patronos e hicieron una colecta para construir la torre y el claustro. En 1695 se contrató el retablo mayor de la iglesia, obra de Blas de Santa María.
En 1703 el claustro fue inaugurado y unos días después la iglesia. En 1737 se hizo nuevamente el retablo mayor, adornándolo con estípites y, en 1792 Francisco Antonio de Anaya comenzó los colaterales de la nave.
Pero a partir de 1861 comenzó el desastre mayor para éste convento; la biblioteca fue saqueada, destruida la iglesia y el archivo del convento fue quemado.