domingo, 30 de octubre de 2011

El aliado de la muerte


Hay personas con especial disposición  y que han visto a la muerte, que pueden sentir, observar y hablar, con almas  que vagan penando entre los vivos, pero en verdad es escalofriante lo sucedido en una temporada del siglo XVIII. Muchísimos vieron aquella escalofriante escena.
Esta increíble aparición la vieron tantos y tantos, que el pavor cundió en la virreinal capital de la Nueva España, y motivó la intervención de la autoridades coloniales y del Santo Oficio; este escalofriante relato fue escrito por fray Joaquín Bolaños, que participara en las investigaciones. Esta historia comienza en la casona de don Serapión Garcés  Pimentel de la Mata y doña Escotofina Zaragoza, en la que ahora  conocemos como calle de Tacuba, precisamente frente al callejón de Motolinía, hoy esta casa  a grado tal reformada y cubierta de anuncios comerciales, que pasa desapercibida, pero en la época de la colonia fue notoria por dos cosas: la riqueza de su arquitectura y lujo de sus interiores, y por haber nacido ahí el personaje central de nuestra leyenda.
Por aquellos días en todos los actos cotidianos la magia  intervenía, hechizos y creencias paganas se mezclaban, en el caso de nuestros personajes se trataba de un ritual para que el hijo de don Serapión naciera sano alejando a todos los malos espíritus, pero lo que vio la sirvienta mientras ejecutaba sus hechizos la dejo paralizada de miedo: ¡era la mismísima muerte!, que se encontraba en la cabecera de la cama de doña Escotofina; la mujer alarmada le señaló a su patrón hacia donde estaba la aparición, pero el caballero no veía nada porque su espíritu no era lo suficientemente fuerte para soportar aquella horrible aparición. Al poco tiempo fueron distraídos por la madre que estaba a punto de parir, la sirvienta corrió a atender a la mujer mientras el caballero esperaba afuera del aposento hecho un manojo de nervios, y tenía razón porque su hijo nació perfectamente sano, pero su esposa falleció en la labor. La sirvienta vio claramente como la muerte se llevaba el alma de la mujer, y el caballero le preguntó cómo se veía, a lo que ella le contestó que era como la flamita de una lámpara de aceite, pero de color blanco, fría, como si no se pudiera quemar.
Las mismas palabras de la comadrona fueron repetidas contantemente durante meses por don Serapión enloquecido por la muerte de su esposa, el padre del caballero mandó llamar a los médicos para que dieran su veredicto y finalmente se decidió mandar tapiar su habitación para no ser víctima de la vergüenza pública. Más la voluntad del anciano padre no se cumplió, pues al día siguiente hallaron muerto por su propia mano a don Serapión, quien días más tarde fue sepultado; el pobre señor abandonó aquella casa pensando que así la muerte se  quedaría entre sus muros, pero ni fue así, iba sentada cómodamente en el pescante del carruaje.
Semanas después el niño era bautizado sin pompa  que habían pensado padres y abuelos, quienes deseaban que su nieto ejerciera el oficio de médico y por eso llevaría el nombre de Rafael. Y así, Rafael Quirino Pimentel de la Mata, que en un futuro iba a curar, desde niño se le inculcó la disciplina dela medicina, pero todos los incidentes en la vida del pequeño resultaban contrarios a las normas médicas de ayudar a la conservación de la vida, y además aquel niño tenía la cualidad de atraer al a muerte; uno de estos ejemplos lo tenemos cuando Rafael y su amigo huían por unos viejos muros después de haber matado un gato con una pedrada, Rafael salió ileso al subir, pero su amigo resbala y cae sin vida, unas personas pasan en ese momento y ven el cuerpo inerte, pero nadie en esos momentos vio a la muerte cubriendo al niño, quizás porque sus espíritus no estaban predispuestos.
Semanas después Rafaelito jugaba en el jardín al cuidado de una nana negra, quien  lo vio jugando con un cuchillo y acto seguido le exigió se lo diera para ponerlo en un lugar seguro, pero la nana tuvo el mal tino de tropezar y enterrarse le cuchillo en el pecho, accidente que le provocara la muerte. Cuando Rafael tenía 12 años su abuelo cae gravemente enfermo y momentos antes sus muerte en la habitación se sintió una corriente helada, ahí estaba la parca en la cabecera de la cama, sin que Rafael la pudiera ver porque su espíritu todavía no estaba lo suficientemente firme para presenciar aquella horrible figura.
Al cumplir los 18 años el ahora joven, fue admitido en el Real Proto Medicato, sin embargo el gusto no le duraría mucho tiempo al obligar a uno de sus compañeros a beber uno de sus brebajes, más bien lo había tomado, el muchacho cae al suelo presa de violentos estertores que lo llevaron a la muerte. Rafael nunca fue estudiante, ni parecía tener disposición para el ejercicio de la medicina, pero el joven estaba decido a  ejercer esta profesión; y en vano buscó ayuda, fue inútil que derramara ríos de oro, y así fue como decidió buscar otra clase aliados: ¡la muerte!
La dama blanca, la inexorable parca se presentó ante aquel que la llamaba, y cual no fue la sorpresa del joven al saber de la misma aparición, que su apellido de Mata era el símbolo de su misión en el mundo, y podría ser médico pero todos sus pacientes morirían, la única manera de que pudiera ser médico era llevar a la muerte a su lado en todo momento, a donde quiera que fuera. El joven aceptó las condiciones que le dio la dama blanca y de ahora en adelante sería su fiel aliado.
Y así fue con la ayuda de la muerte, Rafael Quirino Pimentel de la Mata, llegó a ser médico, y la primera noche que salió a atender a un paciente, el joven vio a su lado a nada menos a que ¡a la muerte!; y cuando entró a la habitación del enfermo, este se dio cuenta de la compañía que traía aquel doctor, los demás no se percataron de tal cosa. Y a partir de entonces, algunos espíritus aptos para ver esas cosas, vieron al doctor llevando en ancas a la muerte, quien siguiera atendiendo a enfermos y ninguno sanaba, todos y cada uno de esos pobres infelices que se ponían en sus manos morían. Pronto corrió la voz de este entre los habitantes de la virreinal  capital, y el doctor Mata fue objeto de una ardua investigación, y al no haberse comprobado nada, Rafael  salió libre y continuó con su oficio, pero su mala fama fue creciendo.
Tiempo después el que caería gravemente enfermo sería el obispo Salazar, religioso piadoso y bueno quien también estaba destinado a morir apenas llegara el nuevo día, mientras había que aguardar toda la noche, ¿Qué mejor manera de matar el tiempo que jugando a las cartas?
El obispo no veía a la muerte porque aún no se le llegaba su hora, así el médico y la parca se enfrascaban en el juego de los naipes, pero se vieron interrumpidos cuando fray Trigueros aceptó jugar una partida de tres rondas con la dama blanca, si el religioso le ganaba, el obispo podría seguir viviendo, pero si perdía tendría que morir. El primer juego es ganado por la muerte, el tiempo avanza inexorablemente, las manos descarnadas de la parca parecen temblar de emoción, mientras el padre Trigueros le reza a Dios decide prolongar la última partida hasta el amanecer pues aunque perdiera no se podría llevar al señor obispo; las horas pasan y entonces se escucha el canto del gallo y con él llega la luz del nuevo día, acto seguido el padre hace que el médico y su acompañante se retiren del aposento, en ese momento el obispo se incorpora y ve salir a la muerte con el médico.
El religioso se guarda sus comentarios con el obispo de lo sucedido, temeroso de que su razón fuera puesta en duda, mientras tanto muerte y doctor hacen un nuevo pacto, en el cuál el doctor Rafael Soto, quien fuera profesor del doctor Mata, cae gravemente enfermo y esto definitivamente lo llevaría a su muerte, pero el joven estaba decidido a curarlo porque su maestro podría seguir formando más doctores y en cambio el solo llevaría la muerte a donde quiera que fuera; ante la petición de Rafael la parca acepto, pero a cambio él tendría que dar su vida de inmediato porque nadie podría ser borrado de la lista  de muertos.
Por única vez, el doctor Mata llegó al lado de su paciente sin la macabra compañía de la muerte, el profesor al no ver a la dama blanca accedió a que su exalumno le curara, y horas después de la caída de la noche, el doctor  de Soto estaba completamente sano, entonces llegó la hora del joven médico de cumplir lo pactado con la muerte bebiendo su espíritu de ésta. Rafael estaba contento de aceptar pagar este precio porque por primera vez había podido ejercer su profesión, y cuenta la leyenda que la parca atrajo contra su regazo  a aquel que había sido su fiel servidor, llorando por él; y cuentase también que desde ese día muerte  y doctor  montando en esquelético caballo, recorrían la ciudad buscando los lugares donde alguien iba a morir. El Santo Oficio y las autoridades abrieron de nueva cuenta el proceso al doctor Mata, y se dieron a la búsqueda de algo que terminara con tan horrible visión, pero en tanto, y por mucho tiempo, los dos aliados sembraron la pavura.
¿Cuánto tiempo duró vagando por las calles de la capital de la Nueva España aquella visión macabra? ¿Cuándo dejó de verse?
El relato de fray Bolaños dice que por siglos y siglos perdurará esa visión, ese aviso que señala el fin de nuestra existencia. Debemos estar tranquilos sin embargo, de saber que no todos los espíritus son fuertes y capaces de presenciar esa aparición. 

domingo, 16 de octubre de 2011

Vestigios prehispánicos en el Centro Histórico


El Palacio del Arzobispado
(Calle de Moneda número 4)
Este recinto cultural administrado por la Secretaría de Hacienda, podemos encontrar vestigios de la arquitectura prehispánica y la grandeza del Imperio Mexica bajo una construcción meramente colonial. Los restos se tratan de nada menos de lo que ha sido identificado como el templo de Tezcatlipoca, donde también fueron encontradas varias piezas, que son exhibidas en este edificio.
En 1987 el palacio tuvo una intervención arqueológica, en la que fueron abiertos algunas calas y pozos en los corredores del claustro principal, y gracias a estos trabajos fue posible localizar los lados norte y oriente  del basamento prehispánico, así como algunos muros de las primeras construcciones coloniales.
Un año más tarde fueron hechas más excavaciones, pero ahora en la parte central, donde fue descubierta una fuente ovalada  que se puede ver en el segundo patio, pero el hallazgo más importante fue a 2.19 m por debajo del nivel del suelo actual, que fue de un monolito cilíndrico  de basalto de tamaño considerable, que los arqueólogos identificaron como un cuauhxicalli (vaso de águila), totalmente esculpido con la representación de una deidad que se identifica como Tonatiuh, dios del Sol, y en la banda cilíndrica se pueden apreciar escenas  de once pueblos sometidos por los aztecas: Culhuacan, Tenayuca, Xochimilco, Chalco, Acolman, Tepanohuayan, Azcapotzalco, Tlaltelolco, Tonatico, Quiahuistlan o Mixtla y Cotaxtla.
Basados en la información anterior, los arqueólogos  consideran que esta pieza corresponde al periodo de Moctezuma I (1440 – 1469); su peso es de más de 10 toneladas con un diámetro de 224 cm, y la podemos encontrar exhibida en el Museo Nacional de Antropología bajo el nombre oficial de “El cuauhxicalli de Moctezuma”.

El Colegio de Cristo
(Calle de Donceles número 99)
En el año de 1986 se comenzaron los trabajos arqueológicos en lo que hoy conocemos como el Museo de la Caricatura, esto como parte del proceso de restauración del inmueble; esto dio como resultado el hallazgo de una de las edificaciones del Templo Mayor de Tenochtitlán. Uno de los tantos vestigios fue el de una pieza hecha en dos etapas constructivas correspondientes al periodo de 1499 a 1512 aproximadamente. Es un edificio de forma cuadrangular con sillares labrados, algunos de estos fueron usados para levantar el edificio colonial, pues en el inicio del muro se puede apreciar la cabeza de un cipactli (cocodrilo) labrada en piedra; también fue encontrado un muro de dimensiones generosas que va de oriente a poniente, con sillares de piedra y recubrimiento de cal, que pertenece a una de las últimas etapas constructivas aztecas (1512 – 1520); debajo del muro hay relleno de piedra de tepetate y debajo de este, había un graffiti en una piedra.
Yendo hacia abajo, había una esquina piramidal de talud, construida con lajillas recubiertas de estuco de etapas anteriores, se cree que esto corresponde a la inundación acaecida durante el gobierno de Ahuízotl (1486 – 1502), causada por un error en el control de las aguas del lago, según el registro de Fray Diego Durán, quien nos narra que Ahuízotl ordenó traer agua de Churubusco para nivelar el lago, lo que provocó una gran inundación que cubrió muchos de los edificios y hubo que reconstruirlos mejor que antes.
En otra parte del lugar, se puede apreciar un piso empedrado del siglo XVI y debajo de este, varios pisos de tierra recubiertos con enlucido de cal, todo esto de origen prehispánico.
También fueron descubiertos dos clavos en forma de cráneo, uno de andesita y otro de tezontle, este último con su enlucido de cal en perfecto estado de conservación; asimismo, apareció una cabeza de serpiente Océlotl dentro del relleno que servía de apoyo a una pilastra, esta pieza parece ser del último periodo escultórico aztecas, pues el manejo tridimensional lo indica. Las evidencias son claras en el labrado inferior de la piedra, detalle que expresa la creencia  de que los artistas no solo esculpían para los humanos, sino también para los dioses; en este caso en particular, para que los dioses del inframundo  pudiesen ver las representaciones en la parte basal de la escultura. Relacionada con esta pieza, fue encontrada una maqueta de tezontle de aproximadamente 5 cm de alto por 1 cm de ancho, que parece ser la representación completa del a cabeza de serpiente.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La Llorona versión prehispánica

Leyenda en que nos narra sobre la aparición de la diosa Cihuacoatl, 10 años antes de la llegada de los españoles a México. La deidad lloraba y gritaba de manera angustiosa por la desgracia que iba a caer a los de su raza.



domingo, 25 de septiembre de 2011

Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo


Fue edificado en el siglo XVIII por los jesuitas, ubicado en la segunda calle de San Ildefonso, que en algún tiempo se llamó de Monte Pío Viejo, se encuentra ubicado un bellísimo edificio que data de 1573, que lleva por nombre Colegio de San Pedro y San Pablo.
En esta institución se enseñaba literatura, historia, filosofía, ciencias sagradas y teológicas con sus respectivas derivaciones y vulgarización cristiana. En su biblioteca se podían encontrar una gran cantidad de libros, de entre los cuales destacan:
  • El Rusticario Mexicanaii, de Rafael Landívar
  • Heroica Deo Carmina, del padre Diego José Abad
  • Espejo para todos los reyes del mundo, descifrado en la estatua de Nabucodonosor; de fray Juan de San Miguel
  • Oruga Inmunda  en Mariposa Sagrada convertida y en la Mejor Luz Abrasada, de fray Manuel de Anduaga
  • El Gran Monstruo de los Cielos, Señor San Agustín
  • El Comulgador, del mercedario Francisco Gorosito

Existe todavía una larga lista de estos volúmenes, que no podría terminar de mencionarte, pero estos son solo unos cuantos ejemplo para que te des una idea de cómo era la educación en aquella época.
El Colegio era uno de los de más hidalguía que existía en la capital de la Nueva España, fue tal su popularidad que hasta se tuvo que mandar ampliar el lugar colocando un nuevo piso; además tenía un encanto especial que solo el arte que viene de Dios puede dar, una sombra de su infinita belleza.
Desde su fundación, siempre se puso mucho empeño en conservar con toda rigidez la pureza de sus costumbres, la caridad y la laboriosidad que caracterizó a estos religiosos; nunca exigieron limosna alguna o remuneración por los servicios que prestaban, además también hospedaban a toda aquella persona que lo necesitara, dándoles celda, cama, desayuno, comida, cena y les asignaban un religioso para que les sirviese durante el tiempo que permanecieran ahí. A las personas que deseaban estar en el anonimato y a las mujeres de la vida disipada, se les daba de comer en la portería y se les obsequiaba ropa y zapatos de buena curtiduría.
También se decía que los maestros criaban con mayor amor y afecto a sus alumnos, que los propios padres a sus hijos. Cuidaban del aprovechamiento de la virtud y las letras, naciendo del orden el aislamiento de las diversas disciplinas, llevarlas a la práctica en los actos públicos literarios y en las declamaciones recitadas, que servían de ensayos para puestos o cátedras; para cumplir estos fines, también eran utilizados los coloquios y las comedias latinas, que por lo general las representaban los alumnos más aventajados.
Fuera de las calidades y los ejercicios virtuosos notables, que eran impartidos en esta clase de colegios, concurrían otra clase de factores muy provechosos para esa edad, pues la compañía fomentaba entre el alumnado a la castidad, y si alguno de ellos osaba poner el mal ejemplo era expulsado de la comunidad. Los entretenimientos eran mu sanos, acorde a la juventud de la época y de los valores tan conservadores del Colegio. Se invitaba a los padres de familia a que no se afligiesen, ni les diesen un rato amargo y enojo a los hijos, pero que cuando hubiese necesidad de corrección y castigo, debían actuar con mesura y prudencia. En ese Plantel  se reunieron los Constituyentes en 1824, después fue anexado a la Preparatoria Nacional  y luego la Secundaria 6.
Los religiosos jesuitas fueron expulsados del Colegio de San Pedro y San pablo cuando la orden fue prohibida en México en 1767, esto después de haber educado a casi ocho generaciones de estudiantes criollos, tanto el templo como el convento quedaron en el abandono total.
Fueron usados como caballeriza y cuartel, después el Congreso Constituyente establecería sus sesiones en 1822, donde fue coronado Agustín de Iturbide y comenzó la creación de la primera Constitución mexicana en 1824. El lugar después tuvo muchos usos, como  manicomio, salón de baile, bodega y café de trova, hasta que en 1922 José Vasconcelos  mandó instalar una Sala de Discusiones Libres, donde las paredes y ventanas fueron decoradas con arte posrevolucionario, con el mural “Árbol de la Ciencia”, y los vitrales “El jarabe tapatío” y “El vendedor de pericos” de Roberto Montenegro, la pintura “El Zodiaco” de Xavier Guerrero, sin olvidar también los vitrales y las bóvedas hermosamente decoradas. El marzo de 1944 fue inaugurado como Hemeroteca Nacional, después pasó a ser el Museo de la Luz y hace poco tiempo fue abierto el Museo de la Constitución. Cabe mencionar que Montenegro participa en el movimiento de la pintura mundial, por los años de 1922 a 1923, pintando también para el exconvento de San Pedro y San Pablo, una de sus obras llamada “Fiestas de la Santa Cruz”, donde expresa de una manera creativa y decorativa el folklore mexicano, por la simplificación de sus formas, se acerca un poco al estilo de Diego Rivera.
Cuando observamos la portada, podemos apreciar que es de un estilo barroco florido, esto quiere decir, que es relativamente reciente, lo más probable es que sufrió modificaciones cuando la Universidad adquirió el edificio; este cuenta hasta nuestros días con dos patios casi idénticos, circundados por corredores con arcos de medio punto en sus plantas bajas, situados al poniente y al oriente y que están intercomunicados, en el patio poniente está un monumento de homenaje a los antiguos colegios de San Pedro y San Pablo, San Gregorio, edificado por la Universidad Nacional.
Existe una lápida que se encuentra en  la fachada del edificio, sobre la calle de San Ildefonso, que establece que el 25 de febrero de 1775, en la misma, abrió por primera vez sus puertas el Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas, que después llegaría a ser el Nacional Monte de Piedad, fundado por don Pedro Romero de Terreros; la lápida antes mencionado fue colocada en febrero de 1933.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Fiestas Patrias Mexicanas


Aprovechando que las Fiestas Patrias se encuentran prácticamente a la vuelta de la esquina, en esta ocasión traigo para ti un mini documental de cómo se festejan estos días en México. Aquí te platico un poco sobre las celebraciones en tiempos pasados, el grito, la comida típica, las bebidas, entre otras cosas más. Espero te resulte interesante, y ya sabes que cualquier comentario es bienvenido. ¡Felices Fiestas!


domingo, 4 de septiembre de 2011

El Colegio de las Vizcaínas


En tiempos de la Colonia, existía un solar que se encontraba limitado por los callejones de Pañeras, Caleras, Esmeralda y Gorilla, y que actualmente conocemos como las calles de Vizcaínas, Meave, Aldaco y Echeveste, donde se encuentra construido el famoso Colegio de las Vizcaínas o Colegio de San Ignacio, inaugurado en el año de 1766.
Las crónicas nos cuentan que a mediados del siglo XVIII, vivían en la capital de Nueva España un grupo de tres amigos que habían vivido en comunión espiritual con estrictos entrenamientos; estos hombres eran Ambrosio de Meave, originario de Villa de Durango, Vizcaya; Francisco de Echeveste, de Villa de Usurbil, Guipúzcoa; y José de Aldaco, proveniente de Oyarzun.
El primero de ellos llegó muy joven a tierras mexicanas, haciendo fortuna en el comercio, después el Ayuntamiento y la Archicofradía del Santísimo, le encomendaron la tarea de administrar los fondos para construcción del Hospicio de San Hipólito y la reedificación de los Colegios de Aranzazú y el de las Doncellas.
El segundo fue general del rey de los galeones de Filipinas y embajador enviado al Rey de Tonquín del imperio chino, y en México llegó a convertirse en prior del Tribunal del Consulado.
El tercero fue muy destacado aquí en México por ser  el apartador general de oro y plata, así como también por ser reactor de la Cofradía de Nuestra Señora de Aranzazú.
En 1671 estos tres hombres tuvieron la idea de crear una hermandad que sirviera como centro y escuela de caridad para niñas pobres, donde se tenía preferencia por las vascas en primer lugar, y después las españolas, sin mancha alguna en su nacimiento, pues no se admitían con mezcla de sangre porque desprestigiaban a la institución: Así quedaría conformado en Colegio de Niñas de San Ignacio de Loyola, mejor conocido en nuestro días como el Colegio de las Vizcaínas.
El lugar donde se encuentra en pie este edificio, en algún tiempo fue un terreno baldío que servía de muladar, y que fue comprado por la cantidad de 33 mil 618 pesos fuertes, y la obra costo más de 2 millones. La construcción comenzó a mediados del año de 1734, donde estuvo a cargo el Obispo de Durango, doctor Martín de Elizacochea; el colegio fue terminado el primero de septiembre de 1753, dando su aprobación por su fundación y constitución el rey Carlos III.
Al parecer ya todo estaba terminado, pero el problema que enfrentaban sus fundadores era que quería que la docencia fuera independiente del clero del Estado, situación que siempre los tuvo en una prolongada lucha, que adquiriera grandes penalidades contra prelados y autoridades, llegando a complicarse de tal modo, que uno de los fundadores propuso a sus otros dos compañeros que si no obtenían la autonomía le prendieran fuego a lo que tanto tiempo y recursos les había constado forjar.
El colegio de las Vizcaínas, al igual que el colegio de San Ildefonso, es un claro ejemplo de cómo eran los planteles educativos durante la época de la colonia, cuando el estilo arquitectónico que predominaba  era el barroco. La primera traza del proyecto, según nos cuentan las crónicas, fue de  la autoría de don Pedro Bueno Basori, quien murió cuando se comenzaron los trabajos de construcción, después la obra quedaría a cargo del maestro de arquitectura don Miguel José de Quiera.
Actualmente, cuando pasamos por enfrente de este hermoso lugar, podemos apreciar en su portada la crestería en forma piramidal, lo cual da al edificio un aspecto de inconfundible majestuosidad. La portada de la capilla fue construida en 1786 por Lorenzo Rodríguez; pero lo que se podrá considerar la columna vertebral son los cuatro patios principales, trazados de tal forma pues el tránsito entre corredores queda perfectamente comunicado, y por si no fuera poco también hay que destacar su monumental escalera. Tampoco puede pasar inadvertida su hermosa fachada de tezontle, los portalones de cantería y su fuente, son obras de la más exquisita belleza.
En cuanto a la capilla, afortunadamente todavía conserva sus retablos estilo churrigueresco, y además cuenta con un pequeño museo con pinturas, muebles y objetos de orfebrería, que fueron encontrados todos desperdigados.
El 8 marzo 1800 la ciudad de México sería azotada por un terrible terremoto, que dejó el inmueble bastante dañado; por suerte demandado reparar al poco tiempo y quién quedaría a cargo de este trabajo, fue el director de arquitectura de la Academia don José Antonio González Velázquez, junto con don Ignacio Castera.

Datos curiosos
  • El obispo don Martín Elizacochea  era peninsular, pues nació en Azpilicueta, Navarra fue catedrático en Alcalá y se traslado a la Nueva España como canónigo de México, pero a este hombre se le recuerda por haber erigido en su ciudad episcopal el templo de Santa Rosa.
  •  En el colegio de San Ignacio, estudió doña Josefa Ortiz de Domínguez, la Corregidora de Querétaro, quien  siempre se destacó por ser una alumna muy inteligente, pero muy traviesa.
  • Se dice que don Benito Juárez, le bautizó con el nombre de Colegio de la Paz.
Hoy en día podemos ver todavía en pie el colegio de San Ignacio o de las Vizcaínas, mejor conocido con este último nombre, pero desgraciadamente se encuentra bastante deteriorado, y es difícil creer que en ese lugar se hagan eventos importantes, debido a que el rumbo no es muy bonito que digamos, pues con todo el dinero que sacan de la renta lo mínimo que podrían hacer los encargados es tener bonita del edificio, no sólo para organizar eventos, sino por su enorme valor histórico y cultural.