domingo, 12 de febrero de 2012

La calle de la venenosa (hoy calle de la Santa Veracruz)


Dicen que el amor es más fuerte que la muerte, clara evidencia de tal aseveración la podemos encontrar en esta leyenda aterradora, ocurrida en el siglo XVII, donde se unen ambas características, para tener como resultado este verídico relato.
Durante aquella época vivió en la calle que era a espaldas de la Santa Veracruz y después callejón  de los Gallos, el violento capitán Juan de Ortega y Padilla, quien fijara aquí su domicilio para estar cerca de los cuarteles; se decía allá por 1667, siendo virrey don Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, que era un guerrero muy temido y sanguinario. Estaba casado con Juana de Pedroza, cuyo carácter se había endurecido con el trato del férreo militar, ambos solían tener constantes y fuertes disputas, pues cualquier incidente, cualquier cosa pie a que se siguieran como punto de media, llegando a subir tanto de tono, que la mayor parte de los casos terminaba en golpes, pero la mujer también le sabía devolver los maltratos a su fiero marido, quien después salía hecho una fiera de su casa para refugiarse en una taberna o en su cuartel, en donde decía estar mucho mejor que en su casa; y no bien salía su esposo, entraba Gonzalo de Padilla, apuesto y joven hombre sobrino del capitán, parecía que aquel caballero, que vivía cerca, en la calle de San Diego, escuchaba los gritos de la tía política, pues siempre tenía el tino de hacer su aparición después de una felpa. Al momento que llegaba Gonzalo, las facciones de doña Juana se suavizaban, y se acercaba más al sobrino buscando su calor y apoyo.
Los extremos a que iba a llegar el capitán se manifestaron a la semana siguiente, cuando en el cuartel le hicieron entrega de un instrumento para “domar” a su esposa: una correa de vaqueta. Dispuesto a estrenarla en doña Juana, apenas llegó a su casa comenzó a buscar una disputa, y agarrado del pretexto le metió una buena zurra a la pobre mujer, ya que según el cómo animal que era, así la debía de tratar, le dio y le dio, hasta que la dejó tirada en el piso. Cuando Gonzalo acudió ésta vez, la encontró llorando, descompuesta y adolorida por los golpes que le propinara su esposo, y con gran amor, con sumo cuidado, el joven sobrino comenzó a curar con vinagre la blanca espalda de doña Juana.
Las frecuentes visitas y consuelos que hacía el mancebo a su tía pronto dieron lugar a habladurías, las que decían que ambos sostenían ilícitos amores a espaldas del temible tío, el cuál no tardó mucho en enterarse de un modo vergonzoso cuando se encontró con dos tipos en calle, que le decían comentarios cargados de veneno. Con la cabeza bien caliente, entró a su casa como una tromba, encontrando a su esposa y su sobrino en actitud más que comprometedora, entonces como si de una fiera herida profundamente se tratase, el capitán se echó sobre doña Juana y comenzó a golpearla despiadadamente; al principio Gonzalo no supo qué hacer ante tamaña felpa, permaneciendo indeciso y petrificado, después lo único que pudo hacer es gritar para que dejara de golpear a su amada, entonces el capitán sacó su espada y estuvo a punto de matar a su sobrino, pero algo lo detuvo. Furioso el capitán llenó de baquetazos la anatomía del infeliz Gonzalo, que nada hizo por defenderse, ahora fue doña Juana quien le vio inmóvil. Golpe tras golpe caía sobre el pellejo del joven, que al fin vencido se desplomo en el piso bajo el furor del engañado.
Durante toda una semana no se escucharon las disputas entre doña Juana y don Juan, pues la mujer se encontraba postrada en cama, varios días permaneció inmóvil a causa de la golpiza que le propinara su violento marido. Al fin un día el capitán halló a su mujer vestida, levantada y repuesta, acto seguido le pide que le traiga una botella de vino, a lo que Juana ceremoniosa y atenta, sirve la bebida en el vaso de su marido, quién ansiosamente toma tres rondas, hasta casi vaciar el contenido de la botella, su esposa lo ve con profundo odio.
No había transcurrido un par de horas, cuando el capitán comenzó a experimentar agudos dolores de estómago, se revolcó y gritó como un condenado, mientras su frente se bañaba en sudor no dejaba de echarle maldiciones a su esposa por haberlo envenenado. Al amanecer del siguiente día, el marido había fallecido finalmente, y el médico que lo revisó dijo que había muerto del corazón.
Después del entierro del difuntito, el joven Gonzalo llegaba a la casa con toda confianza para consolar a su amada, y a partir de entonces vivieron tía y sobrino una borrascosa pasión que alarmó a toda la Colonia, pues su idilio trascendió a toda Nueva España, asunto que llegó a conocimiento de los padres del joven, quienes trataron llamarlo al orden y a la razón inútilmente, pues él estaba decido a casarse con doña Juana; los progenitores pegaron el grito en el cielo y decidieron mandarlo recluir en el convento franciscano.
Por varias horas Gonzalo estuvo pensando en su situación, pero sujeto al mandato y obediencia de todo buen hijo, aceptó marcharse de religioso, pero antes quería ir a ver a su amada; al saber la decisión de su señor padre, doña Juana creyó enloquecer de angustia y pasión, quien después le dio a beber una copa de vino, mientras contemplaba al joven con los ojos anegados de lágrimas.
Gonzalo no bien hubo llegado a su casa, cayó frente a su padre quejándose de agudos dolores de vientre; después postrado en su cama y sintiéndose morir, le escribió a su amada una desesperada carta de amor y de promesas. Doña Juana leyó con avidez la carta del joven, y al terminar de leerla  la arrojó lejos  de si y pegó un grito de angustia, había envenenado a Gonzalo como lo hizo con su violento marido, pero también sabía preparar el antídoto.
En alas de la ansiedad corrió hasta la casa del amado, llevando en sus manos temblorosas la cura, al llegar llamó a la puerta  de la casa, pero no la dejaron entrar porque el joven ya había muerto.
Corrió de inmediato por toda la Colonia la versión de que doña Juana había envenenado a Gonzalo, así como también diera muerte al capitán y se ordena su captura, pero la mujer astuta obra con rapidez, toma joyas y dinero para ir a pedir asilo al convento de Jesús María; y al amparo del sitio religioso, sabe la mujer que no ha de alcanzarla la justicia, pidió entonces a la superiora que la  aceptara como religiosa, y finalmente después de una larga insistencia, logró quedarse solo como penitente.
Nueve días soportó Juana de Pedroza  en el oscuro recinto conventual, causándose dolores y ayunos agobiantes, hasta que un día dos religiosas la descubrieron muerta, ahorcada en su misma celda, y dejando una nota escrita diciendo que su amor no la dejaba en paz.
Transcurrieron varios meses y ya este drama de amor parecía irse olvidando, cuando una noche apareció aterrador espectro por las calles de la capital de la Nueva España, y se dedicó a detener a los hombres que caminaban por las oscuras calles de la ciudad, los pobres infelices presintiendo un aventurilla, se dejaban alcanzar por la mujer y entonces veían  aquella horrenda aparición a la que muchos sucumbieron. Muchos fueron los que se toparon con la espectral mujer frente a frente.
Ese mismo año de 1667, el virrey se dedicó por segunda vez a la Catedral dela capital, y de regreso a Palacio trató varios asuntos, entre ellos, lo relativo al espanto que causaba en la Colonia la aparición de una espectral mujer que había ya causado muertes y desmayos; entonces sin querer, el virrey dio la solución a este misterio: exhumar sus restos y llevarlos al mismo cementerio donde yacía su amado. El cuerpo de la mujer fue llevado en macabra procesión, conduciéndola al cementerio de la Santa Veracruz, en donde estaba enterrado Gonzalo de Padilla. No con toda la voluntad de clero quedaron enterrados los amantes muy cerca uno del otro. Y quien iba a creerlo, con la reinhumación de doña Juana, la capital vio transcurrir tranquilas sus noches, ya no se escuchaban los ayes lastimeros del fantasma, ni los hombres eran detenidos para llamarles Gonzalo y causarles espanto y muerte.   
Transcurrió casi medio siglo, ahora nos encontramos en 1711, que fue un año inolvidable en el que regía como virrey Fernando de Alencastre, duque de Linares; y el 6 de agosto se dejó sentir una fortísimo temblor de tierra, que causó pánico en la Colonia, algunas casas se cuartearon y otras se vinieron abajo, causando muerte y desolación entre los moradores. Fue tan intenso, que hasta las campanas se tocaban solas, aumentando todavía más el terror entre la gente.
En ese trágico año se continuó la construcción del acueducto y arquería, que hoy conocemos como Arcos de Belén, sobre ésta corrió el agua que trajo a la capital sedienta el remedio a su sed.
Aquel años sin duda alguna fue de desdichas, pues ocurrió un hecho insólito: cayó nieve abundante en toda la cuidad, y los españoles acostumbrados al invierno hispano nada se alarmaron, pero quienes nunca la habían visto, lo tomaron como castigo celestial. Fue en ese mismo mes y año, cuando por urgencias de ampliación de la ciudad, se ordenó exhumar todo resto sepultado en el cementerio de la Santa Veracruz, y llegó el turno de abrir la fosa de Gonzalo para extraer la vieja osamenta, pero menuda sorpresa se llevaron los trabajadores al encontrar vacío el ataúd; sin dar mucha importancia al descubrimiento continuaron con el trabajo, y finalmente llegaron a la tumba de doña Juana de Pedroza. Cayeron las azadas sobre el féretro apolillado y cedieron las maderas y el polvo de medio siglo, entonces quienes exhumaron los despojos se hallaron ante un segundo y más impenetrable misterio: ¡la fosa de Juana contenía dos esqueletos! Estos despojos mortales, horribles y macabros, estaban unidos en un estrecho abrazo, sus descarnadas bocas vacías, mirándose con sus ojos huecos.
Los trabajadores sacaron las osamentas, pero fue inútil tratar de separar aquellos esqueletos que parecían estar sólidamente unidos por algo que fuera más poderoso que muerte, entonces los encargados del proyecto, determinaron que debían devolver los dos cuerpos a donde los habían encontrado, y así los cubrieron con tierra y disimularon aquella fosa que contenía dos esqueletos, sin que nadie pudiera explicarse tal misterio.
Nadie recordó los extraños acontecimientos ocurridos casi medio siglo atrás, entre quienes yacían allí abrazados: Juana de Pedroza y Gonzalo de Padilla, pocos supieron también en que el origen del nombre que se le dio a la calleja: Calle de la Venenosa, debido a este drama hecho leyenda. Durante muchos años y siglos, eruditos investigadores e historiadores trataron de saber cómo fue posible esa unión  de los dos esqueletos. ¿Los enterraron juntos algunos amigos y familiares? ¿El clero, el Santo Oficio? 

domingo, 29 de enero de 2012

Día de la Candelaria y los Niños Dios


NIÑO DE LAS PALOMITAS
La historia de esta imagen comienza en el año de 1923, cuando al padre fray Clemente le es obsequiado un hermoso  Niño Dios de 30 centímetro de alto, el cual tenía la característica de traer entre sus manitas unas blancas palomitas. Dicho presente fue hecho por la señora Josefina Larrañaga, mujer devota conocedora de las labores del religioso, por ese motivo el detalle de las aves, que representan el amor, la bondad, la fe, la sabiduría, la paciencia, la inocencia y la pureza, que se entrega a todos los hijos de nuestro señor Dios.
El fraile se hizo acompañar de la milagrosa imagen durante su estancia en el Convento de Victoria, en Avala España; y para cuando se tuvo que mudar, los habitantes de los rumbos comenzaron a pedirle favores al milagroso niño, que si los escuchaba con atención y los cumplía. Después llegó a la ciudad de México, en donde se le instaló en el Concento del Carmen, allá en los rumbos de San Ángel, la veneración de los fieles no se hizo esperar, y tal fue su éxito de la imagen milagrosa, que  el arzobispo de México aprobó su culto en año de 1944.
La devoción y los favores que cumplía este niño, se fueron corriendo de boca en boca, y no hubo templo carmelita alguno en que faltara la imagen; pero su veneración se afianzó más en el templo de Tacoaleche, Guadalupe, en el estado de Zacatecas, donde cada 7 de enero es su fiesta grande.
Oración
“Bendíceme, Niño Jesús y ruega por mi sin cesar. Aleja de mí, hoy  siempre el pecado. Si tropiezo, tiende tu mano hacia mí. Si cien veces caigo, cien veces levántame. Si me dejas Niño, ¿Qué será de mí? En los peligros del mundo asísteme. Quiero vivir y morir bajo tu manto. Quiero que mi vida te haga sonreír. Mírame con compasión, no me dejes Jesús mío. Y, al final, sal a recibirme y llévame junto a ti. Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén. Aleluya. Rezar una gloria.”

NIÑO DE LAS SUERTES
Cuenta la leyenda, que un día dos misioneros caminaban rumbo a Tlaxcala, cuando den repente escucharon el llanto de un bebé, se acercaron para averiguar más y se dieron cuenta que el pequeño tendría apenas unos escasos cuatro meses de edad, pero cuando uno de ellos se agachó para cargarlo, el infante quedó petrificado en la postura en la que lo podemos ver, y en ese sitio milagrosamente nació un hermoso manantial. Al ver tal maravilla, los frailes llevaron inmediatamente al niño ante el arzobispo don Francisco de Lizana y Beaumont, para relatarle lo sucedido y mostrarle la imagen como una prueba irrefutable.
Después de arrodillarse ante el Niño y rezar por el milagro, ahora debían colocarlo en un lugar fijo para que los fieles pudieran ir a rendirle culto, a lo que el arzobispo decide dejar la  decisión al azar: se llevaría a cabo un sorteo para ver en que iglesia se iba a quedar, y para sorpresa de todos, el Convento de San Bernardo salió dos veces ganador.
El arzobispo al principio se opuso porque el templo en cuestión era muy pobre, pero al ver que las probabilidades estaban a su favor, tuvo que apechugar, y entonces decide nombrar a la imagen como “El Niño de las Suertes”. Pasó el tiempo, y la gente contaba que el convento iba a ser demolido, por lo que decidieron trasladar al infante a otra capilla, pero al día siguiente grande fue el asombro de todos cuando no lo encontraron, y acto seguido se dieron a la tarea de buscarlo, hasta que lo encontraron recostadito en su anterior capillita.
Los devotos recomiendan, que cuando se visite al niño por vez primera hay que llevarle como obsequio un juguetito, sin importar el tamaño o su costo, pues al amanecer del día siguiente, estos aparecen en un lugar distinto al que se les dejó la noche anterior, por eso la gente dice que el pequeño juega en ese lapso de tiempo. Hoy en día ésta milagrosa imagen se encuentra en la hacienda “Ojo del Niño”.

Oración
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Piadoso Jesús mío y sagrado dueño, llego a tus plantas, arrepentido, a confesar mis culpas!

PRIMER DÍA EN HONOR DE SU PODER
¡Jesús mío, ten misericordia de nosotros! Óyenos piadoso y concédenos lo que te pedimos, por los cuidados que le prodigó tu Santísima Madre. (Petición). Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

SEGUNDO DÍA EN HONOR A SU SABIDURÍA
¡Que dichoso me siento postrado aquí de hinojos! Vengo a verte, mi amado Niño, vengo a pedirte consuelo en mis dolores. (Petición). Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

TERCER DÍA EN HONOR A SU MISERICORDIA
Levanto mis ojos hacia ti y te veo dulce y risueño, convidándome a abrirte mi corazón a contarte todas mis amarguras. ¿Me oyes querido Niño? El corazón me dice que sí. (Petición. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

domingo, 22 de enero de 2012

2 de febrero, Día de la Candelaria


El monje negro de la Santa Veracruz (Sucedió en la Avenida Hidalgo)


Sobre el tráfico nocturno de nuestra gran capital, suelen escucharse lamentos de este lego fantasmal que recorre las cercanías de la Santa Veracruz, pidiendo ser castigado, ¿Quién sería capaz de azotar a esta alma en pena que se asegura desde hace siglos vaga por aquí? La historia de este hecho sobrenatural y aterrador, comenzó en los primeros tiempos de la Colonia, siendo la iglesia de la Santa Veracruz una de las primeras construcciones de la época; su primer sacristán el lego Crispín González Bretón, a quien recibió fray Juan de Toledo encargado del templo.
En el lugar, todavía hacían falta muchas cosas por hacer para tener orden, por eso los frailes y el lego se dispusieron a colocar el famoso Cristo del Perdón, que regalara a la iglesia Hernán Cortés, y que aún puede verse en este templo, finalmente después de una ardua labor, el Cristo quedó en su lugar; después había que seguir colocando más imágenes, pero al desempacar  una de estas, se dieron cuenta de que un ángel había sufrido un deterioro, a lo que el lego se ofreció a repararlo.
Transcurrieron los días y semanas, y el lego se ocupaba de sus deberes como sacristán, y hay constancias de que nunca hubo motivo de queja contra él y de los frailes encargados de la iglesia. Un día el religioso dio la sorpresa a fray Juan Antonio y a fray Juan, mostrándoles la talla de un ángel que había hecho, a los primeros les extrañó de sobremanera de que el escultor no hubiera seguido avanzando en sus labores religiosas,  pues el argumentaba que su espíritu era débil, así los frailes comprendieron que el lego tenía motivos para no haber seguido el camino del sacerdocio.
Con el paso del tiempo, la iglesia era muy visitada por las damas y caballeros hispanos, y mucho llamaba la atención de los fieles el ángel tallado por el lego González de Bretón, y los frailes dándose cuenta de ello, una noche lo mandaron llamar para que confeccionara una imagen de la Virgen Dolorosa, que llevarían  en procesión durante los festejos dela Semana Santa  hasta el Templo del Calvario.
Una vez que hubo conseguido la madera de cedro blanco, el lego escultor se dedicó a su tarea, pero al llegar al rostro de la Virgen, se encontró con la pequeña dificultada de ¡no recordar el rostro de la imagen! A partir de entonces el religioso se la pasó largas horas delante de la escultura inconclusa, noches y días se pasó con las herramientas en la mano, sin atreverse a moldear la carita. Al fin un día, cuando el tiempo se le venía encima, ocurrió el hecho que desencadenó los acontecimientos que formarían esta leyenda.
El lego vio asombrado el rostro excepcional de una mujer que oraba frente al altar del Cristo del Perdón, la dueña de ese rostro dulce y bello era doña Catalina, y fue esposa de don Felipe Bracamontes Castillejos; desde ese momento el religioso comprendió que aquella dama debía ser su modelo, comenzando a seguirla desde ese día. Durante las misas no quitaba los ojos de doña Catalina, tratando de grabarse su rostro; y una mañana cuando el lego comenzó a tallar el rostro de la Virgen, que no era otro que el de la dama, pero le faltaba el toque final: sus hermosos ojos.
Entonces se le ocurrió algo que nunca se hubiera imaginado: espiarla en su casa; y esa misma noche pudo llegar hábilmente a la azotea del edificio frontero, desde donde se puso a espiar a la mujer, pero no tenía allí media hora, cuando vio que un caballero escalaba la ventana.
Furioso el religioso bajó de su escondite y corrió hasta el taller, dispuesto a destruir el rostro de la Virgen, pero cuando levantaba el martillo, recapacitó al contemplar el trabajo plasmado en su escultura, y se cuenta que desde esa noche vio perturbada su mente y asaltada su alma por mundanos pensamientos. El viernes siguiente por la tarde el lego volvió a ver a doña Catalina, pero esta vez estaba llorando, entonces los ojos del lego se posaron en el cristo del Perdón y habló casi sin darse cuenta, pidiéndole que los pecados de la mujer se los pasara a él.
Finalmente el religioso terminó la escultura de la Dolorosa, y cargando  una petición al Cristo del Perdón, los frailes contemplaron  su rostro, que les recordaba a alguien, se olvidaron del asunto y llevaron a la virgen en procesión; fieles y religiosos se aglomeraron para dar comienzo al evento, y cuenta la leyenda que la bella y frívola Catalina, advirtió con agrado el enorme parecido que el rostro de la virgen guardaba con ella, y no falto quienes consideraran como un sacrilegio el hecho de que el escultor hubiera tallado el rostro de la dama para la Virgen.
Y la mujer halagada en su vanidad, acudió al lego para felicitarlo, y en agradecimiento lo invitó a cenar a su casa. Tres noches más tarde cenaba el religioso en casa de la pecadora, quien había advertido la admiración y el deseo que despertaba en él, coqueteando bien y bonito.
Después de aquella invitación, el lego visitaba con frecuencia a la dama, que ya poseída por los demonios había planeado conquistarlo, hasta que finalmente hizo tropezar al religioso, convidándolo de terrible pecado; y fue tanto el amor, la pasión que en él despertó la pecadora, que este insistió ante el Cristo del Perdón pagar las culpas de ambos. Finalmente ella se cansó del lego y lo alejó con mentiras piadosas, y después con escarnios y burlas. Después tuvo noches de tormento, bulléndole en su cerebro horribles ideas, que desembocaron en un vulgar crimen pasional.
Si bien es cierto que tratóse de guardar reserva sobre el escandaloso asunto, los detalles de los amoríos de Catalina con el religioso, del conocimiento fueron de toda la Colonia. El pobre lego fue juzgado, llevando minuciosa relación de lo sucedido, y finalmente se pronunció la siniestra sentencia: sería sometido a tortura para expiar sus pecados y después sería quemado en leña verde; el cadáver de la pecadora sería enterrado en tierra maldita y su cuerpo azotado 80 veces con soga mojada en sal y vinagre. Al condenado se le colocó su hábito negro de penado y se le encerró en una celda de la cárcel de la Corte; once días después el carcelero notó que la celda estaba vacía, pero lo más curioso fue que el cadáver de ella también había desaparecido.
Durante meses ambos fueron buscados inútilmente, y al fin una noche la ronda descubrió al lego en el campanario de la mismísima iglesia de la Santa Veracruz. Rápidamente los soldados  fueron a aquel sitio para detenerlo, pero cuando llegaron al campanario, solo hallaron la soga que se balanceaba al compás de badajo, entonces escucharon proveniente de las escaleras carcajadas burlonas, siguieron el ruido hasta que llegaron a una puertita que se encontraba muy escondida; se dispusieron a ir y se dieron cuenta de que estaban en la entrada de un túnel oscuro y macabro, y como era de noche los guardias decidieron venir a investigar cuando hubiera luz de sol.
Al día siguiente, con antorchas y faroles los soldados y el capitán recorrieron el túnel, si encontrar al lego, hasta que finalmente llegaron a la salida, habían pasado por debajo del sitio que hoy ocupa el hemiciclo a Benito Juárez. Intrigados los soldados por la desaparición del religioso, decidieron montar guardia día y noche en la puertita escondida y a la salida del túnel, estuvieron por varios días, sin que apareciera por allí la figura del lego.
Transcurrieron así cuatro años, ya nadie se acordaba del reo prófugo, hasta que una noche se apareció un religioso con la cabeza totalmente cubierta y con una soga en la mano, quien le pidió a un transeúnte que le diera los 80 azotes por los que andaba penando en este mundo desde hace varios años; y como era de esperarse, el peatón salió huyendo como alma que lleva el diablo.
Aquella horrenda aparición se les presentó a varios caballeros desde entonces, y una noche pasó ante la iglesia un tipo llamado Bernáldez, que tenía fama de ebrio y de canalla, y un día tuvo el tino de pasar cerca de la iglesia y escuchó aquella petición de ultratumba, a lo que este hombre aceptó encantado de la vida. A los veinticinco azotes el hombre se detuvo, pues pensó que el raquítico religioso no sobreviviría, pero cuál no fue su sorpresa cuando vio su rostro descarnado.Al día siguiente encontráronse el cadáver del Bernálvedez recargado contra el muro del lado sur de la iglesia.
Durante varios años la espantable y aterradora figura se apareció por los alrededores del templo, llegando incluso  hasta la época porfiriana, y estos se vuelven más frecuentes antes o después de la Semana Santa. Muchos aseguran que hoy sigue penando, y hay todavía varias preguntas que siguen sin ser contestadas: ¿El lego se robó el cadáver de su amante?, ¿Cómo logró escapar?, ¿Cómo se alimentó durante su vida en los tenebrosos túneles?
Son preguntas que se contestarían si el lego hubiera sido detenido. ¿Les gustaría investigarlo? Entonces los invito a que vayan en busca del espectro, quizás se topen con él. ¿Podrían aplicarle el castigo a ese ser ultraterreno para que deje de penar? ¿No? Mientras lo piensan, les recuerdo que nos vemos la próxima semana.

domingo, 15 de enero de 2012

Iglesia de la Santa Veracruz


Hernán Cortés fundo la Archicofradía de la Cruz para dar gracias por haber llegado a Veracruz, el Viernes Santo de 1519 cuando piso por vez primera tierras mexicanas; y por tal motivo se le bautizó al puerto  de esa manera. Es la segunda parroquia más antigua de la ciudad, junto con Santa Catarina.
En dicha asociación solo podrían  participar  las personas más importantes de la cuidad, solicitando su ingreso los títulos de Castilla y los mayorazgos, quienes tuvieron pase automático; en cuanto al virrey, se le postuló como jefe de la aristocrática hermandad. Todos los integrantes querían que se les diera el estatus de orden militar, así como los de Calatrava, Montesa, Santiago y Alcántara, para así tener el título tan rimbombante de “Caballeros de la Santa Veracruz”, y sobre el pecho portaban orgullosos unas cruces rojas.
Una vez formada la asociación, sus integrantes pidieron al Ayuntamiento que se les concediera un terreno para establecer una iglesia y una iglesia, autorización que fue dada inmediatamente y ni tardos ni perezosos empezaron los trabajos de construcción, declarándose parroquia en diciembre de 1586.
La iglesia hecha de tezontle que podemos en la actualidad, no es la construcción original que se fundó. La primera se fue deteriorando a lo largo de dos siglos que se mantuvo en pie, después se le mandaron hacer trabajos de reparación, que solo le ayudaron a extender su vida útil por 31 años más. Los Caballeros de la orden al ver el estado tan deplorable en que se encontraba su templo, decidieron derribarlo y mandar construir uno nuevo, que es el que podemos apreciar hoy en día. La obra fue comenzada en mayo de 1759, quedando 5 años más tarde terminada, y fue dedicada el 13 de septiembre de 1764 en una muy solemne ceremonia, en donde asistieron personajes como el arzobispo don Manuel Rubio y Salinas, el cabildo catedralicio, el clero, los prelados de todos los conventos, la nobleza no podía faltar y todo el señorío de la ciudad; por todos lados se podía ver el derroche de lujo y riqueza, con sus galas y joyas.
Al rey Carlos V de España le fue obsequiado por el papa Paulo III, un hermoso Cristo crucificado, a lo cual el soberano decidió donarlo a la iglesia de la Santa Veracruz; a esta imagen religiosa se le conocería como el Cristo de los Siete Velos, esto debido a que  se concedían cierto número de indulgencias plenarias  a los fieles que lo visitaran y pudiesen quitarle las siete telas que le cubrían. También  es importante mencionar que, Carlos V donó varias reliquias de santos y un lignum crucis. La imagen del Cristo es  de origen italiano, y data de fines del año 1400.
¿Qué hacían los cófrades? Todos los miembro, tenían la obligación de asistir y consolar a los condenados a muerte en sus últimos días de vida, también los acompañaban hasta el patíbulo llevando al Cristo de los Siete Velos y cubrían sus gastos fúnebres.
Durante muchos tiempo solo loa gente rica podía formar parte de la Archicofradía, asunto que no a muchos les agradaba, por lo que el virrey decidió decretar que pudiera integrarse quien deseara, con la condición de cumplir sus obligaciones, sino se haría merecedor de una multa quinientos pesos. Con el paso del tiempo los integrantes eran en su mayoría comerciantes y agricultores, quienes no lo hacían tanto por ayudar a los más necesitados, sino más bien  para tener el pomposo título de “Caballero de la Santa Veracruz”, y poderlo lucir con todos los cuates. Después el vulgo les empozó a apodar, como los “Caballeros del Petate” porque estaban escasos de fondos para cubrir los gastos de los entierros.
Entre las múltiples  cofradías establecidas en esta parroquia, había una cuyo fin era recoger los cuerpos de los muertos por justicia para darles cristiana sepultura, cosa de la que ya no se ocupaban los ilustres Caballeros del Petate; además los cófrades también recogían las cabezas y las manos de los condenados a muerte a los que se había dispuesta cercenarlas para exhibición, para así devolverlas a sus pobres dueños y que pudieran presentarse completitos el día del Juicio Final.
Como dato curioso, les cuento que el célebre arquitecto don Manuel Tolsá era muy afecto a asistir a esta parroquia, por lo que al morir sus restos fueron sepultados en dicho recinto, después fueron trasladados al Panteón de San Fernando.

sábado, 7 de enero de 2012

Los juguetes mexicanos


Los juguetes con lo que se divertían los niños de hace un siglo, definitivamente son totalmente diferentes a los actuales. Los infantes de antes empleaban juguetes hechos de distintos materiales, como cartón, barro, lámina, trapo, madera, dulce, palma tejida, entre otros; los cuáles son la materia prima para hacer simpáticos muñequitos, con los que los pequeñines echaban a volar su imaginación creando nuevos mundos.
Con el paso del tiempo esta tradición se ha ido perdiendo, llegando en la actualidad a estar prácticamente en vías de extinción, pero todavía podemos encontrar en algunas partes de la república que venden estos juguetes como curiosidades o artesanías.
Por desgracia para ellos, la tecnología los ha ido segregando en el olvido, pues los niños ahora en vez de pedir a los Reyes una muñeca o un carrito, quieren teléfonos celulares, ¡Pods, ¡Pads, computadoras, consolas para jugar, videojuegos, etc; y estos han hecho que la infancia vaya perdiendo su capacidad de imaginar y crear, pues los mundos de fantasía ya se los dan hechos.
Regresando al tema que nos atañe, para saber de los tipos de juguetes que se hacían antes, en ésta ocasión nos toca conocer a los que eran hechos de barro. ¿Me acompañas?

Tortuga
Santa María Atzompan, Oaxaca

Todos los juguetes de esta localidad se fabrican en pequeños talleres de alfarería, organizados de forma rudimentaria.
Hornos cilíndricos de adobe, de un metro y medio a dos de altura, tahonas movidas por la fuerza física del hombre, como todavía se acostumbra en algunas alfarerías. Y sin embargo, de allí ha salido y seguirá saliendo la obra de los alfareros zapotecas, cuyos dones manuales y clara conciencia artística realizan siempre un milagro, el milagro de transmitir al barro el interés de un mundo nuevo en que viven sus a animales engretados en verde.
¿Qué es el barro engretado? Data desde la época de la Colonia, debido a que las grasas animales se pegaban a sus trastes de barro, y para solucionar este problema se les colocó a éstos una capa exterior vidriada, que lo hace verse brillante y frágil.

Gallina de barro
Morelia, Michoacán

Es uno de los ejemplares probablemente producidos en baja escala, siendo los más comunes los patos y los gansos con sus crías encima. A pesar de su manufactura un poco primitiva, resulta ser un juguete hermoso, pues su imagen resultado tierna y encantadora. Solo en el acabado final, el decorador suele poner su toque personal a la hora de pintar los ojitos, resultando en todas las ocasiones cómico.

Tecolote con cabeza de mujer
Tonalá, Jalisco

Vemos aparecer en esta pieza el interés del pueblo por la creación de sus quimeras. El cuerpo de este extraño ser, da como resultado la estimación acostumbrada por los alfareros para representar el tecolote, mientras que la cabeza de amplia proporción indígena representa el tipo de una mujer perteneciente a la clase media popular.
Idéntica preocupación aparece en los temas de canciones, y en este caso tenemos la siguiente:
“¿Tecolote que haces ahí
sentado en esa pader?
Esperando a mi tecolota
que me traiga de comer…”

Torito engretado y pintado
Metepec, México

Está es una de las piezas más notables de la cerámica del Estado de México. Como podemos apreciar en la ilustración, se trata de una alcancía de barro engretado, decorada con colores brillantes de resina. Los cuernos, la cola y las pezuñas van dorados, así como las plumas trazadas de “jalones”, que lucen en el cuerpo del animal.
Un profundo conocimiento del toro revela ésta cerámica, lo podemos apreciar en el movimiento de la cabeza en su postura noble, la gracias de la cola, la actitud bien plantada de sus patas, y en general toda su estructura, convierten a este hermoso juguete en toda una obra de arte.