domingo, 24 de enero de 2010

El caballero de la capa escarlata (Sucedió en la Casa del Factor en la calle de Jesús María)


El templo de la Merced, como su nombre lo dice también tuvo su convento, en honor a Nuestra Señora de la Merced, que fue construido a finales del siglo XVI. Este barrio fue uno de los primeros en contar con agua en 1591, hasta fue hecha una pila a un costado del Templo de la Merced. Como el agua es igual a vida, muchos habitantes de la Nueva España buscaron la manera de edificar su morada por esos rumbos, uno de ellos fue don Diego de Gómez y Quintana, quién fuera Factor de la corte del virrey don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, que llegó al poder en 1595, gracias a este caballero don Diego consiguió una casa en las calles de Jesús María.
Cuentan las crónicas que este hombre era un hombre sin escrúpulos y cruel, eso no era de sorprenderse en aquella época porque la mayoría era así.
El caballero en cuestión era factor virreinal y su cargo consistía en recaudar las rentas para luego rendir los tributos de la corona; esto propiciaba el desbordamiento de sus más bajas cruentas pasiones, se decía que estas las llevaba hasta sus últimas consecuencias. No tenía compasión con el pobre infeliz que servía de diversión a los amigos de don Diego tratándolo punto menos que un animal, hasta que lo llevaban a la muerte; pero no nada más las víctimas eran para torturarlas, otras veces eran doncellas raptadas de sus casas las que servían de entretenimiento a los comensales.
Como resultado de todas aquellas atrocidades, aquel hombre se había hecho temer entre todos los que le conocían, entre ellos una familia que tenía que dar en matrimonio a su hija con aquel canalla, si se oponía tomaría cruel venganza. Aquella doncella tuvo que plegarse la mandato de sus padres y aceptar el compromiso con don Diego de Quintana; a la pobre muchacha solo le quedaba suspirar resignada, mentalmente decía adiós a sus ilusiones, a sus esperanzas de felicidad y al amor de cierto mancebo. Aquél galán acostumbraba rondar la casa de doña Elena del Río y Cuevas, prometida del factor; ella ya no acostumbraba a salir al balcón a ver su amado, debido a su compromiso matrimonial, y entonces la dama decidió aclarar aquella situación con su galán, don Rubén.
Después de haber escuchado la trágica historia de la doncella, el mancebo decidió tomar cartas en el asunto, no podía permitir que por nada del mundo aquel bergante cruel y desvergonzado le quitara a su amada. Los días pasaron una noche se presentó la oportunidad: el factor regresó más tarde que de costumbre después de haber libado con exceso en la taberna, el alcohol que corría por sus venas le nublaba la razón y la vista, con dificultades reconoció el zaguán de su casa cuando llegó; ocupado en buscar la llave del portón no advirtió que una sombra de un embozado surgía a sus espaldas, y antes de que el pudiera evitarlo, lo había atravesado de lado a lado con su espada. Embozado en su capa, don Rubén de Vicencio y Rendón se alejó por la obscura calle de Jesús María, mientras el cuerpo sin vida del factor quedaba tendido en medio de un charco de sangre frente a su casa.
Gran conmoción causó la muerte de don Diego en la corte, el virrey dispuso solemnes funerales para el; también por disposición gubernamental se sepultó al factor ataviado con la capa tinta en sangre con que lo habían encontrado muerto en la calle. A su paso los caballeros se descubrían y las damas se santiguaban, pero nadie sentía el menor pesar por su muerte y hubo quién como la familia de doña Elena del Río y Cuevas, no solo no sintió pesar, sino que hasta se alegró.
Eran tantos los enemigos del factor que resultó imposible saber cuál de todos le había dado muerte y el asunto se fue olvidando poco a poco; la soberbia mansión que habitó el funcionario en vida quedó abandonada, pero pasado algún tiempo, la gente que vivía en sus cercanías empezó a advertir cosas extrañas en aquella siniestra casa. Se decía que a determinadas horas del a noche se oían risotadas y gemidos en su interior, como cuando el factor atormentaba esclavos ante sus invitados; y también se decía que pasada la media noche salía un extraño caballero embozado en una capa escarlata, y que a todo el que tuviera la desventura de pasar por ahí lo abordaba amenazante. Cuentan que aquel transeúnte le pidió su bolsa de monedas de oro y que al oír la escalofriante carcajada del espectro se desplomó sin vida en la calle. Los cadáveres encontrados en aquel rumbo fueron muchos.
Los acontecimientos de la casa del factor empezaron a llenar de miedo a la gente del vecindario, nadie se atrevía a pasar por ahí por temor de toparse con el siniestro caballero escarlata; a esto se aunaba la continua y extraña presencia de intrusos dentro de la misma casa, delatada por el escándalo noche tras noche. Tan asustada se encontraba la gente que hasta recurrieron a las autoridades para denunciar lo que ahí acontecía.
Las autoridades dispusieron un cateo en la casona abandonada ese mismo día; al derribar la puerta lo único que encontraron fue polvo y un desolado abandono, pero había algo inusual que el alguacil encontró en un perchero: la capa ensangrentada.
Los inquisidores la sometieron a un riguroso examen y esa noche la dejaron guardada en un armario de la bodega de la inquisición, pero horas más tarde en aquella casona se pudieron escuchar espantosos alaridos de pavor, mezclados con escalofriantes carcajadas.
A la mañana siguiente se hizo un desconcertante descubrimiento en el edificio de la Inquisición: la capa había desaparecido. Acto seguido se hicieron los trámites necesarios para exhumar el cadáver del factor, súbitamente en ese momento el cielo se nubló y después de un rayo atronador, se dejó caer un aguacero torrencial que azotaba sin piedad las tumbas, a pesar de ser media mañana las tinieblas dominaban el cementerio. Los inquisidores no tuvieron otra opción que regresar a su convento, todos ensopados, cada vez más intrigados con los acontecimientos.
Pasando a cosas más agradables, doña Elena y don Rubén eran muy dichosos, ya que dentro de poco tiempo contraerían matrimonio, pero la conciencia del galán a cada momento le reprochaba el crimen que había cometido, y no podía ocultarlo frente a su amada cuando mencionaba su alegría de no haberse desposado con aquel mal hombre. Don Rubén se separó de su amada después de l toque de ánimas de aquella noche y enfiló los pasos hacia su casa, buen cuidado tenía de rodear la casa del factor, pero en esa ocasión iba demasiado distraído y cuando se dio cuenta ya estaba a escasos pasos de ella. Lleno de pavura quiso huir y volvió sobre sus pasos, pero aquella infernal aparición le cerró el paso, el mancebo quiso huir, pero el espectro del factor se lo impidió y lo arrastró al interior de la siniestra mansión.
No faltó sin embargo quien presenciara la espantosa escena y corriera a dar aviso a la prometida del caballero, la joven lo miró horrorizada y desprendiéndose de los brazos de su padre, salió corriendo como una loca a salvar a su amado; pero ella, fuera de si cómo estaba, no escuchó los gritos de su padre y corrió con desesperación hasta la casa del factor. Se llevó la mano al pecho y asió la cruz que de su cuello pendía, invocando la ayuda del altísimo para ayudarle a enfrentar lo que le esperaba en aquella siniestra mansión; rezando todo el tiempo, se detuvo en el umbral del que fuera el salón de fiestas de la casa del factor, y lo que vio ahí la paralizó de horror. Entonces, venciendo aquel miedo que le helaba la sangre, la muchacha enarboló en alto el crucifijo ante aquellos malignos espectros que tenían secuestrado a don Rubén.
Un atronador alarido que parecía venir desde los mismísimos infiernos se escuchó. Aquellos seres infernales, ante la sola vista de aquella figura divina, cayeron al suelo retorciéndose como si sintieran unas quemaduras espantosas, y al último se deshacían dejando en el suelo una fétida masa blanca; acto seguido el factor embozado en su capa trató de huir, pero fue alcanzado por la dama y de un tirón lo despojó de su prenda; mudo de estupor alcanzó a ver el rostro de aquel mal hombre, entonces en un abrir y cerrar de ojos el espectro se esfumó, dejando en el ambiente un horrible hedor a azufre.
Doña Elena cayó de rodillas ante el cuerpo de don Rubén, quien yacía sin sentido, de repente el parpadeó ligeramente, al encontrarse ante su amada la miró angustiado, pidiéndole lo llevara ante un confesor para descargar su conciencia, y poder vivir en paz.
Doña Elena lo complació y poco después lo dejaba en el convento de la Merced, donde el caballero confesó su crimen. Mientras tanto, a pesar de lo avanzado de la noche, la dama llevó a Santo Domingo la capa que le quitara al espectro del factor.
Al día siguiente fue exhumado el ataúd de don Diego Gómez y Quintana, pero al abrirlo se encontraron con que estaba vacío, y esa misma tarde la capa fue quemada, pero cuenta la leyenda que al ser echada al fuego se escuchó un espantoso alarido, y que mientras se consumía una negra columna de fuego se elevó por los aires, dejando ver una siniestra y conocida sombra que a todos llenó de pavor, pues era nada menos que Satanás.
En varios documentos de la época aparee esta espeluznante historia y gracias a eso ha podido ser reconstruida. Sin embargo, no se habla de lo ocurrido después a don Rubén de Vicencio , ni de si fue perdonado por su crimen, quizás después de saber que el caballero escarlata era el malvado factor, su culpa se atenuó y no recibió castigo.
Como quiera que sea, no hay duda de que cuando se transita por las noches cerca de la que fue la casa del factor en la calle de Jesús María se advierte algo extraño en el ambiente. ¿Se aparecerá todavía el siniestro factor de la capa escarlata?

miércoles, 20 de enero de 2010

La Cuidad de los Palacios

Así es como mejor se conoce a al Cuidad de México, debido claro a que todavía conserva muchos de sus monumentos arquitectónicos, que van desde la época colonial (1492) hasta el finales del siglo XIX y principios del XX, durante el Porfiriato con su estilo afrancesado. El nombre de “Cuidad de los Palacios” se lo dio el inglés Charles Joseph Latrobe en 1832 durante un viaje; esta expresión se le ha atribuido de manera errónea a Alejandro de Humboldt, tal vez esta confusión fue porque también este personaje manifestó a su manera la admiración que tuvo al ver la imponente y soberbia arquitectura de la capital. Toda persona que visitara cuidad quedaba pasmado ante aquellos imponentes edificios muy señoriales todos, tanto edificios de gobierno como casonas fueron construidos con ese tipos de arquitectura, dándole a la cuidad un aspecto de grandiosidad y majestuosidad; este estilo llegó a su climax en la época del Porfiriato y lo podemos ver en el Palacio de Bellas Artes y el Palacio Postal.
Cuando los criollos ascendieron a nivel social, tuvieron su auge las casas señoriales, ya que estos querían ser reconocidos como nobles, no escatimaban gastos en la contratación de arquitectos, albañiles y canteros, para que aquella residencia fuera un lujo total. Cada casona tenía su propio estilo, pero en lo que todas coincidían era que en aquella época solo contaban con dos pisos:
=>En el primer piso al entrar se encontraba un patio principal con una fuente en el centro, todo delimitado por arcos y columnas.
=>La planta baja estaba destinada a servicios como la portería, las cocheras, las bodegas, las caballerizas y las habitaciones de caballerizos y la servidumbre.
=> Si la casona contaba con entresuelo era utilizado para alojar huéspedes ó como despacho.
=> La planta alta era un entorno familiar, donde se recibía a los invitados ó se descansaba, la delimitación del espacio público y privado era muy estricta.
Había una escalera principal que conducía a la antesala, donde se hacía esperar a los invitados antes de hacerlos pasar al salón del estrado; este lugar era el elemento más importante del palacio, ubicándose en la parte que daba a la calle, ocupando de preferencia el balcón central ó en algunos casos los laterales. Aquí se podían encontrar los retratos del virrey y la familia, enfatizando a los miembros de alta jerarquía eclesiástica ó militar.
Este salón se encontraba conectado con otro llamado del dosel, donde se encontraba el retrato del monarca más reciente; así si algún día visitaba el palacio podría ver que tendría un lugar reservado.
Otra área denominada la asistencia, es lo que conocemos hoy como sala, donde la familia se reunía para leer ó realizar labores domésticas como coser y bordar, otras veces se jugaban cartas ó ajedrez.
El gabinete ó despacho era el lugar donde se recibía a las personas cercanas para hacer negocios; y estaba lleno de cosas que fueran de interés del dueño, por ejemplo: mapas, pinturas, astrolabios, libros, marfiles, brújulas y cajas decoradas.
Había salas especiales para diferentes temáticas: ejecución de instrumentos musicales, si había un pariente guerrero se mostraba todo el arsenal se armas, colecciones de otros lugares, y todo lo que se les pudiera ocurrir.
En la época de la colonia todas las familias poseían un título nobiliario, el cuál les daba derecho a construir un oratorio privado; por lo general estaba ubicado junto al salón del estrado con un retablo dorado rico en figuras, donde se exhibían crucifijos de marfil y candelabros de plata, también había bancas y reclinatorios.
Sin duda alguna, el área más privada del palacio eran las recámaras con lujosos taburetes, cómodas y arcones; a veces había pilas de agua bendita y un reclinatorio. Un mueble muy curioso llamado biombo de cama era usado para proteger a la persona de las corrientes de aire y los ojos indiscretos; en un rincón del cuarto estaba el tocador, donde podíamos encontrar aguamanil y otros objetos destinados a la higiene.
La familia también poseía una enorme mesa donde comían y recibían a sus invitados; en le comedor se encontraban retratos con temáticas alimenticias. La bajilla era de lo más lujoso: cristal cortado, plata y porcelana china.
La cocina era el lugar más austero del palacio en cuanto a decoración, lo único que destacaban eran los azulejos de muros y hornos.
El baño era una habitación dedicada exclusivamente al placer; contaba con una pequeña piscina de unos 70cm de profundidad cubierta con azulejos; para el siglo XVIII la tina fue sustituida por cerámica de Talavera poblana. Las necesidades fisiológicas se hacían en unas zanjas ubicadas en la parte posterior de las casa; comúnmente eran las bacinicas, cuyo contenido era arrojado a la calle a la voz de ¡aguas!
Actualmente se conservan muy pocos inmuebles, debido a la ignorancia, falta de sensibilidad, en aras del desarrollo urbano muchas de estas fantásticas construcciones fueron destruidas; sin embargo, todavía podemos visitar algunos sitios muy interesantes, y que en las siguientes publicaciones de este blog podrás conocer muchas maravillas arquitectónicas.

martes, 12 de enero de 2010

Palacio de Don José de la Borda (Madero esquina con Bolívar)


De origen aragonés; llegó son José Borda con su hermano Francisco llegaron a la Nueva España. Con mucho empeño y perseverancia lograron la paso del tiempo amasar una gran fortuna en el negocio de la minería; pues encontró dos bastas vetas: la de San Ignacio, que dio plata por nueve años y la de Santa Prisca, que se decía era mucho más rica que la primera. Esta mina quedó intacta y en su lugar se construyó la iglesia de Santa Prisca en Taxco, Guerrero.
Cuentan que su riqueza era tan grande, que mando hacer una enorme custodia de oro, cincelada a mano y con incrustaciones de perlas y piedras preciosas como rubíes, esmeraldas, diamantes y topacios. Esta joya de valor incalculable la conservó siempre consigo.
Pero como nada es eterno en ésta vida, al paso de los años la mina de San Ignacio empezó a agotarse y esto conllevó problemas económicos y endeudamientos; para salir de estos aprietos decidió vender la custodia a la Catedral Metropolitana, por la cuál el arzobispo don Alonso Núñez de Haro y Peralta le pagó ciento diez mil pesos fuertes. Esta custodia pertenece actualmente a la iglesia de Notre Dame, en París.
Con el dinero obtenido por la venta de la custodio, se fue a Zacatecas, donde encontró un filón inagotable llamado “La Esperanza”; se dice que este lugar se convirtió en “asilo de ricos y consuelo de pobres”.
Con abundante riqueza nuevamente, mandó construir su casa en la capital, entre 1730 y 1760. Su fachada consta de una serie de balcones de hierro forjado, con arquitectura característica de la época; en una de las esquinas se puede apreciar un nicho con la escultura de la Virgen de Guadalupe.
Como dato curioso; aquí empezó a funcionar uno de los primeros cines del país, llamado Salón Rojo.

domingo, 3 de enero de 2010

Los Reyes Magos


Dice la historia, que cuando nació Jesús una estrella apareció en el cielo y guió a los Reyes Magos a Belén. No se sabe a ciencia cierta cuantos Reyes eran, los orientales dicen que son 12 y los occidentales 3 ¿Quién tiene la razón?; la historia cristiana tampoco tiene un número exacto: una pintura de Pedro y Marcelino ubicada en el cementerio de estos santos, en Roma muestra dos; y otra que se encuentra en el Museo Lateranense en el Vaticano, aparecen tres; y en un cuadro del cementerio de Domitilla aparecen cuatro; incluso hay fuentes que hay más de 100.
Al inicio de su historio estos personajes no tenían nombres, ni tampoco se les decía Reyes, eran llamadas sabios ó magos, porque eran consideradas personas muy educadas, astrólogos y eruditos capaces de interpretar los sueños y controlar los demonios. La leyenda dice que practicaban la religión de Zoroastro, quien era un profeta que vivió cinco siglos antes de Cristo.
La versión occidental dice que fueron bautizados por Santo Tomás, incluso que llegaron a ser obispos y se dedicaban a predicar el cristianismo; dice una leyenda que en la parte final de sus vidas se encontraban en época de Navidad, siguieron la estrella de Belén como lo hacían cada año y murieron con pocos días de diferencia unos de otros. Se dice que sus restos descansan en la Catedral de Colonia, en Alemania, en ataúd de plata dorada con incrustaciones de piedras preciosas, decorado con imágenes de los Profetas del Viejo Testamento y los 12 apóstoles. Los cuerpos fueron entregados a la madre del Emperador Constantino el Grande, Santa Elena, durante un viaje a Palestina y Tierra Santa en el siglo IV DC, la mujer llevó los restos a la Iglesia de Santa Sofía, en Constantinopla. El siglo siguiente (V), fueron llevados a Milán, y en 1164 fueron enviados al arzobispo de Colonia. Pero esos restos ¿eran realmente de los famosos Reyes Magos?
Marco Polo asegura en su libro de viajes que no, pues dice el que visitó sus tumbas en Persia; este viajero anduvo indagando sobre los orígenes de los Reyes Magos y esto fue lo que averiguó:
Tres Reyes habían ido a adorar a un niño recién nacido, que se decía era el salvador y le llevaron diferentes tres diferentes obsequios, oro (rey terrenal), incienso (es un dios) y mirra (un sanador); dependiendo de con cuál se quedara es lo que aquel niño iba a ser, al final se quedó con los tres presentes. A cambio los Reyes recibieron de Jesús un cofre con un piedra como símbolo de que debían mantenerse firmes en la fe que habían recibido de el.
Ya para el siglo III eran conocidos como “los Reyes cargados de regalos”; y serían bautizados en la Edad Media con los nombres que conocemos actualmente: Melchor, Gaspar y Baltasar. Pasaron unos cuantos siglos, nos ubicaremos en el siglo VIII que cuando un autor eclesiástico llamado San Bede, hace las primeras descripciones de cada Rey Mago; Melchor es descrito como un hombre de pelo blanco y una barba larga, quien llevó oro al niño; a Gaspar como un joven Rey sin barba, quien le llevó incienso y a Baltasar como un hombre de tez morena, mediana edad y espesa barba, quien llevara mirra.
Actualmente el día de Reyes se celebra el 6 de enero, que es cuando finaliza la temporada navideña, que empieza el 25 de diciembre. En los países hispanos los niños acostumbran escribir una carta con sus peticiones a estos personajes, quienes les traen regalos la noche del día 5; en algunas partes se acostumbra dejar bebida para los Reyes y agua comida para los animales, porque la tradición dice que esa noche es la única en la que ingieren bocado. En algunos países se acostumbra hacer una colecta de juguetes para que los niños de bajos recursos tengan un regalito de día de Reyes.

martes, 29 de diciembre de 2009

La Navidad en México

La primer Navidad se festejó en la Cuidad de México en 1528, bajo la organización de gray Pedro de Gante, aunque otras versiones dicen que fue en 1523, para ese entonces, Gante era recién llegado a estas tierras y en Texcoco, donde Ixtlixóchitl le dio alojamiento en le palacio de Nezahual pilli.
En 1528, la Navidad la Navidad fue celebrada en el convento de San Francisco el Grande. Cuenta el franciscano que llegaron los naturales de los cuatro barrios indígenas que rodeaban la cuidad y de comunidades de hasta 20 leguas de distancia como Xochimilco, Chalco, Amecameca, Metepec y otros pueblos cercanos. Cuenta fray Pedro que llegaron personas enfermas y sedientas y eran tantas, que ya no cabían en el atrio.

Algunos datos importantes que no debemos olvidar de la Navidad:


-> Los aguinaldos aparecieron en 1587 y en vez de ser dinero, eran obsequios.
-> Los Agustinianos de Acolman fueron los que iniciaron la celebración de las posadas, pero fueron prohibidas en 1808 porque se habían convertido en un auténtico despapaye.
-> San Francisco de Asís inició la tradición de poner los nacimientos el día 16 de diciembre.
-> La primera Navidad se celebró el 25 de diciembre de 1492 en La Española, isla que bautizó Cristóbal Colón y que actualmente son República Dominicana y Haití.

Símbolos y significados de ornamentos navideños

Heno
Fue traído por los alemanes a México en 1839. Esta planta representa la renovación dela vida en medio del invierno; esta tradición la popularizó Maximiliano de Habsburgo (Austria).

Tarjeta Navideña
Es una bonita tradición que con el paso de los años y el origen dela internet ha ido desapareciendo, hasta casi ya encontrarse extintas.
La tarjeta Navideña tuvo sus orígenes en Londres en 1846, junto con la impresión de las primeras postales.
Entre el año de 1860 y 1880 en dibujante Tomás Nast hizo las primeras ilustraciones de Santa Claus, las cuáles muchos países fueron adoptando para las tarjetas.
Actualmente podemos encontrar tarjetas, que son todo un arte pintadas por los artistas sin manos y las podemos encontrar en tiendas especializadas.

La piñata
Son originarias de China y fueron traídas a México por los españoles, que a su vez las conocieron por los italianos. En Europa la piñata era usada en las festividades de Cuaresma, pero un vez llegada a México los Agustinos la usaron la instruir, divertir y evangelizar a los naturales y la piñata la incluyeron en las festividades de Navidad.

El pavo
El pavo ó guajolote tuvo su origen en el siglo XVI. Los aztecas se lo dieron a probar a Hernán Cortés, a quien le agradó y llevó esté platillo a España.

La Nochebuena
Los españoles le dieron este nombre debido a que florece en diciembre; aunque su nombre original en náhuatl era tlazochitl, que quiere decir “flor que se marchita” y para los aztecas simbolizaba la sangre de los sacrificios que los indígenas ofrendaban al Sol para que renovara su fuerza.




martes, 22 de diciembre de 2009

Origen y significado de las posadas

En México son 9 posadas las que se realizan, para recordar los siguientes acontecimientos:

->Nueve meses que esperó la Virgen María para dar a luz al Salvador.
->Nueve rosarios del novenario que se rezan del 16 al 24 de diciembre.
->Nueve posadas a las que pidieron asilo los Santos Peregrinos para pasar la noche en Belén.
->Nueve días para rememorar la infructuosa solicitud de José y María de su viaje a Nazaret.

Todos estos acontecimientos son recordados con regocijo y solemnidad, la mezcla de la religión mestiza con el paganismo y catolicismo dieron origen a estas festividades que los mexicanos celbramos por el advenimiento del Niño Dios.
Cada se evoca el penoso viaje que realizaron de Nazaret rumbo a Belén, los padres de aquel Mesías, debían participar en el empadronamiento ordenado por el emperador de Roma, César Augusto; y según dicen las Sagradas Escrituras, los peregrinos no encontraron alojamiento por los muchos visitantes.
En tanto, los dolores de María embarazada se hacían cada vez más fuertes y constantes, y José angustiado clamaba: “No seáis inhumanos, /dennos caridad,/que el Dios de los cielos/ os lo premiará. ¡Y que importancia podía tener los premios que el Dios de los cielos daría, si esto lo decía un humilde carpintero?: Todos lo ingnoraron y no le hicieron lugar alguno en su posada, mesón, hogar y hasta les profirieron amenazas de golpizas: “Ya se pueden ir/ y no molestar, /porque si me enfado/ los voy a apalear”.
Conforme avanzaba el tiempo los dolores de María se hicieron insoportables, hasta que un alma caritativa se apiadó de ellos, ofreciendo el lugar de resguardo de sus animales, y José no tuvo más remedio que atender a su mujer en una cueva y ahí nacería Jesús, que aquel hombre vería como suyo, el hijo del Creador que adoptó esa noche del 24 de diciembre.
Como a todos nos gustan los finales felices, en el cántico para pedir posada, los Santos Peregrinos si son recibidos en una casa; son recibidos luego de presentarse una y otra vez como José. En cántico dice así:

“¡Entren Santos Peeeeeereeegrinos…
Peeeeeereeegrinos…
Reciban este rincón,
Que aunque es pobre
Laaa moradaaaa,
Os la doy de corazóóón!”

Las primeras posadas en México
Corría el año del Señor de 1587, cuando las primeras posadas comenzaban a celebrarse las primeras Posadas en México. El convento Alcolman, perteneciente a los agustinos fue uno de los protagonistas de estas primeras celebraciones; y cuenta la leyenda que fue el fraile Diego de Soria quien solicitó un permiso ante la Santa Sede para realizar un novenario cada año del 16 al 24 de diciembre.
En estas fechas los indígenas tenían muy arraigado el culto a Tanalamatl, llamado Atemoztli (descendiente del agua ó del sol) y también conmemoraban el advenimiento de Huitzilopochtil durante el solsticio de invierno, y por consiguiente aumentaban los sacrificios humanos y los rituales paganos que realizaban.
En objetivo de fray Diego era convertir a los naturales del lugar al catolicismo, realizando uno mezcal de las festividades de ambas religiones (sin incluir los sacrificios).
Para el Papa Sixto V no le fue difícil autorizar la celebración del Advenimiento del Niño Jesús por medio de posadas, canciones; los indígenas aceptaron de buena gana estas festividades sacramentales, según dijeron los frailes Bernardino de Sahagún y Pedro de Gante en esta misiva para el rey Felipe III:

“…toda la adoración de ellos a sus dioses era cantar y bailar delante de ellos… y como yo vi esto… Compuse metros (versos rimados) muy solemnes sobre la Ley de Dios y de la Fe , y como nació de la Virgen María, quedando pira y sin mácula; y también diles libreas para pintar en sus mantas para bailar con ellas porque así se usaban entre ellos, conforme a los bailes y los cantares así se vestían de alegría ó de luto ó de victoria…”

domingo, 13 de diciembre de 2009

La Virgen de Guadalupe

El culto a la Virgen de Guadalupe está muy arraigado a la cultura mexicana, pero esta veneración nació debido a las cuatro apariciones, que ocurrieron del 9 al 12 de diciembre de 1531, en el cerro del Tepeyac.
Juan Diego, un indígena náhuatl, bautizado en la fe católica presencio estas apariciones y dio el mensaje de la Virgen a fray Juan de Zumárraga, el cual consistía en erigir un templo dedicado a ella en el lugar donde ocurrieron las apariciones; la “señal milagrosa” del surgimiento de la flores en le Tepeyac, la milagrosa curación del tío de Juan Diego, el cuál se encontraba gravemente enfermo. El milagro que le sucedió al obispo: la impresión de la imagen de la Morenita en la tilma de Juan Diego y por último, los efectos que tuvieron estos acontecimientos en la vida social, religiosa y cultural de México.

El Ayate de Juan Diego Cuauhtlatoatzin
La imagen de la Virgen quedó impresa en una tela de manufactura tosca hecha de fibras de maguey, la cuál era usada por los indígenas para acarrear cosas. Un ayate tenía una confección burda y muy sencilla, que podemos apreciar si observamos el manto donde se encuentra emoresa la Virgen y lógicamente, ningún pintor hubiera usado esta clase de material. La tela tiene una dimensión 1.70 x 1.05m, pero sus medidas originales eran de 2.26 x 1.55m y estaba formado por tres retazos¸ unos fueron descosidos y otros cortados para enmarcar la imagen en vidrio, que fue adquirido en España en 1647.
Durante siglos en famoso ayate paso inadvertido ante los ojos de los científicos, pero fue hasta finales de los años 60, cuando investigadores de todas partes del mundo empezaron a estudiarlo, quedando asombrados ante el significado de su simbología. Uno de los descubrimientos más importantes es el manto de la Virgen.

El manto estrellado
En lado izquierdo podemos encontrar las estrellas circumpolares del Hemisferio Norte: La Osa Mayor, los Lebreles, el Dragón, la Cabellera de Berenice y el Boyero.
En la parte derecha del ayate, los investigadores encontraron la Cruz del Sur, el Centauro, la Hidra, el Lobo, el Escorpión, Libra y Ofiuco.
En la parte interior del lado de la Virgen, hacia la izquierda se encuentran tres estrellas de Tauro que están por desaparecer en el horizonte occidental y hacia el lado derecho se encuentra Sirio.
Las tres estrellas del manto que cubre el pie derecho de la Morena corresponden a Tauro. En la parte de arriba se aprecia un cuadro semejante a la Osa Mayor y en el lado derecho se observa la Cruz del Sur; todas las constelaciones antes mencionadas representan el cielo abierto.
A pesar de esto, la configuración de las constelaciones varían en otros lugares; cuando se integran las regiones del sur y el norte, en el centro se ubican constelaciones muy importantes en la parte superior de la Virgen, enfrente de ella la corona Boreal, a la altura de sus manos encontramos la constelación de Virgo, hacia el oeste la los Gemelos, y en el lugar del ángel la constelación del gigante Orión. Así en el cielo del solsticio de invierno de 1531, aparece la constelación de la Virgen por el este, culmina el León en lo más alto del firmamento y por el este se ocultan el Toro y Orión.
Estudios hechos por la UNAM demuestran que el solsticio ocurrió el 12 de diciembre de 1531 a las 10:40 horas.

Cronología de la dulce mirada de la Morenita
Un día de 1929 un fotógrafo de la antigüa Basílica de Guadalupe llamado Alfonso Marcúe, se encontraba trabajando en el manto de la Virgen y su sorpresa fue grande cuando se percató de que en el ojo derecho se percibía la imagen de un hombre barbado. Al hacer tal descubrimiento decidió analizar meticulosamente las fotos que había tomado. Tiempo después dio aviso a las autoridades de la Basílica de este hallazgo, para lo cuál le ordenaron guardar silencio para esclarecer el descubrimiento.
El 29 de mayo de 1951, Carlos Salinas Chávez realizó un estudio similar, pero en esta ocasión fue el ojo izquierdo; a estos análisis se sumaron los del oculista Rafael Torrija Lavoignet, en 1958, quien sacara este descubrimiento a la luz pública, luego de examinar el lienzo con un potente lente.
También el Dr. José Tonsmann, especialista en imagen digital de IBM hizo un análisis de los ojos de Virgen por computadora y es considerado uno de los principales difusores de este hallazgo.