lunes, 30 de julio de 2012

La Coyota


Siglo XVII, pródigo en sucesos sobrenaturales, tiempo en que florecieron las malas artes, la magia diabólica y la hechicería. La leyenda que vengo a ofrecerles en día de hoy nos relata como una mujer vengativa vendió su alma al demonio, para asegurarse que recibiría castigo en que consideraba como autor de sus desdichas; se aseguraba que esta mujer desencadenó sobre sus descendientes una maldición infernal que aún en la época porfirista subsistía, un estigma terrible para aquella familia Rodríguez de Celis.
¿En qué consistía esta maldición? Cuéntase que todas las mujeres de los Rodríguez de Célis ocasionaban la muerte en sus pretendientes; en efecto, siempre había alguien que embrujado por la soberbia belleza de la chica, la invitaba a bailar para poder tenerla entre sus brazos. Más cuando el galán se sentía profundamente atraído por la muchacha, siempre sucedía lo mismo: era hallado muerto al día siguiente, la mayor parte de las ocasiones por curiosos tempraneros descubrían el cadáver desfigurado y ensangrentado, entre unos matorrales del rumbo de lo que hoy es Tacuba.
Retrocedamos siguiendo las desteñidas letras de antiguos documentos hasta el siglo XVII, y empecemos la leyenda en una casa de la antigua calzada de Tlacopan; antes de ser construida la casona existía otra muy humilde, rodeada de tierras de labor y no muy lejos de ahí un bosque.
En aquellos humildes rumbos vivía don Álvaro, conocido como el hortelano, tenía una lindísima hija llamada Blanca, que le ayudaba al cultivo y exploración de la hortaliza, ella tenía siete años cuando su madre murió, desde entonces su padre su padre se hizo cargo  y lo ayudaba a vender.
Llevaba sus verduras hasta la Tlaxpana, en donde no había nadie como ella para regatear y lograr mejor precio a los productos  que con tanto afán sacaban, hasta que cierta tarde al volver Blanca a su humilde casa, encontró a su padre enloquecido destruyendo la hortaliza, quien le preguntó alarmada porque hacía tal locura, a lo que su progenitor procede a tomarle la mano para llevarla al interior de la casa; y para estupor de Blanca, don Álvaro le muestra un fabuloso tesoro que encontró  muy bien escondido bajo mantas y objetos, que seguramente habrá sido botín de algún conquistador. 
Semanas después edificaban una casa enorme  numerosos albañiles, y una vez concluida y amueblada con lujo señorial   reinó Blanca allí con su belleza; rodeada de sirvientes y vistiendo ropas de brocado y oro, parecía que ese era el marco más adecuado a la soberana belleza de la joven. Más dicen que quien se encuentra un tesoro no vive mucho para disfrutarlo y esa creencia se hizo realidad, pues al escaso año moría don Álvaro, pero eso no quiere decir que su hija se quedara sola de todo, ya que varios galanes comenzaron a cortejarla; y al fin vencida por las ceremoniosas atenciones y apostura de un doncel llamado don Fernando de Girard, la inocente Blanca aceptó, pero era tanta la ansiedad por el matrimonio que demostraba el galán, que la joven comenzó a desconfiar, incluso un día antes de la boda tenía un mal presentimiento que no la dejaba en paz, y aun así no se echó para atrás.
Llegó en el día tan esperado por los novios, asistiendo a tal evento nobles y principales; Blanca no cabía en sí de gusto, pues nunca soñó en que se casaría con tanto esplendor y con alguien de alcurnia; muchos de esos nobles arruinados solo fueron a saborear las ricas viandas nupciales y a beber el buen vino que corrió a raudales, como cierto caballero que también se llamaba Fernando y bebía como un tonel junto con el feliz esposo de Blanca. Mientras bebían felizmente los dos amigos, el recién casado le platicaba de cómo había logrado engañar de la manera más vil a su esposa, fingiéndole amor para una vez estar aposentado en la mansión, hincarle las garras a la fortuna y gastarla en mujeres y vicios; pero mientras platicaban ninguno de ellos se percató de que Blanca escuchaba la conversación, escondida tras un seto. La desposada que iba en busca de su amado, ya no fue ante él, sino que volvió llorosa hasta la casa; después sin que nadie se diera cuenta de su pena, estaba ya bailando  con otros caballeros que admitían, que plebeya o no, era bellísima.  Ocupada en bailar, Blanca solo pudo ver de vez en cuando  a su esposo, más no logró saber con quién había entablado aquel diálogo detrás del seto.
¿Fernando de Girard también había encontrado un tesoro? ¡Indudablemente!, ya que se dio una gran vida con la fortuna incalculable de su esposa. Pasó el tiempo y la joven pareja tuvo una niña muy bella, el disponía en tanto ella cuidaba de la pequeña, de oro y tiempo que malgastaba como por ejemplo, mandándose pintar retratos; más tres días después de descubierta su imagen, este pasó a mejor vida: ¡Los que encuentran un tesoro no viven mucho para gozarlo! Todos creyeron que Fernando había muerto por excesos en el comer y beber, y nadie se ocupó por averiguar la verdadera causa de su fallecimiento, pero decían algunos rumores que había sido envenenado.
Tres días después de los funerales del conde, la gran casa señorial estaba cerrada y Blanca había despedido a todos los sirvientes; pues impulsada por una pasión frenética, cegada por el odio y la venganza vagó por la chinampas y canales de lo que hoy es Nativitas. ¿Qué buscaba la terrible mujer transformada en fiera por el odio? Al fin ya entrada la noche, descubren bajo un sauce llorón una figura impresionante que causaba pavura a propios y extraños; sin aguardar más Blanca salta a tierra, y se dirige a aquella mujer de aspecto desagradable y repulsivo que no era nada menos que una bruja experta en la magia negra. Cuando la joven se disponía a regresar con la hechicera en la trajinera, el indígena que conocía de sobra a la mujer que la acompañaba no aguardó ni por todo el oro del mundo; Blanca preocupada no sabía cómo iban a salir de ahí, pero su acompañante ya tenía la solución, acto seguido hace un ademán y aparece increíblemente estacionado sobre el agua un elegante carruaje, entonces con el pavor y desconfianza mezclados, la muchacha se apoya en la mano fría y helada de aquella mujer fantasmal.
Así, poco antes de la media noche, ambas estaban en la casona señorial de la calzada de Tlacopan, y momentos después hablaban en la sala de la espaciosa mansión ahora sumida en silencio. Blanca le platicaba sobre la venganza que quería hacer en contra de Fernando, el amigo con el que había platicado su marido el día de su boda, y como lo único que sabía de él era su nombre, quería recurrir al rey de los infiernos para poder dar con el culpable de sus desgracias, pero para pedir cualquier favor debía de entregarle su alma, a lo que la mujer aceptó sin pensarlo dos veces.
La noche siguiente, noche de viernes, siniestra y adecuada para llamar a Lucifer, la bruja prepara todo para la infernal ceremonia; tres llamadas le hace al rey de los infiernos y  aparece este entre llamas pestíferas combinadas con ruidos subterráneos preguntado para que se le había llamado, entonces Blanca le ofreció si alma a cambio de que le ayudara a encontrar al hombre que la había humillado, pero no la iba ayudar hasta que su alma estuviera lo suficiente condenada para llevarla al Infierno, entonces le pide que haga con ella lo que quiera para así condenarse. Y cuenta la leyenda que el demonio se enamoró de Blanca desde ese momento y que con sus alas cubrió su cuerpo desnudo, mientras sus belfos estampaban el estigma infernal en esas carnes blancas.
Al día siguiente por la tarde del pacto demoniaco de las dos mujeres, el maligno les había dado la instrucción  de que debían a atraer al galán en cuestión hacia el bosque, él se encargaría de los demás; en tanto Blanca ya había mandado una carta incitante a un Fernando que no iba a tardar en caer en el trampa, envuelto con aquellas palabras que llevaban el trasfondo de la muerte. Días después; ajeno a la trampa espantosa que sobre su persona se tramaba, llega don Fernando de Avilés, quien fue abordado por la dama con una serie de preguntas del día de la boda, y después de mucho conversar le pide que la espere en el bosque en la orilla de lago, para para ahí el lenguaje fuera más cálido. Más cuando el hombre llega al lugar indicado, parece aguardarles una fiera: ¡una coyota! Acto seguido los gritos del incauto se mezclan con las carcajadas  de Blanca; más gritos, risas y rugidos son arrastrados por el viento que canta su letanía de muerte, entonces en ese momento parecen resonar pasos felinos en la hojarasca del bosque, la mujer cree que alguien se acerca y se pone alerta; y cuando tras una fracción de segundos vuelve a mirar al caballero, descubre a la hechicera quien dice que la víctima no era la que estaban buscando, ya que el Maligno le indicó que cuando esto sucediera, al muerto le iba a aparecer una marca de una pezuña en la frente.
Semanas más tarde otro Fernando es inducido por Blanca a acompañarla al bosque, y nuevamente  la Coyota ataca al caballero, a quien se le hicieron previamente las mismas preguntas.  Al día siguiente dos cazadores estupefactos descubren el cadáver ensangrentado de la víctima; mientras tanto en la casa de la dama, ella y la hechicera comentaban sobre cuándo podría dar con aquel Fernando, pero todo llegaría en el momento indicado.
El tercer Fernando, víctima de la maldad de aquella mujer, solo pudo retrasar su muerte cuando corría tras Blanca en una noche tormentosa, de repente estalla un relámpago y el rayo quema la encina y los sabinos, entre el fragor de la tormenta se escuchan la siniestra carcajada de la mujer; entonces sale de la nada alumbrada por una luz cegadora, una animal  infernal de ojos centelleantes y pelambre hirsuto, quien le da cruel muerte a su víctima.
Al día siguiente dos leñadores, que por temor iban armados  y además acompañados de un cazador español, hacen el macabro hallazgo de Fernando. A los caballero se les hacía muy extraño que solo aquellos que llevaban dicho nombre, fueran los únicos que aparecieran muertos en el mismo lugar; entonces deciden observar con más detenimiento los alrededores y descubren en el lodo huellas de mujer, evidencia que gracias a la lluvia de la noche había quedado como testigo único de aquel crimen. Como era de esperarse, el testimonio de leñadores y cazador, en el sentido de que había huellas de mujer junto al cadáver, despertó toda clase de comentarios en la colonia, alejando todos ellos las sospechas de que algo infernal acontecía en el bosque y que todos los muertos se llamaran Fernando.
Al fin la tarde del 18 de agosto de 1627, cae la última víctima de la hechicera, Blanca y el Diablo; quien en vida llevó por nombre, don Fernando Ballesteros y Moncada, fiel amigo de su difunto marido. Al fin la venganza de la malvada mujer se había consumado, ahora le tocaba a ella cumplir con su parte del trato, entonces con la ayuda de la bruja fue conducida hacia la acequia en donde una embarcación la esperaba; una vez a bordo una espesa niebla en forma de serpientes infernales que se retuercen, Blanca va al encuentro del rey de las tinieblas para morar con él por la eternidad.
La desaparición de la mujer y la muerte de aquellos hombres, fueron ligados por las autoridades, y el Santo Oficio llegó a la conclusión de que, en base de toda la evidencia recabada en la investigación, la mujer tenía a su servicio de aun bruja, quien le ayudaba a convertirse en fiera para matar a todo hombre que se llamara Fernando. El Santo Oficio ordenó la bendición de la rica casona que abandonada empezó a destruirse; pero aún  en el siglo siguiente quedaban ruinas que causaban miedo y pavor.
Y ustedes se preguntarán ¿qué fue de la hija de Blanca? Pues bien, ésta vivió lejos de sus propiedades con un tutor, pero no escapó a que el vulgo le llamara ¡la coyota!, y la mujer guapa y hermosa, era rehuida por la sociedad. Todo aquel caballero que osara fijarse en ella, terminaba igual que los Fernandos, pero los encantos de aquella mujer eran irresistibles para cualquier hombre. ¿Coincidencias? ¿Habladurías? Quien sabe, lo cierto es que un cruel destino persiguió a la hija de Blanca, quien finalmente se casó y tuvo una hija; y por esta hija, nieta de Blanca, se mataron varios galanes y todas las mujeres descendientes de aquella mujer, tuvieron el mismo destino de atraer a la muerte. ¿Esta maldición que pesó sobre ellas fue el terrible castigo que tuvo como consecuencia aquel pacto demoníaco? ¿La maldición ha terminado? Lo ignoramos, pues rastro de la familia Rodríguez de Celis se perdió en la época Porfiriana. ¿Acaso algún terrible drama pasional actual tenga como explicación, que en el participó  una descendiente de Blanca? ¿No lo creen así? 

domingo, 22 de julio de 2012

Chichén Itzá



Esta magnífica ciudad se encuentra ubicada en la Península de Yucatán entre las costas oriental y occidental; dista con 120 km de Mérida, que es la capital de dicho estado. Cuenta con una superficie aproximada de 15 km cuadrados; donde se distinguen cinco plazas o plataformas, de  las cuales solo tres han sido excavadas y reconstruidas, faltando las que conectan con el “antiguo Chichén”, lugar donde se encuentran el templo de las flechas y el de los falos. Cabe destacar que todo el sitio se encuentra comunicado por caminos llamados “sacbeo”, que son  calzadas artificiales de entre dos y ocho metros de anchos, de los cuáles se han localizado aproximadamente treinta en los trabajos de excavación, bajo la dirección del arqueólogo Peter Schmidt. La ciudad tiene trece juegos de pelota, destacando que uno de estos es el más grande de Mesoamérica.
El nombre de Chichén Itzá se descompone en los siguiente elementos de la lengua Itzá – Maya: “Chi” que significa boca, “chen” que quiere decir pozo, e “Itzá” corresponde al nombre de los pobladores que la ocuparon; así pues, la interpretación al español nos queda: boca del pozo de los Itzaes, o la orilla del pozo de los Itzaes.
La pirámide tiene una base cuadrada de 55.5 m por lado y 24 m de altura, tiene nueve basamentos sus tableros están colocados de la siguiente manera: ocho plataformas con tres tableros de cada lado de las escaleras, menos la novena que tiene dos; las escalinatas son cuatro y representan los cuatro puntos cardinales y los escalones son 91 de cada lado. Cuenta también con una pirámide interna, que es la lunar, y la exterior es la solar; la entrada al público para ver el interior por desgracia no está permitida.
La construcción principal que podremos encontrar es el famoso castillo, como se le conoce más popularmente, que es considerado uno de los relojes de Sol más grandes de la cultura maya. Sus escalones están diseñados  y orientados de tal manera, que solo en los días  de equinoccios y solsticios, podremos ver como la luz de Sol crea una sombra en la que parece que una serpiente va bajando por la escalinata; espectáculo que atrae a personas de todo el mundo y si fuiste uno de los privilegiados en presenciarlo, podrás darnos la razón.
La luz y la sombra se entrelazan para formar siete triángulos isósceles encadenados; si observamos detenidamente podremos darnos cuenta que es una víbora de cascabel, Tzabcan (tzab, cascabel; can, serpiente), representa al Sol y simboliza el movimiento ondulatorio y cíclico del tiempo. Las siete figuras simbolizan los siete centros de energía de nuestro organismo o lo que también conocemos como chackras.
El 21 de diciembre es el día del solsticio de invierno, donde podremos observar como la pirámide se ilumina durante las tardes solamente en sus costados sur y poniente, teniendo la mitad con luz y la otra en sombra, esto nos indica un medio día solar. Para llegar al siguiente solsticio de verano transcurren 182 días, entonces 182 peldaños son los que se iluminan en los costados y sumando los de invierno nos dan 364, más el medio día solar de cada solsticio da como resultado 365 días solares del calendario Habb.

Calendario civil Itzá – Maya: 365.2420 días
Calendario gregoriano: 365.2425 días
Calendario científico actual: 365.2422 días

Como pudimos ver, la pirámide nos plasma el calendario religioso y civil, indicándonos con luz y sombra los cuatro movimientos del planeta, con respecto al Sol; por eso durante los equinoccios podremos presenciar una serpiente de luz y una sombra. Para los mayas, aquellos fenómenos eran para rendir el culto solar, el fálico y serpentino.
Para serpiente de sombra la podremos ver solamente si subimos a la pirámide, porque solo la veían los grandes maestros; pero no hay que cree que la imagen se proyecta y ya, pues tanto la de Sol como la de sombra tiene tras de sí complejos cálculos matemáticos de proyección y desaparición. Los mayas creían firmemente en que los templos y pirámides eran como una gran escalera por la cual se podía subir al cielo.

domingo, 15 de julio de 2012

La maldición de la casa de Regina 27



¿Qué maldición había caído sobre la casa número 27 de la hoy calle de Regina? ¿Qué secretos del más allá guardaban sus añosos muros? Esta leyenda, extraída de entre el polvo del siglo XVII, nos habla de un caso de apariciones sobrenaturales que en nuestros días aún puede ocurrir….
 Estamos en 1642, en la capital de la Nueva España, cuando hace su entrada triunfal el nuevo virrey don García Sarmiento de Sotomayor, quien tenía dos títulos de conde de Salvatierra y marqués de Sobroso, llegó a la capital el 23  de noviembre de ese año; pero no llegaba solo, entre los personajes que traía en la comitiva estaba don Ambrosio Torres de Medina y Linares, su esposa doña Lorenza y sus tres hijos. A su llegada, la familia quedó instalada en la casa de las calles de Regina; ellos tenían la impresión de que en estas nuevas tierras iban a ser muy felices, pero lo que no sabían era que  dentro de aquella casa había un extraño maleficio… La primera noche que pasaron en la casona, la dama escuchó sollozos lastimeros, además de aquellos gemidos dolorosos se escuchaban en la planta baja, ruidos y sonidos inexplicables; entonces alarmada doña Lorenza, decide despertar a su esposo y le platica los sucedido, pero este pensó que serían las sirvientas que extrañaban España, por lo que no puso atención y se volvió a dormir.
 Al día siguiente, picada de curiosidad la dama preguntó a la servidumbre y estos creían que ella había llorado; entonces le contó a su esposo lo ocurrido y tres días más tarde lo fenómenos psíquicos iban en aumento. No bien caía la tarde, las puertas se abrían al acercarse a estas, como si un mayordomo invisible abriera; pero a pesar de las palabras reconfortantes de marido hacia su familia, los sucesos extraordinarios se incrementaban cada vez más, a los lastimeros gemidos le siguieron después unos ruidos, todos lo escuchaban sin experimentar un gran miedo; aquel ruido parecía como si alguien cosiera un duro costal de arpillera, entonces los criados armados de valor recorrieron la casa, sin encontrar nada anormal.
Durante dos años la familia de don Ambrosia y sus criados soportaron aquellas manifestaciones de ultratumba. Era precisamente la tarde del 26 de noviembre de 1644, doña Lorenza daba a sus hijos una bebida caliente, cuando  como si alguien la llamara, volteó a ver hacia la puerta, hallándose ante una aparición horrible; la aterrada dama permaneció sin decir palabra a sus hijos  por temor de que se espantaran, y acto seguido inclinó la cabeza para orar, pidiendo al cielo que sus hijos no vieran aquello. Cuando volvió a mirar hacia la puerta, el espectro de la mujer de gris había desaparecido; en esos momentos entró una de las criadas y le informó a su patrona que había visto al mismo ser de ultratumba que ella, pero no hablaron mucho de tema porque los niños podían escucharlas. En vano guardaron silencio sobre la aparición a las niñas, pues una noche la mujer de gris, con su rostro malévolo y siniestro espiaba a una de ellas; la pequeña al ver aquel horrible ente pegó un grito de terror, y al escuchar  los alaridos de susto de su hija, don Ambrosio corrió a la alcoba, para cuando llegó el espectro ya se había ido, y pensando que la niña había tenido un mal sueño, la dejó en su cama y se volvió a dormir.
La noche del 3 de febrero de 1645, doña Lorenza fue despertada por un viento helado que corría por la alcoba, creyó haber dejado la ventana abierta y se levantó con el fin de cerrarla, pero cuando iba a descorrer las cortinas salió de atrás un brazo y una mano descarnada, entonces el espantoso miembro frío y oloroso a humedad la cogió del pelo, presa del miedo gritó.
Al día siguiente, doña Lorenza contó a su esposo lo ocurrido y este tomó la  determinación de aceptar la invitación  que el virrey le había hecho junto con otras familias, a pasar unos días en Coyoacán, por lo que manda a su esposa e hijos para que se alejasen unos días de la casa embrujada, mientras el trataría de encontrar una solución.
Don Ambrosio se quedó solo y esa noche, decidió poner algunos asuntos al corriente; había quedado una criada, el criado y lo acompañaba su perrito Titi, que estaba a sus pies; era cerca de la media noche cuando el pequeño can comenzó a gruñir como si alguien se acercara, ante la extrañeza de su amo, el animalito buscó refugio aullando espantado; y como si alguien lo llamara, don Ambrosio miró a la puerta, hallándose ante una aparición horrible, se trataba de una macabra aparición de una monja con su hábito desgarrado, con sus rostro, manos descarnadas y unos cuencos en lugar de ojos que parecían mirarlos con dolor; con gran entereza el caballero se puso de pie, hablándole a la aparición para saber qué era lo que la hacía vagar por este mundo, pero la monja muerta dejó escapar un hondo suspiro y se alejó gimiendo. Con ánimo dispuesto, don Ambrosio siguió a la aparición, que tomó el rumbo de jardín interior de la casa, la religioso gimió más sonoro al llegar debajo a un árbol de fresno, y allí como tragada por la tierra desapareció, dejando un olor a tumba, a misterio, a cosa del más allá.
Días después regresaron su esposa y sus hijos, el caballero nada dijo a su mujer sobre la aparición dela monja, pero ella no podía olvidar el escabroso tema y entonces le preguntó si había encontrado alguna solución, él le dijo que había hablado con el maese Toledo, el doctor Tarribá y solo esperarían la llegada de fray Molina, ya que ellos eran especialistas en asuntos sobrenaturales. Pero antes de llegar las personas que iban a exorcizar a los fantasmas, ocurrieron nuevas cosas espantables… una tranquila noche doña Lorenza se encontraba haciendo tranquilamente haciendo su costura, cuando escucha que alguien la llama, pensando que era su esposo va a ver que se le ofrece, pero don Ambrosio no llamaba a sus mujer, el a su vez oía que le llamaban en esos momentos; los dos esposos corrían, uno en pos del otro, creyendo ser llamados mutuamente, y la encontrarse se preguntaban quién llamó a quien. Entonces comprendieron que eran víctimas de las jugarretas fantasmales.
El 7 de marzo llegan por fin los exorcizadores a la fatídica casa de Regina 27, quienes solicitaron al marido que se fueran a descansar a sus aposentos mientras ellos hacían sus trabajos, a lo que él les dijo que ya se había acostumbrado a ver espectros desde que estaba en España, así que no había problema. Aguardaron hasta que sonó la media noche y entonces los gemidos no se hicieron esperar, el fraile invocó la ayuda del cielo, y como si se tratara de una obra de teatro y se levantara el telón, se empezó a ver la escena de un tiempo pasado: una mujer era descubierta por su marido cometiendo adulterio, el canalla escapa y ella pide disculpas al ofendido, pero este la ignora y procede a amarrarla de pies a cabeza, acto seguido mientras gemía doliente y desesperada, él y un amigo cosían el costal de arpillera en donde la habían metido, aquellos gemidos y el coser de algo duro,  eran los ruidos que oyera don Ambrosio y su familia. Los dos caballeros sacaron a la mujer que se debatía y no cesaba de gemir, después con su carga a cuestas llegaron hasta la acequia real en donde la arrojaron; los vengadores, cuyos rostros no podía ver los exorcizadores, quedaron allí hasta que el costal se hubo hundido. En ese momento aquel túnel del tiempo se desvaneció y los caza fantasmas se fueron para reanudar su trabajo en la siguiente sesión, mientras verían si podían averiguar algo sobre la infiel.
Tres noches más después volvieron los exorcizadores a la casa de Regina, esta vez para hablar con la monja. Don Ambrosio ya los esperaba para relatarles la visión que tuvo el día que se quedó solo en su casa; mientras esto ocurría, de pronto  formándose del aire y de sombras, apareció el espectro horrible de la monja, acto seguido el fraile se acercó a ella para conjurarla para que platicara su historia, la respuesta del espectro fue pedir ayuda para lograr su eterno descanso, entonces prosiguió a tomar asiento entre los vivos y gimiendo se preparó a contar su historia: “Herlinda Bauzas y Mellado fue mi nombre, fui rica y bella  en el mundo de los vivos, mil galanes me querían como esposa, pero yo no sentía amor por ninguno y jugaba con sus sentimientos; al enterarse mis padres de mi conducta libertina, decidieron encerrarme en un convento, situación a la que me negué rotundamente ya que ese lugar no era para mí, pero a pesar de mis súplicas y lágrimas  me enclaustraron en Santa María de las Mercedes. Durante muchos días estuve encerrada en mi celda, negándome a comer, a dormir y a rezar, fueron en vano las reprimendas y consejos de la superiora; pero no estaba sola en ese lúgubre lugar, pues había muchas novicias como yo, ya que no podíamos olvidar las pasiones y pecados mundanos.
Durante ciertas noches, nuestros galanes lanzaban escalas que nosotros atábamos a los árboles, por ellas subían y entonces nos entregábamos a la pasión, al amor, al desenfreno… en la misma casa del señor; y como era de esperarse, con tanto deseo contenido, tanta soledad y disciplina debilitaron mi resistencia y cedí. El tiempo siguió su curso, la naturaleza su obra y yo trataba de ocultar mi gran pecado bajo los gruesos hábitos, pero al fin el plazo natural del nacimiento, me revolaba de dolor  en el huerto, cuando fui descubierta por unas beatas que salieron corriendo como si las persiguiera el diablo al ver el estado en que me encontraba, fue lo último que vi. Nunca supe si mi hijo nació vivo o lo mataron ellas, cuando volví ene mi lo sepultaban; días después morí de intensas fiebres, sin que nadie se condoliera de mí.”
Al terminar su triste historia, la monja fantasmal se puso de pie y señalando al fresno  dijo que su hijo se encontraba enterrado bajo este, ya que antes  esos terrenos eran propiedad del convento. El espectro les pide que encuentren el pequeño cadáver y le den cristiana sepultura, en cuanto a ella les pidió encarecidamente que rezaran por su alma pecadora para que obtuviera el sufragio eterno; si los caballeros cumplían lo pactado, ella prometió jamás volver a perturbar las vidas de los moradores de la casa, acto seguido la monja desapareció bajo el añoso fresno.
El 13 de mayo 1648, el virrey conde de Salvatierra fue removido con el mismo cargo en el Perú, con él se fue su fiel servidor son Ambrosio Torres de Medina y Linares y su familia. Respecto a los fantasmas de la casa 27 de Regina, deben saber haber desaparecido, pues la promesa pactada con el espectro fue cumplida. ¿Ustedes que creen? ¿Seguirá todavía la monja penando por su pecado?

domingo, 8 de julio de 2012

Convento de Regina Coeli


Perteneciente a la orden Concepcionista, fue el primero en ser fundado por las monjas del Convento de la Concepción en la capital de Nueva España; su nombre significa  “Reina del Cielo”.
El  4 de octubre de 1573, salieron  10 monjas del convento de la Concepción para fundar el monasterio de la Natividad de Regina Coeli; se desconoce la fecha exacta en que fue levantado en convento, pero la que más popular se hizo  fue en  el año de 1553. A este sitio podían ingresar solamente las criollas y jóvenes españolas, que tuvieran realmente la vocación para llevar una vida dedicada a la religión, debían tener de ser de 18 a 25 años de edad, gozar de cabal salud y buena voluntad. Para ser aceptadas también debían pagar una dote de cuatro mil pesos.
Don Melchor de Terreros (pariente de don Pedro Romero de Terreros) donó veinticinco mil pesos, con lo cual fue reconstruido el convento y fue estrenada el 19 de marzo de 1656. En la primera mitad del siglo XVIII, fue reconstruida con la ayuda del arzobispo fray José Lanciego y Eguilaz. Por esos tiempos, don Buenaventura Medina Picazo mandó hacer la capilla que después llevaría su nombre, dedicada a la Inmaculada Concepción, anexa al templo y que tiene su estatua como una forma de agradecimiento.
La botica o farmacia de las monjitas era muy conocida, pues preparaban un purgante muy efectivo que vendían al público, y la receta era un total secreto y también hacían un agua para “el mal de ojo”, que regalaban a quienes la solicitaran.
El convento tenía en 1861 treinta religiosas y sesenta y un fincas, cuyo valor se calculaba en seiscientos setenta y ocho mil pesos; las cuáles rentaban para obtener el sustento, que también los obtenían de la caridad y obras pías. Con las leyes de Reforma las monjas fueron exclaustradas en 1863.
El templo cuenta con dos portadas que no son gemelas, en una de ellas se encuentra un relieve con escena del Nacimiento de la Virgen María. El interior no se queda corto, pues todavía conserva magníficos retablos y pinturas de estilo barroco de una gran calidad; del coro solo queda el gran espacio adornado con pinturas al óleo; la Capilla de Medina Picazo también es magnífica y para entrar en ella hay que pedir permiso en la oficina por la calle de Bolívar. Esta capilla cuenta con su propio Coro Alto y una bella cratícula en el lado del Evangelio, sobre el presbiterio.
En el templo se veneraba la imagen de Nuestra Señora de la Fuente, que se decía era muy milagrosa y en la época era muy popular. Una monja de convento llamada sor Micaela de los Dolores, le fue regalada una estampa con aquella imagen, porque nueve meses atrás había perdido la vista y padecía fuertes dolores. Se dice que le untaron en sus ojos el aceite de la lámpara que estaba frente a la Señora y con fervor se encomendó a ella, y milagrosamente  recuperó la salud y la vista.  
Otra imagen que destaca por su belleza es la del Ecce – Homo;  pues cuenta la leyenda que a un vecino de la capital se le apareció en sueños, y cuando despertó lo primero que hizo fue llamar a un escultor para encargarle una igual a la de aquella noche; por desgracia el artista no plasmó ni por asomo la imagen del sueño. Todo parecía perdido para aquel hombre, hasta que un día llegaron unos indígenas ataviados con unas tilmas blancas y se ofrecieron a elaborar la escultura; pero lo curioso de estos personajes es que cuando terminaron su trabajo, desaparecieron tan misteriosamente de la misma manera en que habían venido. También se cuenta la versión de que los agustinos se trían su pleito legal con motivo de la famosa imagen, que ya estaba lista para enviarse a España; y después de un tiempo de discutir por la escultura finalmente se quedó en Regina Coeli, en donde se decía también que había sido la dote de una religiosa que murió joven, según se encuentra escrito en los archivos del convento y conforme a la cuenta de la superiora Francisca de Jesús, nieta del virrey don Luis de Velasco. Cabe mencionar que gracias a las buenas limosnas que generaba el Santo Ecce – Homo, era posible hacer  las principales fiestas del convento como  la Natividad de la Virgen, las solemnidades del Domingo Ramos, Jueves Santo y los gastos estratosféricos que conllevaba. La imagen tenía su cofradía, que fue de gran influencia y sobre todo de riqueza; también en el recinto se rendía culto a Nuestra Señora de la Fuente, plasmada en óleo por el gran pintor Ibarra.
Después de las leyes de Reforma, Juárez cedió el convento al Ejército. Cuatro años más tarde sirvió como pago a Ramón Obregón, que después fue alcalde de Valle de Santiago, Guanajuato en 1887; y gracias a estos hechos el inmueble logró salvarse de la demolición. Los años pasaron y Consuelo Béistegui, filántropa y última propietaria del convento, lo cedió para que instalar un hospital, que fue inaugurado en 1886. En el templo se siguieron oficiando misas, pero por desgracia los ladrones han acabado con pinturas, objetos de plata y retablos.

domingo, 1 de julio de 2012

La leyenda de la mujer Xtabay


Allá por la mágicas y misteriosas tierras de Yucatán, existen seres que poca veces se dejan ver por los humanos, pero de alguna u otra forma nos han manifestado su existencia a los largo de los siglos. Pero ni el paso del tiempo, ni la invasión de la modernidad con su maravillosa tecnología, han podido dejar en el olvido las fantásticas leyendas de aquellas criaturas mágicas; pues estos relatos mezclados con un poco de imaginación y realidad nos siguen ejerciendo un poder magnético sobre nosotros.
Entre los seres misteriosos que habitan las selvas del Mayab, se encuentra una mujer maya poseedora de una belleza sin igual: bonitas facciones, cuerpo perfecto, piel tersa  y unos ojos capaces de embrujar a cualquier  hombre. Utilizando todos sus encantos atrae a los incautos que se crucen en su camino, y cuando estos se dan cuenta de que cayeron en una mortal trampa ya es demasiado tarde. Al día siguiente son encontrados los cuerpos totalmente destrozados con espantosos rasguños y mordidas, con el pecho abierto con lo que parecen ser garras.
¿De dónde surge la leyenda de la Xtabay? Durante un tiempo se dijo que era la hija de Ceibam, que nacía de sus retorcidas y gruesas raíces, pero esto no es verdad; la versión de verdadera nos dice que la Xtabay nace de una planta espinosa, punzadora y mala. Dicho árbol es sagrado para los hijos de la tierra del faisán y del venado, su sombra los acoge bajos sus ramas, pero pobre de aquel que le tenga confianza absoluta.
Cuenta la leyenda que en un pueblo vivían dos mujeres, una de ellas era Xkeban, apodo que quiere decir prostituta, mujer mala o dada al amor ilícito; la gente decía que estaba enferma de amor y de pasión, que todo lo que deseaba hacer en su vida era entregar su cuerpo y belleza, con los cuáles se deleitaban todos los mancebos que se cruzaban en su camino. El verdadero nombre de esta mujer de cascos ligeros era Xtabay.
Muy cerca vivía otra mujer llamada Utz – Colel, que quiere decir “Mujer buena, mujer decente y limpia”. Tenía una casa bien hecha, limpia y arreglada, y como era suponerse, era muy querida en todo el pueblo; y a diferencia de su vecina, era toda una poseedora de virtudes, pues nunca se le había conocido que tuviera algún desliz o que hiciera algo que resultara vergonzoso, ni siquiera levantaba la vista para ver a un hombre.
No podía ser malo en Xtabay, ya que a pesar de tener ese defecto que le había creado muy mala fama; por el otro lado, tenía un corazón tan grande que no le cabía en el pecho, pues esa infinita bondad que poseía la hacía socorrer al más necesitado y rescatar a los animalitos en desgracia. Su deseo de ayudar al prójimo la llevaba a recorrer poblados muy apartados para poder auxiliar a los enfermos; incluso llegaba a despojarse de las joyas que le regalaban sus galanes y sus finas vestiduras para cubrir la desnudez de los desamparados. Nunca se supo que esta buena mujer alzara la cabeza en tono altivo; nunca levantó la voz por las críticas que le bombardeaba todo el tiempo la gente.
La virtuosa y perfecta Utz – Colel, a la que tanto admiraba el pueblo, era todo lo contrario a su vecina: fría, orgullosa, dura de corazón, nunca socorría al enfermo y sentía repugnancia por el pobre.
Todo marchaba con normalidad, hasta que un día los maledicentes vecinos se dieron cuenta de que la Xtabay no salía de su casa, y creyeron que andaba por algún pueblo ofreciendo su cuerpo y sus indignas pasiones, situación que los puso contentos de descansar de su desagradable presencia. Los días pasaron y la mujer no se dejaba ver, pero sucedió que un día en el pueblo se esparció un delicioso aroma a flores, un exquisito y delicado perfume. Nadie sabía de donde podía provenir ese olor tan grato, así que todos se dieron a la tarea de buscar el punto de origen, el cual resultó ser nada menos que ¡la pecadora Xtabay!, quien fue encontrada muerta en su casa.
Lo curioso del hallazgo fue que no se encontraba sola, pues estaba acompañada de varios animales que cuidaban su cuerpo, del cual brotaba aquel delicioso aroma que envolvía al pueblo entero.
Como en todas las épocas se ha dado, no podía faltar la envidiosa de Utz – Colel, quien consideró que aquello eran puras mentiras y quiso ir comprobarlo con sus propios ojos a la casa de la prostituta; le parecía inconcebible que de un cuerpo tan sucio como el de Xtabay debía emanar un olor asqueroso y repugnante, imposible de soportar; y que si el aroma era agradable, entonces no podía ser más que obra del dios del mal. Al ver que todo lo dicho era cierto, estalló en santa ira y dijo: “Si de un cuerpo tan impuro como el de esta mujer se desprende tal aroma, entonces cuando yo muera, la fragancia que emanaré será mucho más exquisita y aromática”.
Como Xtabay no tenía a nadie, por lástima y compasión, un grupo de personas de la comunidad decidieron  enterrarla como era debido. Cuenta la leyenda que al día siguiente de que fue celebrado el funeral, de su tumba brotaron flores aromáticas y hermosas; después las tierras se  tapizaron de estas plantas  que eran desconocidas en el Mayab. Desde entonces, el lugar donde yacía sepultada Xtabay, estuvo lleno de aquellas hermosas flores.
¿Qué creen? Al poco tiempo muere la envidiosa Utz – Colel, y a su entierro acudió el pueblo entero, pues recordemos que siempre había admirado sus virtudes, su honestidad y su virginidad. Fue enterrada con muchas lágrimas y tristeza. La gente recordó las palabras de la muerta, sobre el olor delicioso, que según ella emanaría su cadáver.
Entonces todos se dieron a la tarea de esperar que sus restos despidieran un aroma mejor que el de Xtabay, pero para el asombro de todos los que la creyeron buena y recta, comprobaron que al poco tiempo de ser sepultada comenzó a salir de la tierra floja todavía, un hedor insoportable típico de todo cadáver en descomposición. La gente se retiró asombrada.
En la tradición maya cuentan la historia de que la florecilla que naciera de la pecadora Xkeben, es la  que hoy conocemos como Xtabentún, que es una bella y humilde flor, que crece de forma silvestre en cercas y caminos, entre las hojas del agave. De esta plantita de hace una bebida alcohólica de agradable y dulce sabor, como lo sería el amor de Xtabay.
En cambio Tzacam, como se le conoce a un cactus lleno de espinas con una florecilla sin aroma, que nació en la tumba de Utz – Colel, a veces despide un olor desagradable, como el carácter  y la falsa virtud de la mujer.
Y más bien, no es que la Xtabay sea una mujer mala que seduce a los hombres para luego darles muerte, más bien es la envidia de Utz – Colel que todavía ronda por aquellos lugares. Dicen los antiguos mayas que tal vez podría ser alguna de las tantas mujeres vírgenes que fueron sacrificadas en el cenote sagrado, pero la Xtabay jamás.
Hasta aquí llega esta hermosa leyenda que los antiguos mayas han pasado a sus descendientes, desde que se establecieron los primeros habitantes del Mayab, hasta la época acual. No dejemos que este tipo de leyendas que dejaron  nuestros antepasados se pierdan para siempre.

domingo, 17 de junio de 2012

La calle de los malditos



El demonio tenía un trato muy frecuente con los habitantes de la capital de la Nueva España, y en esta ocasión, es el personaje principal de nuestra leyenda aterradora.
Retrocedamos con la imaginación a la época de la colonia, y lleguemos hasta la calla de la Santa Cruz, hoy Segunda de Mina; en esta calle y en regia mansión, habitaba don Rodrigo de la Torre, caballero de Calatraba. ¡Amigos míos!, ¡No se despeguen de su pantalla! Poned toda su atención, pues aquí comienza nuestra escalofriante leyenda.
Don Rodrigo era muy rico y poderoso, pero se sentía un ser desgraciado porque le hacía falta un hijo; ya había consultado a todos los doctores más prominentes de la época, pero ninguno le había ayudado a convertir en realidad su más caro anhelo, incluso se le había ofrecido la opción de adoptar a un niño, pero se negó. Le preocupaba quien se iba a quedar con sus bienes, porque al morir el, su esposa contraería nupcias nuevamente y otro sería el que disfrutaría la fortuna que con tanto esfuerzo había amasado durante toda su vida.
Don Rodrigo platicaba este asunto con su abogado, el señor Samaniego de la Rosa, quien le daba consejos, pero nada lo convencía. Al salir Samaniego, el caballero se encaminó hacía la habitación de su esposa, en el interior se encuentra doña Susana, víctima de larga y penosa enfermedad; pero su esposo en vez de darle palabras reconfortantes, recibe a cambio una serie de maldiciones porque no le puede dar un hijo, pues recordemos que antes a la mujer se le echaba la culpa de todo. Sin agregar más, don Rodrigo sale de la alcoba mascullando una maldición, y doña Susana queda sola llorando la humillación.
En ese momento llega a la lujosa mansión un sacerdote humilde, quien le pide un poco de su generosa cooperación, ya que el orfelinato vivía una situación deplorable de pobreza, a lo que el caballero corrió de muy mala gana al religioso echando maldiciones, diciéndole que él no ayudaría a ningún niño, hasta que no tuviera el suyo propio. Al cerrar la puerta, se volvió don Rodrigo al sentir un escalofrío, y ante sus ojos se encontraba un siniestro personaje que le ofrecía la oportunidad de convertir sus sueños en realidad, pero no era de a gratis: sacó un  papel de uno de sus bolsillos, donde le especificaba todas las condiciones que exigía, entre las que se encontraba, que al morir su alma cedería su alma al Diablo. Don Rodrigo escéptico por lo que pedía el personaje a cambio, firmó el documento… pero no con cualquier tinta, debía ser con su propia sangre. Pinchándose en el acto, el caballero hizo brotar la sangre para sellar aquel maldito pacto; acto seguido le entregó el papel al personaje y así como vino, desapareció sin dejar rastro.
El tiempo transcurrió… pasaron algunos meses, y de aquel infernal suceso ya se había olvidado don Rodrigo, más una noche en que caía una lluvia torrencial, dentro de su casa todo era agitación, pues un hijo del rico hidalgo estaba próximo a nacer, pero al suceder esto la mujer murió, cosa que al caballero le importó un reverendo cacahuate. Cuando se encontraba solo en su habitación, el siniestro personaje vino de visita para felicitar al recién estrenado papá, también para ordenarle que no bautizara a su hijo en una iglesia, y que llegado el momento vendría por él y su hijo. Esa aparición era nada menos que: ¡El Diablo! Cuando la espantosa figura desapareció, don Rodrigo sintió al punto el cuerpo desvanecido.
Los años pasaron, el hijo del caballero fue creciendo, consentido por su padre; de un carácter duro  y cruel se había venido haciendo. El rico hidalgo había puesto institutrices que vigilaban al niño y trataban de educarlo, pero el resultado era infructuoso; el chico era un desalmado, y en un momento dado aprovechando un descubrimiento de su nana, con lujo de crueldad el pequeño malvado estranguló a una inocente ave. En ese momento llega su nana, estremeciéndose de dolor y repugnancia ante lo hecho por el pequeño canalla; dominado por su diabólico instinto, y actuando a toda prisa, el muchacho le arrebata a la mujer el pequeño libro de misa para hacerlo pedacitos, y acto seguido obrando mañosamente, se suelta a gritar llorando abundantemente como si la nana le pegara. A los gritos del joven, don Rodrigo acude presto para escuchar las calumnias que salían de su boca: la mujer había matado al ave y lo había agarrado a golpes; fuera de sí, sin importarle nada, el caballero le pega a la mujer con el canto de la espada, y mientras la pobre se debatía de dolor, el ruin muchacho reía gozando infinitamente.
Cuando el bárbaro castigo terminó, la inocente mujer se revolcaba sangrante; y cumpliendo las órdenes de su patrón, los criados arrojaron a la calle a la infeliz y casi moribunda institutriz. Arrastrándose y sangrando, la nana llegó hasta la iglesia más cercana, ante los ojos aterrorizados de la gente que no acierta a comprender lo que le había sucedido; entre sollozos y llanto la mujer cuenta al buen cura el espantoso suceso, más la pobre sin fuerzas para seguir viviendo, muere en brazos de sacerdote. Sin esperar más, el religioso va en el acto a denunciar tan horrible delito ante las autoridades, pero al no tener pruebas que sustentaran lo que decía, decide ir con el jefe de ronda  casa de don Rodrigo. El caballero dice que él es inocente, pues estuvo fuera varios días, y para que su versión tuviera sustento, hizo llamar a sus criados para que declararan; atemorizados y visiblemente nerviosos, dan el falso testimonio de que su amo no estuvo en la ciudad, acto seguido el caballero se hace el ofendido y corre a todos de su casa.
Y así la vida siguió implacable de los sucesos narrados, ha pasado ya varios años. Antonio, el hijo de don Pedro se convierte en un hombre cruel y déspota; de muy mala fama, se entregó con desenfreno a los placeres, de la noche a la mañana. Consentido por su padre, en gustos y caprichos, no tenían reparo alguno en destruir vidas y almas; siempre iba a pedirle oro, oro y más oro a su alcahuete progenitor, que si intentaba negarse, el muchacho lo cogía a la mala.
Un día al salir Antonio, don Rodrigo se sentía agobiado y compungido, entonces se volvió al lugar de donde provenía una voz, y para su asombro era el Demonio que le sonreía con burla: solo le quedaban tres horas de vida, su momento había llegado. El personaje desapareció, quedando don Rodrigo completamente solo, y pensando que era su imaginación, decidió relajarse con una buena copa de vino.
En tanto, Antonio ha perdido en el juego todo el oro que le diera su padre, y con el rabo entre la patas regresa a su casa. Don Rodrigo se encontraba aún pensativo y preocupado, cuando ve entrar a su hijo en un deplorable estado, con la intensión de llevarse más dinero, a lo que su progenitor se opone rotundamente. Trata de oponerse a los deseos del malvado, pero este de un fuerte golpe lo hace a un lado, y a consecuencia  del tremendo impacto, don Rodrigo se golpea contra un mueble, quedando muerto en el acto; ni siquiera ver a su padre muerto le dio el menor remordimiento.
Lo primero que hace Antonio, es apoderarse de los bienes y el oro de su padre, a continuación procede a prenderle fuego a los muebles y huye cuando la casa es pasto en llamas. En tanto, el Diablo ha llegado presto a cobrar lo pactado, pero antes de ir a morar a los infiernos, debe de buscar a su hijo para hacerlo pagar por sus maldades.
Desde esa noche, cuando la casa del rico hidalgo dejó de arder, el fantasma del quemado empezó a dejarse ver; se escuchaban doce campanadas aquella  noche de noviembre, por la calle obscura y solitaria una sobra de adelanta, se trataba de algún transeúnte que al agradarle la noche, camina apresuradamente, más de pronto aparece una figura encapuchada que le pregunta si no ha visto al monstruo que tiene por hijo. Al dejar caer su capa con un gesto desganado, el fantasma dejó ver su horrible rostro descarnado, dejando al  pobre infeliz muerto al instante del miedo, se alejó dejando escapar un grito que era como un reguero de fuego entre la noche silente: ¡Hijo!... ¡Hijo! ¡Acompáñame al infierno!
Corrióse la voz de que don Rodrigo era el horrendo fantasma que en la vecindad penaba y denuncia hubo, a lo que la autoridad actuó ni tarda ni perezosa para buscar al mal hijo, y cuando lo encontró a juicio lo sometió por la muerte de su padre. Los testigos desfilaron y las palabras de ese hombre avalaron, pues igual de ruines y canallas eran, así que fue dejado en libertad.
El tiempo pasaba y el fantasmón penaba, en tanto el hijo a los placeres seguía rindiendo culto. Se le ocurrió apenas callera el sol a visitar la alcoba de una dama; ahora si el malvado asesino y burlador tenía esa noche una cita con el destino, pues quiso la suerte que el marido ofendido lo sorprendiera en la recámara de la infiel, y acto seguido saca su espada para lavar tal ofensa con sangre. Ahí quedaron los dos amantes tendidos en la amplia cama, manchando con su sangre ropa y tapetes.
Esa misma mañana una mano amiga sufraga los gastos del sepelio de Antonio, quien es sepultado en el panteón del rumbo de lo que hoy es San Fernando, cuenta la leyenda que esa noche tenebrosa, en que los búhos chillaban y los ramajes crujían sobre los sepulcros húmedos, de debajo de la losa… el fantasmón del quemado sacó de tétrica caja, el cadáver del mal hijo de que mañana enterraran. Y que en la calle de Mina, que era de la Santa Cruz, pasó el fantasma arrastrando el cadáver del canalla ¡para darlo a Satanás!, y que entre llanto y carcajadas se perdió para no aparecer más.
Ya les contaré más adelante una historia tan terrible y sobrehumana, que dormirán muchas noches con la cara entre las sábanas. Entonces ¿nos vemos la próxima semana? 

domingo, 10 de junio de 2012

Las Siete Profecías Mayas


En México existieron muchas civilizaciones que dejaron una huella imborrable en la historia, fueron muy prósperas y poderosas, poseían conocimientos de la naturaleza que los rodeaba para poder sanar, con grandes conocimientos astronómicos, entre muchas otras virtudes que no acabaríamos de mencionar. Pero así como logaron dejar huella de su paso por este mundo, así de manera misteriosa muchas desaparecieron para dejarnos la incógnita de que pudo haber pasado; también su legado que podemos ver en in situ, en libros de historia, o en los museos.
La civilización maya fue  una de las más poderosas del mundo antiguo, teniendo como territorio la zona sur de la república mexicana y otros países: Tabasco, Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas, de ahí nos saltamos a Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador. La desaparición de sus habitantes todavía sigue siendo un misterio, pero existen varias teorías formuladas por los expertos; estas las trataremos a profundidad más adelante en las siguientes semanas.
El tiempo transcurrió y las ciudades mayas fueron devoradas por la selva, hasta que exploradores, algunos en busca de fortuna (saqueo), otros de aventura y otros más siguiendo los tumores que corrían entre la población, que hablaban sobre ciudades perdidas; hicieron los descubrimientos asombrosos de aquellas ciudades.
Empezaron a surgir expertos en todo lo que a mayas se refería, por lo que sus códices pudieron ser traducidos y descubiertas muchas cosas interesantes, entre ellas las Profecías  y su manera meticulosa de medir el tiempo, por lo que también son  conocidos como los “Señores del tiempo”, ya que su vida la regían en base a este, los ciclos naturales eran la piedra angular de sus calendarios.

PRIMER PROFECÍA
Esta nos dice que el mundo tal y como lo conocemos, entrará en un etapa en que sufrirá muchos y grandes cambios, marcando el año 2012 el término del Gran Ciclo de 5,125 años, que inició en el 3113 a. C. El sistema solar recibirá un rayo sincronizador en el centro de la galaxia, el cuál le pondrá fin al materialismo en el que vivimos hoy; pero antes de que llegue la fechas señalada, la humanidad tendrá que decidir si desaparecerá como especie depredadora del planeta, o evolucionar hacía una nueva era de integración con el universo.
La profecía también nos habla de que el miedo llegará a su fin, estableciendo que la etapa de grandes cambios será vivida por la humanidad para entender cómo funciona nuestro universo, y así poder evolucionar hacia un nivel superior.
El tiempo del no tiempo, es un lapso de tiempo que abarca un periodo de 20  años previos al 2012. Durante estos años, la raza humana entró en lo que se los mayas denominan “El Gran Salón de los Espejos”, ya que es cuando nos enfrentamos a nosotros mismos, analizándonos concienzudamente, teniendo una oportunidad de cambio al alcance de nuestra mano.

SEGUNDA PROFECÍA
Nos señala sobre el eclipse ocurrido de Sol ocurrido el 11de agosto de 1999, momento crucial, en que la alineación de cruz cósmica con su centro en la Tierra, acelera los procesos de transformación de nuestro mundo.
Nos dice que estamos en una etapa de transición para una nueva forma de percibir el universo, y que a partir de esta fecha, el poder de la naturaleza actuaría como catalizador en una serie de cambios acelerados de gran magnitud; habrá cambios físicos en el la Tierra y el Sol, lo que tendrá como consecuencia el cambio psicológico de la gente. Pero señala que si la mayoría de nosotros se logra sincronizar con la naturaleza, se podrán neutralizar los cambios que se describen en las siguientes predicciones.

TERCERA PROFECÍA
Nos dice que habrá una ola de calor que provocará un aumento en la temperatura del planeta, lo que tendrá como consecuencia las alteraciones climáticas y sociales de gran trascendencia. Los mayas nos explican que es estos factores se deben a las actividades realizadas por el hombre, las cuáles no tienen sincronía alguna con la naturaleza y manejo ecológico; y otros se deben al Sol, pues el incremento de su actividad hace que su radiación sea más agresiva.

CUARTA PROFECÍA
El aumento de la temperatura en nuestro planeta, provocará el derretimiento de los polos. Como hemos podido ver en distintos medios de comunicación, la protección de la Tierra, conocida como capa de ozono, se ha ido adelgazando, teniendo como consecuencia el paso de las agresivas radiaciones solares; esto también ha producido las alteraciones en el clima, el aumento de temperatura en el mar y como se mencionó anteriormente, el derretimiento de los polos.

QUINTA PROFECÍA
Los sistemas encargados de organizar la sociedad, tendrán serios problemas a nivel económico, y el trueque será un recurso que pasará a desplazar el dinero como medio de intercambio. Según los mayas, la economía del hombre moderno está basada en principios de agresión, que resultan incompatibles con los tiempos que están por venir. Los sistemas de comunicación tan novedosos con los que cuenta la humanidad, colapsarán con el aumento de la actividad solar, al igual que los satélites.
Los cimientos de miedo sobre los que ha sido levantada nuestra sociedad, sufrirán una transformación junto con el planeta, para así dar paso a una nueva armonía. La mente evolucionada se convertirá en una herramienta importantísima para la  comunicación. Los sistemas religiosos tampoco se salvarán, ya que estos también entrarán en crisis, surgiendo de aquí un solo camino espiritual para la humanidad, dejando a un lado a todos los dioses que infunden temor.

SEXTA PROFECÍA
Nos advierte sobre la visita de un comenta que pondrá en peligro la existencia de la humanidad, situación que también fue vaticinada por otras culturas y religiones. Para los mayas los comentas eran representantes de grandes cambios; los consideraban unos poderosos generadores de transformación, permitiendo la evolución de la conciencia.
Según las profecías, las probabilidades de que el cometa impacte contra la Tierra son muy altas; pero podría ocurrir el caso contrario, si una acción psíquica conjunta de las mentes humanas logre desviar si trayectoria.
Los mayas dicen que debemos de comprender los ritmos de la naturaleza, para así podernos sincronizar con el universo. Si la conciencia humana se une rebasando toda frontera, cooperando profundamente, los procesos no serán tan traumáticos.

SÉPTIMA PROFECÍA
Nos dice sobre el posible nacimiento de una nueva conciencia. En los trece años que han transcurrido desde 1999 hasta 2012, todos los seres humanos tendrán la oportunidad de romper todas sus limitaciones, con la posibilidad de acceder a una armónica forma de ver la vida en sociedad y entendiendo la realidad más allá de sus sentidos.
La luz que se emitirá desde el centro de la galaxia sincronizará a todos los seres vivos, brindando una nueva realidad; el sistema solar saldrá de la noche para entrar al amanecer de la galaxia.
La mente del hombre evolucionará; esto quiere decir que  quienes eleven su energía vital  vibrarán más alto, por lo que tendrán la posibilidad de comunicarse a través del pensamiento. Habrá un gobierno mundial en armonía con los seres más sabios y evolucionados del planeta: es muy alta la probabilidad de que se diluya en concepto de nacionalidad.