domingo, 20 de septiembre de 2009

San Felipe de Jesús ó Capuchinas



Estuvo sobre Palma entre Venustiano Carranza y 16 de septiembre, orden franciscana. Fue el convento más austero de la Nueva España; se levantó gracias a la generosidad de Doña Isabel Barrera, viuda de Don Simón de Haro; aquel famoso patrono del convento de la Concepción y otros. De Toledo España, llegaron 5 monjas y una lega para hacer su fundación. Tuvieron muchas dificultades para dejar su tierra y ya en el mar, el barco que las trasportaba enfrentó innumerables peligros. Pero llegaron con bien y en octubre de 1665 fueron recibidas por el virrey y su esposa en la capital de la Nueva España.
Las religiosas de ésta orden no poseían bien alguno y vivían de limosnas. Ayunaban todos los días de su vida, menos los domingos y el día de Navidad; su cama era una tabla y su almohada un leño; el hábito de buda lana y la comida escasa. Era una dura vida dedicada al trabajo y la oración.
Al tener voto de clausura, no podían salir a la calle a pedir limosna, por lo que nombraban a una persona que se encargara de tal menester y se llamaba “limosnero”.
Se daba el caso de que, llegada la hora de la comida, no había alimentos, entonces tocaban una campana que hacía saber a los vecinos su penosa situación, inmediatamente el convento se saturaba de la generosidad con que la gente respondía al llamado. En la tarde la comida sobrante se repartía entre los pobres, pues la Regla no les permitía guardar nada para el siguiente día. Éste convento y la iglesia fueron demolidos en 1861.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Santa Isabel



Las monjas decidieron fundar un convento en 1600; para ello solicitaron una bulla y realizaron los trámites correspondientes; consiguieron que Doña Catalina de Peralta les ofreciera las casas de su habitación para la construcción del convento y lograron su cometido, porque esta señora fue la primera novicia. Cuando se hicieron las excavaciones para la construcción del Palacio de Bellas Artes, fueron encontrados los restos de ésta señora que todavía tenía ropa; los operarios vieron que todavía portaba sus alhajas. Lo único que se pudo conservar fue una lápida de piedra, expuesta por la Dirección de Arquitectura del INBA.
En 1676 la iglesia fue reconstruida, dedicada en 1681, bajo el patronato de Diego de Castillo, persona muy conocida, pues también fue patrono del convento de Churubusco de dieguinos. En el museo que está actualmente en éste sitio, todavía se conservan las figuras de Don Diego y su mujer. Durante la existencia de ésta iglesia fueron hechos varios retablos; entre ellos Juan de Montero y Manuel de Velázco, el famoso carpintero José de Sáyago hizo un colateral, del cual no queda nada. En el siglo XVIII tuvo un retablo de Isidoro Vicente de Balbás y en 1852 se hicieron todos neoclásicos.
En 1861 fue exclaustrada la comunidad y la iglesia fue convertida en bodega y luego en fábrica; el convento fue fraccionado. A fines del siglo XIX fue demolido totalmente y en su lugar fue construido el Palacio de Bellas Artes que podemos apreciar hoy en día.

domingo, 30 de agosto de 2009

San Juan de la Penitencia



Este edificio fue una ermita, luego un hospicio y, por último, monasterio y templo de clarisas hubo, donde hoy se levanta la iglesia de Buen Tono. Este convento de la orden franciscana no fue construido con el dinero de un acaudalado patrono español, sino de la buena voluntad de los indios del antiguo barrio de Moyotla.

Desde principios del siglo XVI, ya existía en ese sitio una ermita, erguida por fray Pedro de Gante y fue lo que los indígenas transformaron del monasterio. Comenzaron en 1591 y después de varias remodelaciones fue terminado en 1649.

Un problema era que no podían solventar los gastos del convento, pero los indios se comprometieron a recolectar limosnas para lo que necesitaran las monjas y a cambio pidieron la gracia de ser sepultados todos los vecinos del barrio en el templo.

Al poco tiempo llegarían cuatro religiosas de Santa Clara a fundar la nueva congregación, las cuales fueron recibidas con mucho júbilo y alegría. Hasta el día de su exclaustración nunca tuvieron ningún patrono. Pero a pesar de eso, sus penurias siempre fueron mitigadas por la bondad de la población, en especial doña Juana de Villaseñor Lomelí viuda y a punto de profesar con las Capuchinas de San Felipe de Jesús, se enteró de la situación de San Juan de la Penitencia y ella, por su nueva vida debía renunciar a sus bienes (que sumaban 60 mil pesos) y el 16 de septiembre de 1694, cedió todo gustosa sin perder el patronato.

La iglesia se pudo conservar hasta principios del siglo pasado, fue la segunda que en el XVII hubo en ese sitio. En la iglesia de principios del siglo XVII (la del hospicio), trabajó Juan Salcedo de Espinosa. En 1695 fue puesta la primera piedra de ésta construcción, que fue estrenada en 1711. Los retablos fueron hechos por artistas muy reconocidos en aquella época, como Jacinto Nadal y Lluvet, orador y dorador catalán, que fue socio de Antonio Maldonado y retablista en Atlixco a finales del siglo XVII.

La iglesia fue remodelada en 1862. Resulta extraño que en aquella época de exclaustración, las monjas liquidaran los retablos y las decoraciones barrocas; queda claro que lo que no hizo la Reforma, lo hizo el clero. La reja, fue una notable y bella obra de fundición en 1862. Cuando la iglesia fue demolida, para levantar la del Buen Tono, el doctor Aurelio Urrutia a recogió y la puso en un hospital de Coyoacán; luego se trasladó al Castillo de Chapultepec, donde puede ser admirada desde el paseo de la Reforma, entre dos leones de bronce que fueron recatados del Palacio Legislativo, cuya construcción interrumpió el estallido de la revolución.

Ente las monjas más destacadas están sor Sor Leonor de la Ascensión, de quien se dice rezaba tanto y ofrecía obras de misericordia en honor de las ánimas del purgatorio, que le servía y la ayudaban cuando lo necesitaba. Una historia curiosa que ocurrió un día fue que la mandadera murió y no había nadie que trajera el maíz a las monjas, entonces sor Leonor se acercó al cadáver y le susurró “levántate a servir a las religiosas”. Nadie vio nada, pero un poco más tarde, apareció el maíz el maíz en el horno.

El templo tuvo muchas imágenes destacadas como la de un Santo Ecce Homo, que al permanecer durante varios días sumergido en el agua debido a una inundación, fue encontrado intacto. Y aquel Niño Jesús colocado en la parte más alta de un retablo colateral que detuvo con su dedito la clave del arco para evitar que la iglesia se derrumbara durante un sismo. Hubo muchos sucesos notables en este convento, pero hoy solo quedan los recuerdos.

domingo, 23 de agosto de 2009

Santa Clara







La orden fue fundada por Santa Clara, la gran amiga de San Francisco. Esto fue debido a que la sociedad novohispana quería un convento franciscano, debido al cariño se les tenía desde el principio de la conquista a estos frailes tan entrañables. Dicho y hecho, el 4 de enero de 1579 fue fundado en 1579 el Convento de Santa Clara con la presencia del virrey don Martín Enríquez de Almanza. Las primeras mujeres en ingresar a este lugar fueron la viuda Francisca de San Agustín y sus cinco hijas, la primera abadesa fue Sor Luisa de San Jerónimo, monja concepcionista que recibió el permiso para abandonar su convento y poder venir al recién estrenado.
Las monjas tuvieron que pasar por muchas por muchas dificultades económicas para poder terminar la construcción de la iglesia, finalmente en 1661 fue concluido.
Uno de los benefactores más importantes de Santa Clara fue el franciscano lego Sebastián de Aparicio, hoy beato, el cual compadecido de la pobreza que sufrían las religiosas, donó algunos de sus bienes.
En 1718 hubo tremendo pleito entre clarisas y franciscanos, pues estos les habían retirado al capellán y las monjas no tenían acceso a los sacramentos; este alboroto creció tanto, que le virey tuvo que intervenir para calmar a las religiosas.
En convento, que se encuentra ubicado en la Calzada de Tlacopan, que era la principal arteria virreinal, cuentan que cuando pasaba la procesión de Corpus, las monjas subían a la azotea y arrojaban papelillos de colores, recortes de obleas y listones. También los vecinos se quejaban todo el tiempo del “escandaloso campaneo”, pues las clarisas les gustaba tocar las campanas a todas horas, ente esta situación el arzobispo intervino y ordenó que no se tocaran las campanas antes de las seis de la mañana y después de las nueve de la noche.
Sin embargo, el convento adquirió una gran importancia en el siglo XVIII, pero también sabemos que tuvo dos incendios uno en 1667 y el más terrible ocurrió en 1755 y casi se quema el templo; las monjas fueron trasladadas al Convento de Santa Isabel, mientras fue reparado todo aquello que resultó dañado. En el siglo XIX sufrió su total destrucción, pues fuera de la iglesia y la capilla de la Purísima Concepción, convertida en vinatería, no quedó nada de el a partir de 1867. Luego sirvió de cuartel y hasta de observatorio, fue vendido al señor Hagenbeck, quien lo liquidó. Por fortuna hemos localizado un plano de 1861 que no da una idea aproximada del conjunto. Del convento de Santa Clara no queda nada, solo el templo convertido en Biblioteca del Congreso de la Unión y la Capilla de la Purísima Concepción en la esquina con la calle de Bolívar.

lunes, 17 de agosto de 2009

San Bernardo


En 1636 fallece en la Cuidad de México el rico y acaudalado comerciante don Juan Márquez Orozco, que deja estipulado en su testamento su deseo de favorecer la fundación de un convento de mujeres de la orden de Císter; para esto donó su casa y sesenta mil pesos. Sus albaceas trataron de cumplir su última voluntad, pero no fue posible que las monjas del Císter en España, llegaran a tierras mexicanas.
Al ver esta situación las tres hermanas de don Juan, que eran monjas en el convento de Regina Coelli, y aparte andaban de pleito con la mayoría de las religiosas debido a problemas electorales; entonces las hermanas vieron la oportunidad de cumplir la petición de su hermano fundando una nueva comunidad, pero no del Císter sino de la orden a la que ellas pertenecían: la concepcioanista. En 1653 fundaron el convento de San Bernardo. Sin embargo, desde 1621, se insistía mucho en fundar un convento de la orden de los Císter en México, con el apoyo económico de Juan Márquez de Orozco.
El templo original fue demolido y el arquitecto Juan de Zepeda realizó el proyecto actual. El 24 de junio de 1685 se puso la primera piedra de la iglesia y se dedicó en 1690. Durante la ceremonia donde, entre otras cosas, fueron leídos poemas de la “Décima Musa”, sor Juana Inés de la Cruz, escribió para tan memorable fecha, donde pedía entusiasmada: “dad al arquitecto un vítore”. En el transcurso de esos años, participaron los siguientes artistas: Diego González, carpintero, autor de trabajos en San Pablo, quien hizo en 1687 las puertas del templo; Pedro Maldonado hizo el retablo mayor en 1688 y un colateral en 1690, con pinturas de Cristóbal de Villalpando; las portadas fueron esculpidas por Nicolás de Covarrubias en 1689; Manuel de Velazco y su hermano Antonio también hicieron colaterales para este templo. En 1709 se estrenó el órgano, construido por Tiburcio Sáenz de Izaguirre.
Los edificios anteriores al patrocinio del capitán Juan de Retes y Largache fueron muy pobres.
En 1777 el templo fue renovado, desapareciendo la decoración antigua, la cuál aparece descrita en un libro titulado “Sagrado Padrón”, que fue publicado en 1691.
En la década de los treinta, el convento fue fraccionado y vendido a particulares, al abrirse la calle 20 de noviembre, se desmontó todo el edificio del templo y después se rearmaron cuidadosamente para tener su ubicación actual. Sus portadas gemelas quedaron, una viendo al oriente y otra hacia el norte. Destacan en ellas las imágenes de San Bernardo y de la Virgen de Guadalupe realizadas en alabastro.

sábado, 8 de agosto de 2009

San José de Gracia




Anteriormente en ese mismo lugar existió una casa de recogimiento para mujeres casadas y viudas, bajo la advocación de Santa Mónica.

En el año de 1610, cuando un hombre rico de la cuidad, Don Fernando de Villegas, solicitó al arzobispo fray García Guerra y el virrey Luis de Velazco, fundar un monasterio de monjas, para lo cuál tuvo que hacer una serie de trámites largos y tediosos.

Las mujeres del recogimiento no estuvieron de acuerdo en la construcción de convento, pues sabían que ese sería el principio del fin de ese lugar; aunque las autoridades religiosas les aseguraron que el convento sería solo un anexo.

El rector de la Real y Pontificia Universidad de México junto con don Fernando de Villegas, se ofreció a ser el patrono de este santo lugar, con la condición de que en el profesaran sus ochos hijas y su suegra; comprometiéndose a donar dos mil pesos en oro anualmente y también pidió que en ese convento nunca entraran indias ni negras y se emplearan monjas legas para los oficios humildes. Compró la casa del antiguo recogimiento y fue dividida y fue diseñada, de manera que tanto las monjas, como las recogidas vivieran de manera pacífica y confortable. La capilla era de uso común, las monjas utilizaban los coros y la tribuna, las viudas y casadas.

Con el tiempo la paz solo se volvió una apariencia, pues el espacio para albergar mujeres era insuficiente, la satisfacción de sus necesidades y la demanda de niñas que se educaban ahí, era un problema muy serio. Junto al convento se encontraba la casa del recogimiento, y como el número de estas iba decreciendo, entonces las monjas con la anuencia de las autoridades eclesiásticas hicieron un agujero en el muro por donde se introdujeron las niñas y las criadas del convento y las recogidas fueron echadas a la calle.

Para 1658 la iglesia se encontraba en ruinas y fue demolida; por ésta razón las religiosas querrían mejorar su monasterio y le notificaron a Don Juan Navarro Pastrana, quien les facilitó el dinero; una vez terminado el recinto fue dedicado a San José

El 6 de marzo de 1659 el patronato fue constituido ante un escribano y se dedicó la iglesia en 1661. En 1664 Antonio Maldonado hizo un retablo y Diego de Velazco otro en 1668; estos ya no existen.

En 1863, el convento ya había sido abandonado por las monjas; entonces fue fragmentado y vendido. El templo, que todavía conserva sus dos portadas gemelas, pertenece actualmente a la Iglesia Episcopal Mexicana.

Se dice que la iglesia no tenía imagen, pero un buen día llegó a sus puertas un burro que cargaba un cajón de tamaño considerable; el animal se detuvo junto al templo y no hubo poder humano que lo moviera de ahí y nadie lo reclamaba. Al abrir el cajón que traía el burro a sus espaldas encontraron una imagen preciosa de la Virgen María estofada y policromada. La imagen fue colocada en el altar principal y venerada como Santa María de Gracia.

Otra historia cuenta que una monja con velo blanco llamada Magdalena del Señor San José, soñó que la Virgen María le explayaba su deseo de ser venerada en su nacimiento. La joven consiguió que se hiciera la imagen de lo que había soñado; el escultor, usando como base la talla de un angelito que había pertenecido a un retablo en desuso, la convirtió en una niña recostada fue expuesta a la veneración pública bajo el nombre de la Divina Infantita, en convento recibió muchos favores gracias a la intermediación de esa imagen.

El papa Gregorio XVI aprobó la nueva devoción y la enriqueció con multitud de indulgencias, y de ahí se propagó por todo el territorio, hasta llegar a la Madre Patria.

La iglesia fue saqueada, pero todavía se conserva, a excepción del convento, que fue destruido en la década de los 50’s, para construir en su lugar un inmundo edificio.


domingo, 2 de agosto de 2009

Balvanera




Corría el año de 1572, ciertos caballeros se encontraban preocupados, debido a que la prostitución iba cada vez más en aumento; entonces decidieron fundar una casa que sirviera de recogimiento a todas aquellas mujeres arrepentidas que estuvieran dispuestas a dejar la mala vida.
Así fue fundada la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, cuyos miembros compararon una casa destinada a alojar a estas mujeres, quienes se comprometieron a pedir donativos para su mantenimiento. Primero era llamado de las Recogidas y después Jesús de la Penitencia.
Las autoridades eclesiásticas ordenaron a cinco monjas del convento de la Concepción que lo abandonaran, para hacerse cargo del nuevo recogimiento. Al principio seguían la regla agustina, pero después acabó imponiéndose la concepcionista, que seguían tanto monjas, como recogidas, lo que hizo que más tarde algunas de las mujeres arrepentidas profesaran como religiosas.
Esta institución era muy particular, por ser casa de recogidas y a la vez convento de monjas, y aceptaban jóvenes como novicias, para que ellas continuaran con la obra en el futuro. Con el paso del tiempo el recogimiento pasó a ser un convento con el nombre de Nuestra Señora de Balvanera.
Las monjas de Jesús de la Penitencia llegaron a tener tanta fama, que algunas salieron hacia el Convento de San José de Gracia, cuando en 1621 murieron sus fundadoras y se necesitaban monjas de confianza que realizaran este trabajo. Manuel de Velazco realizo retablos ese mismo año, al igual que el vidriero Manuel de Chávez, el cuál hizo las ventanas; Francisco Martínez hizo el colateral mayor de estípites en 1749, el cuál fue destruido por el neoclásico en el siglo XIX.
Con el paso del tiempo, la iglesia se fue cayendo, entonces las religiosas recurrieron a una mujer acaudalada llamada Beatriz de Miranda, quien financió los gastos de construcción, la iglesia fue inaugurada el 7 de diciembre de 1671; para festejarlo, se realizó una procesión encabezada por el arzobispo don Payo Enríquez de Rivera, frailes y canónigos, el virrey, la audiencia, las cofradías y una gran multitud.
La fachada del templo cuenta con dos portadas gemelas y la torre está decorada con mosaico de Talavera en colores azul y amarillo. El interior del lugar casi no conserva nada del mobiliario original; en el retablo mayor todavía podemos encontrar una pintura con la imagen de Nuestra Señora de Balvanera. En la actualidad el templo está dedicado al culto Maronita (rito católico de origen libanés).
En sus mejores tiempos el convento fue muy grande; después fue vendido por lotes en 1861, hasta su desaparición total en 1929.