El Máximo Colegio de San Pedro y San Pablo perteneció a la orden de los jesuitas, en donde ellos se dedicaron a impartir asignaturas relacionadas con la religión católica. Cuando esta orden religiosa fue expulsada del país, el templo sufrió una gran depredación y quedó prácticamente desnudo. El inmueble fue destinado para un sin número de actividades.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Máximo Colegio de San Pedro y San Pablo
domingo, 5 de agosto de 2012
El Real Monasterio de Jesús María
Antes de que la conquista cumpliera medio siglo,
había ya en la capital de la Nueva España una buena cantidad de hijas y nietas
descendientes de conquistadores, quienes habían despilfarrado su fortuna a
manos llenas, dejando a su descendencia como herencia solamente sus títulos
nobiliarios y la más absoluta miseria. Ante tal problema se decidió entonces emprender el proyecto de
fundar un convento de monjas, en donde fuesen admitidas las descendientes de
conquistadores sin pagar dote alguna.
El personaje que concibió la idea fue Pedro Tomás
de Denia, quien consultó a Gregorio de Pesquera, individuo acaudalado ya anciano,
que después de servir al rey en algunas conquistas, decide retirarse a México
para ocuparse en obras piadosas; este hombre acogió con tanto entusiasmo el
proyecto, que ni tardo ni perezoso desembolsó más de cuatro mil pesos para
impulsar los trabajos, y también se
comprometió a recolectar limosnas, en tanto que el autor del proyecto se
dirigió hacia los minerales para juntar ocho mil pesos, con los cuál era
suficiente para echar a andar la construcción. Con el apoyo del alcalde
Bernardino Albornoz, quién era muy estimado por el virrey don Martín Enríquez y
por el Arzobispo don Pedro Moya de Contreras, se pudo echar a andar el proyecto
sin problema alguno.
Ya se tenían los recursos económicos para la
construcción, ahora hacía falta escoger el lugar, buscaron a propósito una casa
que se acomodara lo mejor posible a sus necesidades, hasta que dieron una cerca
de la Santa Veracruz; solamente la separaba del templo una pequeña callejuela,
que colindaba con el hogar del Mariscal de Castilla. La casa fue comprada por
cuatro mil novecientos pesos y las escrituras fueron entregadas en abril de 1578, entonces hubo la necesidad
de recaudar más fondos por medio de las limosnas, para el mantenimiento de las
religiosas y la construcción de la nueva iglesia; uno de las almas piadosas que
cooperaron fue Pedro García, quien entregó ocho mil cuatrocientos para que con
los réditos se sufragaran los gastos de seis religiosas que el habría de
nombrar; esta suma más otros generosos donativos, dieron la nada despreciable
cantidad de cuarenta y tres mil pesos.
Mientras los recursos se reunían, el Arzobispo Moya
de Contreras había ya obtenido una breve del papa Gregorio XIII el 21 de enero
de 1578, en donde se determinaba que las religiosas del nuevo convento debían
seguir las reglas y la vestimenta de las monjas concepcionistas. Tanto niñas
como adultas, solicitaron su ingreso en el nuevo recinto pero no podían admitir
todas; entonces para encontrar una solución se estableció una comisión
precedida por el factor Martín de Irigoyen, y nombraron a siete religiosas con
cien pesos anuales, algunas de las aceptadas fueron lasa nobles: doña Juliana
Quiñones, doña Leonor Pérez, doña Leonor Pacheco de Figueroa y doña Isabel de
Mendoza. Para fundadoras y maestras, fueron asignadas diez monjas del convento
de la Concepción, quienes se repartieron los cargos como mejor conviniera para
el buen gobierno del recinto. Las mentes creadoras de este proyecto, Pedro
Tomás de Denia y Gregorio de Pesquera, fueron quienes formaron las primeras
ordenanzas, supervisadas por don Pedro Moya de Contreras y autorizadas por
Gregorio XIII; este último permitió tres años más tarde el traslado del
convento al lugar donde estuvo funcionando durante muchos años.
Ya se encontraba el recinto religioso en
funcionamiento, pero siempre había prevalecido la idea de levantar un
monasterio para doncellas pobres que no pudieran pagar lo que exigía la dote;
entonces varias personas de buena posición contribuyeron a que esta obra fuera
una realidad. El nuevo claustro fue concebido con una torre y una campanilla;
donde serían recibidas todas las que tuvieran el sincero deseo de profesar,
pero también había cabida para aquellas que después de recibir su
educación, y aun así no sintieran la vocación
de la vida religiosa, sino más bien de dedicarse a la familia, entonces eran
libres de cumplir su misión en la vida. No contento con lo que había hecho,
Denia se embarca a España para informar a todas las altos jerarquías y para
pedir que se pudiera aumentar el número de religiosas enclaustradas.
Mientras tanto las monjas ya no la veían llegar con
la incomodidad por el sitio que se les había asignado, pues era húmedo, estaba
en los arrabales y por ser un lugar muy reducido para albergar a otras querían
ingresar con dote; y ante las constantes quejas de las religiosas, el Arzobispo
les dejó a su libre decisión el nuevo sitio donde establecerían el
convento, eligiendo el lugar en que
podemos ver el templo hasta nuestros días.
Al poco tiempo se comienza la construcción de la
iglesia y para el convento, muchas casas aledañas fueron compradas y
remodeladas para el noviciado; obteniendo su permiso de traslado el 11 de
septiembre de 1582, y al día siguiente fueron conducidas hacia el nuevo
monasterio con él acompañamiento y modestia debidos del provisor, el alcalde
del crimen y otros caballeros, trasladando a las religiosas en literas y coches
cerrados. El virrey marqués de Villa – Manrique, acompañado de los oidores y
otras personas de alto rango, tomó posesión del convento; la abadesa y demás
religiosas estaba hincadas en señal de respeto, y a su paso le besan la mano al virrey. En cuanto a Denia, obtuvo
una real cédula, con la cual el rey mantenía al convento bajo su protección y
patronato, asignándole tres mil ducados anuales por veinte años; pero tan
pronto recibió una carta del Arzobispo Moya de Contreras, concedió al sitio
religioso mucho más de lo que se había solicitado. Esta excesiva “generosidad”
del rey no fue gratuita, pues quería esconder algo muy vergonzoso; ¿qué era lo
que ocultaba con tanto celo?
Corría el año de 1571, cuando el Arzobispo se le
vio trayendo a una niña en brazos de poco más de dos años, la cual procreó el
rey con la hermana de Moya de Contreras. La sobrinita del religioso, doña
Micaela, fue criada de acuerdo a su
descendencia noble en el absoluto de los secretos; pero poco después de cumplir
los trece años la pobre chiquilla perdió totalmente el juicio, situación que la
condenó a pasar el resto de su vida recluida en un lujoso cuarto del convento,
con un grupo de religiosas a su servicio.
En 1588 el monasterio no tenía más que su primitiva
capilla, hasta que el conde de Monterrey aprobó el plan de levantar una iglesia
más grande y suntuosa el 9 de marzo de 1597, a donde asistieron todas las personas
importantes de la época para presenciar la bendición de la obra; mientras tanto
Denia luchó hasta que se cansó para que el convento fuera reubicado en su
antiguo lugar, esfuerzos que fueron por demás infructuosos. El proceso de
construcción de la iglesia un poco lento debido a la falta de fondos, pero
finalmente fue terminada en 1621, faltando solamente la torre; fue dedicada el
7 de febrero del mismo año por el Arzobispo don Juan Pérez de Serna, y al día
siguiente hubo una muy solemne procesión desde la Catedral, hasta el nuevo
templo, donde fue depositado el Santísimo Sacramento en el altar mayor.
Como se mencionó anteriormente, las monjas
siguieran las reglas de las concepcionistas, entre las cuáles estaba que debían
realizar labores de su sexo para recaudar fondos que les ayudaran a cubrir sus
gastos. Como dato curioso, les puedo contar que había dos claustros; en el que
profesaban era en de Jesús María, y el que estaba acondicionado de escuela,
pero no profesaban era el de Nuestra Señora del Rosario.
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Historias de Conventos de Monjas
lunes, 30 de julio de 2012
La Coyota
Siglo XVII, pródigo en sucesos sobrenaturales,
tiempo en que florecieron las malas artes, la magia diabólica y la hechicería.
La leyenda que vengo a ofrecerles en día de hoy nos relata como una mujer
vengativa vendió su alma al demonio, para asegurarse que recibiría castigo en
que consideraba como autor de sus desdichas; se aseguraba que esta mujer
desencadenó sobre sus descendientes una maldición infernal que aún en la época
porfirista subsistía, un estigma terrible para aquella familia Rodríguez de Celis.
¿En qué consistía esta maldición? Cuéntase que
todas las mujeres de los Rodríguez de Célis ocasionaban la muerte en sus
pretendientes; en efecto, siempre había alguien que embrujado por la soberbia
belleza de la chica, la invitaba a bailar para poder tenerla entre sus brazos.
Más cuando el galán se sentía profundamente atraído por la muchacha, siempre
sucedía lo mismo: era hallado muerto al día siguiente, la mayor parte de las
ocasiones por curiosos tempraneros descubrían el cadáver desfigurado y
ensangrentado, entre unos matorrales del rumbo de lo que hoy es Tacuba.
Retrocedamos siguiendo las desteñidas letras de
antiguos documentos hasta el siglo XVII, y empecemos la leyenda en una casa de
la antigua calzada de Tlacopan; antes de ser construida la casona existía otra
muy humilde, rodeada de tierras de labor y no muy lejos de ahí un bosque.
En aquellos humildes rumbos vivía don Álvaro,
conocido como el hortelano, tenía una lindísima hija llamada Blanca, que le
ayudaba al cultivo y exploración de la hortaliza, ella tenía siete años cuando
su madre murió, desde entonces su padre su padre se hizo cargo y lo ayudaba a vender.
Llevaba sus verduras hasta la Tlaxpana, en donde no
había nadie como ella para regatear y lograr mejor precio a los productos que con tanto afán sacaban, hasta que cierta
tarde al volver Blanca a su humilde casa, encontró a su padre enloquecido
destruyendo la hortaliza, quien le preguntó alarmada porque hacía tal locura, a
lo que su progenitor procede a tomarle la mano para llevarla al interior de la
casa; y para estupor de Blanca, don Álvaro le muestra un fabuloso tesoro que
encontró muy bien escondido bajo mantas
y objetos, que seguramente habrá sido botín de algún conquistador.
Semanas después edificaban una casa enorme numerosos albañiles, y una vez concluida y
amueblada con lujo señorial reinó
Blanca allí con su belleza; rodeada de sirvientes y vistiendo ropas de brocado
y oro, parecía que ese era el marco más adecuado a la soberana belleza de la
joven. Más dicen que quien se encuentra un tesoro no vive mucho para
disfrutarlo y esa creencia se hizo realidad, pues al escaso año moría don
Álvaro, pero eso no quiere decir que su hija se quedara sola de todo, ya que
varios galanes comenzaron a cortejarla; y al fin vencida por las ceremoniosas
atenciones y apostura de un doncel llamado don Fernando de Girard, la inocente
Blanca aceptó, pero era tanta la ansiedad por el matrimonio que demostraba el
galán, que la joven comenzó a desconfiar, incluso un día antes de la boda tenía
un mal presentimiento que no la dejaba en paz, y aun así no se echó para atrás.
Llegó en el día tan esperado por los novios,
asistiendo a tal evento nobles y principales; Blanca no cabía en sí de gusto,
pues nunca soñó en que se casaría con tanto esplendor y con alguien de
alcurnia; muchos de esos nobles arruinados solo fueron a saborear las ricas
viandas nupciales y a beber el buen vino que corrió a raudales, como cierto
caballero que también se llamaba Fernando y bebía como un tonel junto con el
feliz esposo de Blanca. Mientras bebían felizmente los dos amigos, el recién
casado le platicaba de cómo había logrado engañar de la manera más vil a su
esposa, fingiéndole amor para una vez estar aposentado en la mansión, hincarle
las garras a la fortuna y gastarla en mujeres y vicios; pero mientras
platicaban ninguno de ellos se percató de que Blanca escuchaba la conversación,
escondida tras un seto. La desposada que iba en busca de su amado, ya no fue
ante él, sino que volvió llorosa hasta la casa; después sin que nadie se diera
cuenta de su pena, estaba ya bailando
con otros caballeros que admitían, que plebeya o no, era bellísima. Ocupada en bailar, Blanca solo pudo ver de
vez en cuando a su esposo, más no logró
saber con quién había entablado aquel diálogo detrás del seto.
¿Fernando de Girard también había encontrado un
tesoro? ¡Indudablemente!, ya que se dio una gran vida con la fortuna incalculable
de su esposa. Pasó el tiempo y la joven pareja tuvo una niña muy bella, el
disponía en tanto ella cuidaba de la pequeña, de oro y tiempo que malgastaba
como por ejemplo, mandándose pintar retratos; más tres días después de
descubierta su imagen, este pasó a mejor vida: ¡Los que encuentran un tesoro no
viven mucho para gozarlo! Todos creyeron que Fernando había muerto por excesos
en el comer y beber, y nadie se ocupó por averiguar la verdadera causa de su
fallecimiento, pero decían algunos rumores que había sido envenenado.
Tres días después de los funerales del conde, la
gran casa señorial estaba cerrada y Blanca había despedido a todos los
sirvientes; pues impulsada por una pasión frenética, cegada por el odio y la
venganza vagó por la chinampas y canales de lo que hoy es Nativitas. ¿Qué
buscaba la terrible mujer transformada en fiera por el odio? Al fin ya entrada
la noche, descubren bajo un sauce llorón una figura impresionante que causaba
pavura a propios y extraños; sin aguardar más Blanca salta a tierra, y se
dirige a aquella mujer de aspecto desagradable y repulsivo que no era nada
menos que una bruja experta en la magia negra. Cuando la joven se disponía a
regresar con la hechicera en la trajinera, el indígena que conocía de sobra a
la mujer que la acompañaba no aguardó ni por todo el oro del mundo; Blanca
preocupada no sabía cómo iban a salir de ahí, pero su acompañante ya tenía la
solución, acto seguido hace un ademán y aparece increíblemente estacionado
sobre el agua un elegante carruaje, entonces con el pavor y desconfianza
mezclados, la muchacha se apoya en la mano fría y helada de aquella mujer
fantasmal.
Así, poco antes de la media noche, ambas estaban en
la casona señorial de la calzada de Tlacopan, y momentos después hablaban en la
sala de la espaciosa mansión ahora sumida en silencio. Blanca le platicaba
sobre la venganza que quería hacer en contra de Fernando, el amigo con el que
había platicado su marido el día de su boda, y como lo único que sabía de él
era su nombre, quería recurrir al rey de los infiernos para poder dar con el
culpable de sus desgracias, pero para pedir cualquier favor debía de entregarle
su alma, a lo que la mujer aceptó sin pensarlo dos veces.
La noche siguiente, noche de viernes, siniestra y
adecuada para llamar a Lucifer, la bruja prepara todo para la infernal
ceremonia; tres llamadas le hace al rey de los infiernos y aparece este entre llamas pestíferas
combinadas con ruidos subterráneos preguntado para que se le había llamado,
entonces Blanca le ofreció si alma a cambio de que le ayudara a encontrar al
hombre que la había humillado, pero no la iba ayudar hasta que su alma
estuviera lo suficiente condenada para llevarla al Infierno, entonces le pide
que haga con ella lo que quiera para así condenarse. Y cuenta la leyenda que el
demonio se enamoró de Blanca desde ese momento y que con sus alas cubrió su
cuerpo desnudo, mientras sus belfos estampaban el estigma infernal en esas
carnes blancas.
Al día siguiente por la tarde del pacto demoniaco
de las dos mujeres, el maligno les había dado la instrucción de que debían a atraer al galán en cuestión hacia
el bosque, él se encargaría de los demás; en tanto Blanca ya había mandado una
carta incitante a un Fernando que no iba a tardar en caer en el trampa,
envuelto con aquellas palabras que llevaban el trasfondo de la muerte. Días
después; ajeno a la trampa espantosa que sobre su persona se tramaba, llega don
Fernando de Avilés, quien fue abordado por la dama con una serie de preguntas
del día de la boda, y después de mucho conversar le pide que la espere en el
bosque en la orilla de lago, para para ahí el lenguaje fuera más cálido. Más
cuando el hombre llega al lugar indicado, parece aguardarles una fiera: ¡una
coyota! Acto seguido los gritos del incauto se mezclan con las carcajadas de Blanca; más gritos, risas y rugidos son
arrastrados por el viento que canta su letanía de muerte, entonces en ese
momento parecen resonar pasos felinos en la hojarasca del bosque, la mujer cree
que alguien se acerca y se pone alerta; y cuando tras una fracción de segundos
vuelve a mirar al caballero, descubre a la hechicera quien dice que la víctima
no era la que estaban buscando, ya que el Maligno le indicó que cuando esto
sucediera, al muerto le iba a aparecer una marca de una pezuña en la frente.
Semanas más tarde otro Fernando es inducido por
Blanca a acompañarla al bosque, y nuevamente
la Coyota ataca al caballero, a quien se le hicieron previamente las
mismas preguntas. Al día siguiente dos
cazadores estupefactos descubren el cadáver ensangrentado de la víctima;
mientras tanto en la casa de la dama, ella y la hechicera comentaban sobre
cuándo podría dar con aquel Fernando, pero todo llegaría en el momento
indicado.
El tercer Fernando, víctima de la maldad de aquella
mujer, solo pudo retrasar su muerte cuando corría tras Blanca en una noche tormentosa,
de repente estalla un relámpago y el rayo quema la encina y los sabinos, entre
el fragor de la tormenta se escuchan la siniestra carcajada de la mujer;
entonces sale de la nada alumbrada por una luz cegadora, una animal infernal de ojos centelleantes y pelambre
hirsuto, quien le da cruel muerte a su víctima.
Al día siguiente dos leñadores, que por temor iban
armados y además acompañados de un
cazador español, hacen el macabro hallazgo de Fernando. A los caballero se les
hacía muy extraño que solo aquellos que llevaban dicho nombre, fueran los
únicos que aparecieran muertos en el mismo lugar; entonces deciden observar con
más detenimiento los alrededores y descubren en el lodo huellas de mujer,
evidencia que gracias a la lluvia de la noche había quedado como testigo único de
aquel crimen. Como era de esperarse, el testimonio de leñadores y cazador, en
el sentido de que había huellas de mujer junto al cadáver, despertó toda clase
de comentarios en la colonia, alejando todos ellos las sospechas de que algo
infernal acontecía en el bosque y que todos los muertos se llamaran Fernando.
Al fin la tarde del 18 de agosto de 1627, cae la
última víctima de la hechicera, Blanca y el Diablo; quien en vida llevó por
nombre, don Fernando Ballesteros y Moncada, fiel amigo de su difunto marido. Al
fin la venganza de la malvada mujer se había consumado, ahora le tocaba a ella
cumplir con su parte del trato, entonces con la ayuda de la bruja fue conducida
hacia la acequia en donde una embarcación la esperaba; una vez a bordo una
espesa niebla en forma de serpientes infernales que se retuercen, Blanca va al
encuentro del rey de las tinieblas para morar con él por la eternidad.
La desaparición de la mujer y la muerte de aquellos
hombres, fueron ligados por las autoridades, y el Santo Oficio llegó a la
conclusión de que, en base de toda la evidencia recabada en la investigación,
la mujer tenía a su servicio de aun bruja, quien le ayudaba a convertirse en
fiera para matar a todo hombre que se llamara Fernando. El Santo Oficio ordenó
la bendición de la rica casona que abandonada empezó a destruirse; pero aún en el siglo siguiente quedaban ruinas que
causaban miedo y pavor.
Y ustedes se preguntarán ¿qué fue de la hija de
Blanca? Pues bien, ésta vivió lejos de sus propiedades con un tutor, pero no
escapó a que el vulgo le llamara ¡la coyota!, y la mujer guapa y hermosa, era
rehuida por la sociedad. Todo aquel caballero que osara fijarse en ella,
terminaba igual que los Fernandos, pero los encantos de aquella mujer eran
irresistibles para cualquier hombre. ¿Coincidencias? ¿Habladurías? Quien sabe,
lo cierto es que un cruel destino persiguió a la hija de Blanca, quien
finalmente se casó y tuvo una hija; y por esta hija, nieta de Blanca, se
mataron varios galanes y todas las mujeres descendientes de aquella mujer,
tuvieron el mismo destino de atraer a la muerte. ¿Esta maldición que pesó sobre
ellas fue el terrible castigo que tuvo como consecuencia aquel pacto demoníaco?
¿La maldición ha terminado? Lo ignoramos, pues rastro de la familia Rodríguez
de Celis se perdió en la época Porfiriana. ¿Acaso algún terrible drama pasional
actual tenga como explicación, que en el participó una descendiente de Blanca? ¿No lo creen así?
domingo, 22 de julio de 2012
Chichén Itzá
Esta magnífica ciudad se encuentra ubicada en la
Península de Yucatán entre las costas oriental y occidental; dista con 120 km
de Mérida, que es la capital de dicho estado. Cuenta con una superficie
aproximada de 15 km cuadrados; donde se distinguen cinco plazas o plataformas,
de las cuales solo tres han sido
excavadas y reconstruidas, faltando las que conectan con el “antiguo Chichén”,
lugar donde se encuentran el templo de las flechas y el de los falos. Cabe
destacar que todo el sitio se encuentra comunicado por caminos llamados
“sacbeo”, que son calzadas artificiales
de entre dos y ocho metros de anchos, de los cuáles se han localizado
aproximadamente treinta en los trabajos de excavación, bajo la dirección del
arqueólogo Peter Schmidt. La ciudad tiene trece juegos de pelota, destacando
que uno de estos es el más grande de Mesoamérica.
El nombre de Chichén Itzá se descompone en los
siguiente elementos de la lengua Itzá – Maya: “Chi” que significa boca, “chen”
que quiere decir pozo, e “Itzá” corresponde al nombre de los pobladores que la
ocuparon; así pues, la interpretación al español nos queda: boca del pozo de
los Itzaes, o la orilla del pozo de los Itzaes.
La pirámide tiene una base cuadrada de 55.5 m por
lado y 24 m de altura, tiene nueve basamentos sus tableros están colocados de
la siguiente manera: ocho plataformas con tres tableros de cada lado de las
escaleras, menos la novena que tiene dos; las escalinatas son cuatro y
representan los cuatro puntos cardinales y los escalones son 91 de cada lado.
Cuenta también con una pirámide interna, que es la lunar, y la exterior es la
solar; la entrada al público para ver el interior por desgracia no está
permitida.
La construcción principal que podremos encontrar es
el famoso castillo, como se le conoce más popularmente, que es considerado uno
de los relojes de Sol más grandes de la cultura maya. Sus escalones están diseñados y orientados de tal manera, que solo en los
días de equinoccios y solsticios,
podremos ver como la luz de Sol crea una sombra en la que parece que una
serpiente va bajando por la escalinata; espectáculo que atrae a personas de
todo el mundo y si fuiste uno de los privilegiados en presenciarlo, podrás
darnos la razón.
La luz y la sombra se entrelazan para formar siete
triángulos isósceles encadenados; si observamos detenidamente podremos darnos
cuenta que es una víbora de cascabel, Tzabcan (tzab, cascabel; can, serpiente),
representa al Sol y simboliza el movimiento ondulatorio y cíclico del tiempo.
Las siete figuras simbolizan los siete centros de energía de nuestro organismo
o lo que también conocemos como chackras.
El 21 de diciembre es el día del solsticio de
invierno, donde podremos observar como la pirámide se ilumina durante las
tardes solamente en sus costados sur y poniente, teniendo la mitad con luz y la
otra en sombra, esto nos indica un medio día solar. Para llegar al siguiente
solsticio de verano transcurren 182 días, entonces 182 peldaños son los que se
iluminan en los costados y sumando los de invierno nos dan 364, más el medio
día solar de cada solsticio da como resultado 365 días solares del calendario
Habb.
Calendario civil Itzá – Maya: 365.2420 días
Calendario gregoriano: 365.2425 días
Calendario científico actual: 365.2422 días
Como pudimos ver, la pirámide nos plasma el
calendario religioso y civil, indicándonos con luz y sombra los cuatro
movimientos del planeta, con respecto al Sol; por eso durante los equinoccios
podremos presenciar una serpiente de luz y una sombra. Para los mayas, aquellos
fenómenos eran para rendir el culto solar, el fálico y serpentino.
Para serpiente de sombra la podremos ver solamente
si subimos a la pirámide, porque solo la veían los grandes maestros; pero no
hay que cree que la imagen se proyecta y ya, pues tanto la de Sol como la de
sombra tiene tras de sí complejos cálculos matemáticos de proyección y
desaparición. Los mayas creían firmemente en que los templos y pirámides eran
como una gran escalera por la cual se podía subir al cielo.
domingo, 15 de julio de 2012
La maldición de la casa de Regina 27
¿Qué maldición había caído sobre la casa número 27
de la hoy calle de Regina? ¿Qué secretos del más allá guardaban sus añosos
muros? Esta leyenda, extraída de entre el polvo del siglo XVII, nos habla de un
caso de apariciones sobrenaturales que en nuestros días aún puede ocurrir….
Estamos en
1642, en la capital de la Nueva España, cuando hace su entrada triunfal el
nuevo virrey don García Sarmiento de Sotomayor, quien tenía dos títulos de
conde de Salvatierra y marqués de Sobroso, llegó a la capital el 23 de noviembre de ese año; pero no llegaba
solo, entre los personajes que traía en la comitiva estaba don Ambrosio Torres
de Medina y Linares, su esposa doña Lorenza y sus tres hijos. A su llegada, la
familia quedó instalada en la casa de las calles de Regina; ellos tenían la
impresión de que en estas nuevas tierras iban a ser muy felices, pero lo que no
sabían era que dentro de aquella casa
había un extraño maleficio… La primera noche que pasaron en la casona, la dama
escuchó sollozos lastimeros, además de aquellos gemidos dolorosos se escuchaban
en la planta baja, ruidos y sonidos inexplicables; entonces alarmada doña
Lorenza, decide despertar a su esposo y le platica los sucedido, pero este
pensó que serían las sirvientas que extrañaban España, por lo que no puso
atención y se volvió a dormir.
Al día
siguiente, picada de curiosidad la dama preguntó a la servidumbre y estos
creían que ella había llorado; entonces le contó a su esposo lo ocurrido y tres
días más tarde lo fenómenos psíquicos iban en aumento. No bien caía la tarde,
las puertas se abrían al acercarse a estas, como si un mayordomo invisible
abriera; pero a pesar de las palabras reconfortantes de marido hacia su
familia, los sucesos extraordinarios se incrementaban cada vez más, a los lastimeros
gemidos le siguieron después unos ruidos, todos lo escuchaban sin experimentar
un gran miedo; aquel ruido parecía como si alguien cosiera un duro costal de
arpillera, entonces los criados armados de valor recorrieron la casa, sin
encontrar nada anormal.
Durante dos años la familia de don Ambrosia y sus
criados soportaron aquellas manifestaciones de ultratumba. Era precisamente la
tarde del 26 de noviembre de 1644, doña Lorenza daba a sus hijos una bebida
caliente, cuando como si alguien la
llamara, volteó a ver hacia la puerta, hallándose ante una aparición horrible;
la aterrada dama permaneció sin decir palabra a sus hijos por temor de que se espantaran, y acto
seguido inclinó la cabeza para orar, pidiendo al cielo que sus hijos no vieran
aquello. Cuando volvió a mirar hacia la puerta, el espectro de la mujer de gris
había desaparecido; en esos momentos entró una de las criadas y le informó a su
patrona que había visto al mismo ser de ultratumba que ella, pero no hablaron
mucho de tema porque los niños podían escucharlas. En vano guardaron silencio
sobre la aparición a las niñas, pues una noche la mujer de gris, con su rostro
malévolo y siniestro espiaba a una de ellas; la pequeña al ver aquel horrible
ente pegó un grito de terror, y al escuchar
los alaridos de susto de su hija, don Ambrosio corrió a la alcoba, para
cuando llegó el espectro ya se había ido, y pensando que la niña había tenido
un mal sueño, la dejó en su cama y se volvió a dormir.
La noche del 3 de febrero de 1645, doña Lorenza fue
despertada por un viento helado que corría por la alcoba, creyó haber dejado la
ventana abierta y se levantó con el fin de cerrarla, pero cuando iba a
descorrer las cortinas salió de atrás un brazo y una mano descarnada, entonces
el espantoso miembro frío y oloroso a humedad la cogió del pelo, presa del
miedo gritó.
Al día siguiente, doña Lorenza contó a su esposo lo
ocurrido y este tomó la determinación de
aceptar la invitación que el virrey le
había hecho junto con otras familias, a pasar unos días en Coyoacán, por lo que
manda a su esposa e hijos para que se alejasen unos días de la casa embrujada,
mientras el trataría de encontrar una solución.
Don Ambrosio se quedó solo y esa noche, decidió
poner algunos asuntos al corriente; había quedado una criada, el criado y lo
acompañaba su perrito Titi, que estaba a sus pies; era cerca de la media noche
cuando el pequeño can comenzó a gruñir como si alguien se acercara, ante la
extrañeza de su amo, el animalito buscó refugio aullando espantado; y como si
alguien lo llamara, don Ambrosio miró a la puerta, hallándose ante una
aparición horrible, se trataba de una macabra aparición de una monja con su
hábito desgarrado, con sus rostro, manos descarnadas y unos cuencos en lugar de
ojos que parecían mirarlos con dolor; con gran entereza el caballero se puso de
pie, hablándole a la aparición para saber qué era lo que la hacía vagar por
este mundo, pero la monja muerta dejó escapar un hondo suspiro y se alejó
gimiendo. Con ánimo dispuesto, don Ambrosio siguió a la aparición, que tomó el
rumbo de jardín interior de la casa, la religioso gimió más sonoro al llegar
debajo a un árbol de fresno, y allí como tragada por la tierra desapareció,
dejando un olor a tumba, a misterio, a cosa del más allá.
Días después regresaron su esposa y sus hijos, el
caballero nada dijo a su mujer sobre la aparición dela monja, pero ella no
podía olvidar el escabroso tema y entonces le preguntó si había encontrado
alguna solución, él le dijo que había hablado con el maese Toledo, el doctor
Tarribá y solo esperarían la llegada de fray Molina, ya que ellos eran
especialistas en asuntos sobrenaturales. Pero antes de llegar las personas que
iban a exorcizar a los fantasmas, ocurrieron nuevas cosas espantables… una
tranquila noche doña Lorenza se encontraba haciendo tranquilamente haciendo su
costura, cuando escucha que alguien la llama, pensando que era su esposo va a
ver que se le ofrece, pero don Ambrosio no llamaba a sus mujer, el a su vez oía
que le llamaban en esos momentos; los dos esposos corrían, uno en pos del otro,
creyendo ser llamados mutuamente, y la encontrarse se preguntaban quién llamó a
quien. Entonces comprendieron que eran víctimas de las jugarretas fantasmales.
El 7 de marzo llegan por fin los exorcizadores a la
fatídica casa de Regina 27, quienes solicitaron al marido que se fueran a
descansar a sus aposentos mientras ellos hacían sus trabajos, a lo que él les
dijo que ya se había acostumbrado a ver espectros desde que estaba en España,
así que no había problema. Aguardaron hasta que sonó la media noche y entonces
los gemidos no se hicieron esperar, el fraile invocó la ayuda del cielo, y como
si se tratara de una obra de teatro y se levantara el telón, se empezó a ver la
escena de un tiempo pasado: una mujer era descubierta por su marido cometiendo
adulterio, el canalla escapa y ella pide disculpas al ofendido, pero este la
ignora y procede a amarrarla de pies a cabeza, acto seguido mientras gemía
doliente y desesperada, él y un amigo cosían el costal de arpillera en donde la
habían metido, aquellos gemidos y el coser de algo duro, eran los ruidos que oyera don Ambrosio y su
familia. Los dos caballeros sacaron a la mujer que se debatía y no cesaba de
gemir, después con su carga a cuestas llegaron hasta la acequia real en donde
la arrojaron; los vengadores, cuyos rostros no podía ver los exorcizadores,
quedaron allí hasta que el costal se hubo hundido. En ese momento aquel túnel
del tiempo se desvaneció y los caza fantasmas se fueron para reanudar su
trabajo en la siguiente sesión, mientras verían si podían averiguar algo sobre
la infiel.
Tres noches más después volvieron los exorcizadores
a la casa de Regina, esta vez para hablar con la monja. Don Ambrosio ya los
esperaba para relatarles la visión que tuvo el día que se quedó solo en su
casa; mientras esto ocurría, de pronto
formándose del aire y de sombras, apareció el espectro horrible de la monja,
acto seguido el fraile se acercó a ella para conjurarla para que platicara su
historia, la respuesta del espectro fue pedir ayuda para lograr su eterno
descanso, entonces prosiguió a tomar asiento entre los vivos y gimiendo se
preparó a contar su historia: “Herlinda Bauzas y Mellado fue mi nombre, fui
rica y bella en el mundo de los vivos,
mil galanes me querían como esposa, pero yo no sentía amor por ninguno y jugaba
con sus sentimientos; al enterarse mis padres de mi conducta libertina,
decidieron encerrarme en un convento, situación a la que me negué rotundamente
ya que ese lugar no era para mí, pero a pesar de mis súplicas y lágrimas me enclaustraron en Santa María de las
Mercedes. Durante muchos días estuve encerrada en mi celda, negándome a comer,
a dormir y a rezar, fueron en vano las reprimendas y consejos de la superiora;
pero no estaba sola en ese lúgubre lugar, pues había muchas novicias como yo,
ya que no podíamos olvidar las pasiones y pecados mundanos.
Durante ciertas noches, nuestros galanes lanzaban
escalas que nosotros atábamos a los árboles, por ellas subían y entonces nos
entregábamos a la pasión, al amor, al desenfreno… en la misma casa del señor; y
como era de esperarse, con tanto deseo contenido, tanta soledad y disciplina
debilitaron mi resistencia y cedí. El tiempo siguió su curso, la naturaleza su
obra y yo trataba de ocultar mi gran pecado bajo los gruesos hábitos, pero al
fin el plazo natural del nacimiento, me revolaba de dolor en el huerto, cuando fui descubierta por unas
beatas que salieron corriendo como si las persiguiera el diablo al ver el
estado en que me encontraba, fue lo último que vi. Nunca supe si mi hijo nació
vivo o lo mataron ellas, cuando volví ene mi lo sepultaban; días después morí
de intensas fiebres, sin que nadie se condoliera de mí.”
Al terminar su triste historia, la monja fantasmal
se puso de pie y señalando al fresno
dijo que su hijo se encontraba enterrado bajo este, ya que antes esos terrenos eran propiedad del convento. El
espectro les pide que encuentren el pequeño cadáver y le den cristiana
sepultura, en cuanto a ella les pidió encarecidamente que rezaran por su alma
pecadora para que obtuviera el sufragio eterno; si los caballeros cumplían lo
pactado, ella prometió jamás volver a perturbar las vidas de los moradores de
la casa, acto seguido la monja desapareció bajo el añoso fresno.
El 13 de mayo 1648, el virrey conde de Salvatierra
fue removido con el mismo cargo en el Perú, con él se fue su fiel servidor son
Ambrosio Torres de Medina y Linares y su familia. Respecto a los fantasmas de
la casa 27 de Regina, deben saber haber desaparecido, pues la promesa pactada
con el espectro fue cumplida. ¿Ustedes que creen? ¿Seguirá todavía la monja penando
por su pecado?
domingo, 8 de julio de 2012
Convento de Regina Coeli
Perteneciente a la orden Concepcionista, fue el
primero en ser fundado por las monjas del Convento de la Concepción en la
capital de Nueva España; su nombre significa “Reina del Cielo”.
El 4 de
octubre de 1573, salieron 10 monjas del
convento de la Concepción para fundar el monasterio de la Natividad de Regina
Coeli; se desconoce la fecha exacta en que fue levantado en convento, pero la
que más popular se hizo fue en el año de 1553. A este sitio podían ingresar
solamente las criollas y jóvenes españolas, que tuvieran realmente la vocación
para llevar una vida dedicada a la religión, debían tener de ser de 18 a 25
años de edad, gozar de cabal salud y buena voluntad. Para ser aceptadas también
debían pagar una dote de cuatro mil pesos.
Don Melchor de Terreros (pariente de don Pedro
Romero de Terreros) donó veinticinco mil pesos, con lo cual fue reconstruido el
convento y fue estrenada el 19 de marzo de 1656. En la primera mitad del siglo
XVIII, fue reconstruida con la ayuda del arzobispo fray José Lanciego y
Eguilaz. Por esos tiempos, don Buenaventura Medina Picazo mandó hacer la
capilla que después llevaría su nombre, dedicada a la Inmaculada Concepción,
anexa al templo y que tiene su estatua como una forma de agradecimiento.
La botica o farmacia de las monjitas era muy
conocida, pues preparaban un purgante muy efectivo que vendían al público, y la
receta era un total secreto y también hacían un agua para “el mal de ojo”, que
regalaban a quienes la solicitaran.
El convento tenía en 1861 treinta religiosas y
sesenta y un fincas, cuyo valor se calculaba en seiscientos setenta y ocho mil
pesos; las cuáles rentaban para obtener el sustento, que también los obtenían
de la caridad y obras pías. Con las leyes de Reforma las monjas fueron
exclaustradas en 1863.
El templo cuenta con dos portadas que no son
gemelas, en una de ellas se encuentra un relieve con escena del Nacimiento de
la Virgen María. El interior no se queda corto, pues todavía conserva
magníficos retablos y pinturas de estilo barroco de una gran calidad; del coro
solo queda el gran espacio adornado con pinturas al óleo; la Capilla de Medina
Picazo también es magnífica y para entrar en ella hay que pedir permiso en la
oficina por la calle de Bolívar. Esta capilla cuenta con su propio Coro Alto y
una bella cratícula en el lado del Evangelio, sobre el presbiterio.
En el templo se veneraba la imagen de Nuestra
Señora de la Fuente, que se decía era muy milagrosa y en la época era muy
popular. Una monja de convento llamada sor Micaela de los Dolores, le fue
regalada una estampa con aquella imagen, porque nueve meses atrás había perdido
la vista y padecía fuertes dolores. Se dice que le untaron en sus ojos el
aceite de la lámpara que estaba frente a la Señora y con fervor se encomendó a
ella, y milagrosamente recuperó la salud
y la vista.
Otra imagen que destaca por su belleza es la del
Ecce – Homo; pues cuenta la leyenda que
a un vecino de la capital se le apareció en sueños, y cuando despertó lo
primero que hizo fue llamar a un escultor para encargarle una igual a la de
aquella noche; por desgracia el artista no plasmó ni por asomo la imagen del
sueño. Todo parecía perdido para aquel hombre, hasta que un día llegaron unos
indígenas ataviados con unas tilmas blancas y se ofrecieron a elaborar la
escultura; pero lo curioso de estos personajes es que cuando terminaron su
trabajo, desaparecieron tan misteriosamente de la misma manera en que habían venido.
También se cuenta la versión de que los agustinos se trían su pleito legal con
motivo de la famosa imagen, que ya estaba lista para enviarse a España; y
después de un tiempo de discutir por la escultura finalmente se quedó en Regina
Coeli, en donde se decía también que había sido la dote de una religiosa que
murió joven, según se encuentra escrito en los archivos del convento y conforme
a la cuenta de la superiora Francisca de Jesús, nieta del virrey don Luis de Velasco.
Cabe mencionar que gracias a las buenas limosnas que generaba el Santo Ecce –
Homo, era posible hacer las principales
fiestas del convento como la Natividad
de la Virgen, las solemnidades del Domingo Ramos, Jueves Santo y los gastos estratosféricos
que conllevaba. La imagen tenía su cofradía, que fue de gran influencia y sobre
todo de riqueza; también en el recinto se rendía culto a Nuestra Señora de la
Fuente, plasmada en óleo por el gran pintor Ibarra.
Después de las leyes de Reforma, Juárez cedió el convento
al Ejército. Cuatro años más tarde sirvió como pago a Ramón Obregón, que
después fue alcalde de Valle de Santiago, Guanajuato en 1887; y gracias a estos
hechos el inmueble logró salvarse de la demolición. Los años pasaron y Consuelo
Béistegui, filántropa y última propietaria del convento, lo cedió para que
instalar un hospital, que fue inaugurado en 1886. En el templo se siguieron
oficiando misas, pero por desgracia los ladrones han acabado con pinturas, objetos
de plata y retablos.
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Historias de Conventos de Monjas
domingo, 1 de julio de 2012
La leyenda de la mujer Xtabay
Allá por la mágicas y misteriosas tierras de
Yucatán, existen seres que poca veces se dejan ver por los humanos, pero de
alguna u otra forma nos han manifestado su existencia a los largo de los
siglos. Pero ni el paso del tiempo, ni la invasión de la modernidad con su
maravillosa tecnología, han podido dejar en el olvido las fantásticas leyendas
de aquellas criaturas mágicas; pues estos relatos mezclados con un poco de
imaginación y realidad nos siguen ejerciendo un poder magnético sobre nosotros.
Entre los seres misteriosos que habitan las selvas
del Mayab, se encuentra una mujer maya poseedora de una belleza sin igual:
bonitas facciones, cuerpo perfecto, piel tersa
y unos ojos capaces de embrujar a cualquier hombre. Utilizando todos sus encantos atrae a
los incautos que se crucen en su camino, y cuando estos se dan cuenta de que
cayeron en una mortal trampa ya es demasiado tarde. Al día siguiente son
encontrados los cuerpos totalmente destrozados con espantosos rasguños y
mordidas, con el pecho abierto con lo que parecen ser garras.
¿De dónde surge la leyenda de la Xtabay? Durante un
tiempo se dijo que era la hija de Ceibam, que nacía de sus retorcidas y gruesas
raíces, pero esto no es verdad; la versión de verdadera nos dice que la Xtabay
nace de una planta espinosa, punzadora y mala. Dicho árbol es sagrado para los
hijos de la tierra del faisán y del venado, su sombra los acoge bajos sus
ramas, pero pobre de aquel que le tenga confianza absoluta.
Cuenta la leyenda que en un pueblo vivían dos mujeres,
una de ellas era Xkeban, apodo que quiere decir prostituta, mujer mala o dada
al amor ilícito; la gente decía que estaba enferma de amor y de pasión, que
todo lo que deseaba hacer en su vida era entregar su cuerpo y belleza, con los
cuáles se deleitaban todos los mancebos que se cruzaban en su camino. El
verdadero nombre de esta mujer de cascos ligeros era Xtabay.
Muy cerca vivía otra mujer llamada Utz – Colel, que
quiere decir “Mujer buena, mujer decente y limpia”. Tenía una casa bien hecha,
limpia y arreglada, y como era suponerse, era muy querida en todo el pueblo; y
a diferencia de su vecina, era toda una poseedora de virtudes, pues nunca se le
había conocido que tuviera algún desliz o que hiciera algo que resultara
vergonzoso, ni siquiera levantaba la vista para ver a un hombre.
No podía ser malo en Xtabay, ya que a pesar de
tener ese defecto que le había creado muy mala fama; por el otro lado, tenía un
corazón tan grande que no le cabía en el pecho, pues esa infinita bondad que
poseía la hacía socorrer al más necesitado y rescatar a los animalitos en
desgracia. Su deseo de ayudar al prójimo la llevaba a recorrer poblados muy
apartados para poder auxiliar a los enfermos; incluso llegaba a despojarse de
las joyas que le regalaban sus galanes y sus finas vestiduras para cubrir la
desnudez de los desamparados. Nunca se supo que esta buena mujer alzara la
cabeza en tono altivo; nunca levantó la voz por las críticas que le bombardeaba
todo el tiempo la gente.
La virtuosa y perfecta Utz – Colel, a la que tanto
admiraba el pueblo, era todo lo contrario a su vecina: fría, orgullosa, dura de
corazón, nunca socorría al enfermo y sentía repugnancia por el pobre.
Todo marchaba con normalidad, hasta que un día los
maledicentes vecinos se dieron cuenta de que la Xtabay no salía de su casa, y
creyeron que andaba por algún pueblo ofreciendo su cuerpo y sus indignas
pasiones, situación que los puso contentos de descansar de su desagradable
presencia. Los días pasaron y la mujer no se dejaba ver, pero sucedió que un día
en el pueblo se esparció un delicioso aroma a flores, un exquisito y delicado
perfume. Nadie sabía de donde podía provenir ese olor tan grato, así que todos
se dieron a la tarea de buscar el punto de origen, el cual resultó ser nada
menos que ¡la pecadora Xtabay!, quien fue encontrada muerta en su casa.
Lo curioso del hallazgo fue que no se encontraba
sola, pues estaba acompañada de varios animales que cuidaban su cuerpo, del
cual brotaba aquel delicioso aroma que envolvía al pueblo entero.
Como en todas las épocas se ha dado, no podía
faltar la envidiosa de Utz – Colel, quien consideró que aquello eran puras
mentiras y quiso ir comprobarlo con sus propios ojos a la casa de la
prostituta; le parecía inconcebible que de un cuerpo tan sucio como el de Xtabay
debía emanar un olor asqueroso y repugnante, imposible de soportar; y que si el
aroma era agradable, entonces no podía ser más que obra del dios del mal. Al
ver que todo lo dicho era cierto, estalló en santa ira y dijo: “Si de un cuerpo
tan impuro como el de esta mujer se desprende tal aroma, entonces cuando yo
muera, la fragancia que emanaré será mucho más exquisita y aromática”.
Como Xtabay no tenía a nadie, por lástima y
compasión, un grupo de personas de la comunidad decidieron enterrarla como era debido. Cuenta la leyenda
que al día siguiente de que fue celebrado el funeral, de su tumba brotaron
flores aromáticas y hermosas; después las tierras se tapizaron de estas plantas que eran desconocidas en el Mayab. Desde
entonces, el lugar donde yacía sepultada Xtabay, estuvo lleno de aquellas
hermosas flores.
¿Qué creen? Al poco tiempo muere la envidiosa Utz –
Colel, y a su entierro acudió el pueblo entero, pues recordemos que siempre
había admirado sus virtudes, su honestidad y su virginidad. Fue enterrada con
muchas lágrimas y tristeza. La gente recordó las palabras de la muerta, sobre
el olor delicioso, que según ella emanaría su cadáver.
Entonces todos se dieron a la tarea de esperar que
sus restos despidieran un aroma mejor que el de Xtabay, pero para el asombro de
todos los que la creyeron buena y recta, comprobaron que al poco tiempo de ser
sepultada comenzó a salir de la tierra floja todavía, un hedor insoportable
típico de todo cadáver en descomposición. La gente se retiró asombrada.
En la tradición maya cuentan la historia de que la
florecilla que naciera de la pecadora Xkeben, es la que hoy conocemos como Xtabentún, que es una
bella y humilde flor, que crece de forma silvestre en cercas y caminos, entre
las hojas del agave. De esta plantita de hace una bebida alcohólica de
agradable y dulce sabor, como lo sería el amor de Xtabay.
En cambio Tzacam, como se le conoce a un cactus
lleno de espinas con una florecilla sin aroma, que nació en la tumba de Utz –
Colel, a veces despide un olor desagradable, como el carácter y la falsa virtud de la mujer.
Y más bien, no es que la Xtabay sea una mujer mala
que seduce a los hombres para luego darles muerte, más bien es la envidia de
Utz – Colel que todavía ronda por aquellos lugares. Dicen los antiguos mayas
que tal vez podría ser alguna de las tantas mujeres vírgenes que fueron
sacrificadas en el cenote sagrado, pero la Xtabay jamás.
Hasta aquí llega esta hermosa leyenda que los
antiguos mayas han pasado a sus descendientes, desde que se establecieron los
primeros habitantes del Mayab, hasta la época acual. No dejemos que este tipo
de leyendas que dejaron nuestros
antepasados se pierdan para siempre.
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