domingo, 27 de septiembre de 2009

Corpus Christi


Este convento fue construido para monjas franciscanas hijas de caciques indios; y esto se debió al celo del virrey duque de Arión y marques de Valero, quien puso la primera piedra del edificio en 1720 a pesar de oposición de los jesuitas, que alegaban que las indias… “por su poca capacidad mental no comprendían el estado religioso”. Cuatro religiosas fueron elegidas para dirigir el convento: una del Convento de Santa Isabel, otra del de Santa Clara y dos de San Juan de la Penitencia y de éste último sería la primera superiora, sor Petra de San Francisco, descendiente del conquistador Pedro de Alvarado.
Era tal el gusto que daba a los señores caciques de que sus hijas tomaran los hábitos, que realizaban grandes fiestas cuando la muchacha ingresaba al convento; se organizaba una verbena donde se echaban muchos cuetes y se les daba refrescos a los invitados; y si estos venían de lugares muy lejanos, venían acompañados por una gran comitiva formada por la familia y un numeroso contingente de indígenas armados con arcos y flechas. De Puebla, Guadalajara, Valladolid, Tlaxcala, Oaxaca llegaron indias nobles a poblar el reciente convento de Corpus Christi. Algunas religiosas notables encontramos a doña María Teresa de los Reyes Valeriano y Moctezuma, descendiente del emperador azteca, y a doña Felipa de Jesús, de la casa de aquellos caciques que ayudaron a los españoles en sometimiento de Tepeaca.
Al principio enfrentaron conflictos con sus educadoras criollas, debido a que querían hacerse del monasterio, pero con el tiempo se impuso la razón y el objetivo por el que fue guindado el convento prevaleció . Las monjas indias se distinguieron siempre por su piedad, devoción y la estricta observación de su Regla.
Gracias a las arduas investigaciones de Josefina Muriel, sabemos que Pedro de Arrieta, en 1724, fue el arquitecto y que el lugar fue reedificado en 1750 por fray Juan de Dios Rivera. Como todas las monjas, estuvieron exclaustradas en 1861, y regresaron a su convento durante el Imperio. Pero tuvieron que salir en 1867. El templo tuvo hermosos retablos, el principal tenía una pintura del Santísimo Sacramento todo rodeado de ángeles. Grandes pintores de la época como los hermanos Rodríguez Juárez dejaron su huella.
Después el edificio pasó a ser propiedad de José Ives Limantour, quien lo mando demoler para construir su casa. Se salvó un pequeño claustro, demolido en éste siglo.
Rivera Cambas nos narra que la iglesia se encontraba completa en 1880. En los años veinte, Calles se la entregó al patriarca cismático; pero fracasó y la iglesia fue convertida en bodega, templo protestante, después en tienda de “mexican curious”, Museo de Higiene y en 1951 Museo de Artes e Industrias Populares del Instituto Nacional Indigenista, también desaparecido. Actualmente funciona como el Archivo de Notarías. Sus puertas de madera, talladas en el siglo XVIII se salvaron. El Gobierno del DF está realizando programas de recuperación para éste lugar.
Resulta lamentable que la iglesia de ésta institución que representó “la capacidad del espíritu indígena para alcanzar las más altas cimas de la cultura occidental”, se hubiese convertido en una tienda de curiosidades mexicanas: aquello que alguna vez se utilizó en el siglo XVIII para enaltecer a los indios; en el siglo XIX se convirtió en un símbolo de lo que se hace para prostituirlos.

domingo, 20 de septiembre de 2009

San Felipe de Jesús ó Capuchinas



Estuvo sobre Palma entre Venustiano Carranza y 16 de septiembre, orden franciscana. Fue el convento más austero de la Nueva España; se levantó gracias a la generosidad de Doña Isabel Barrera, viuda de Don Simón de Haro; aquel famoso patrono del convento de la Concepción y otros. De Toledo España, llegaron 5 monjas y una lega para hacer su fundación. Tuvieron muchas dificultades para dejar su tierra y ya en el mar, el barco que las trasportaba enfrentó innumerables peligros. Pero llegaron con bien y en octubre de 1665 fueron recibidas por el virrey y su esposa en la capital de la Nueva España.
Las religiosas de ésta orden no poseían bien alguno y vivían de limosnas. Ayunaban todos los días de su vida, menos los domingos y el día de Navidad; su cama era una tabla y su almohada un leño; el hábito de buda lana y la comida escasa. Era una dura vida dedicada al trabajo y la oración.
Al tener voto de clausura, no podían salir a la calle a pedir limosna, por lo que nombraban a una persona que se encargara de tal menester y se llamaba “limosnero”.
Se daba el caso de que, llegada la hora de la comida, no había alimentos, entonces tocaban una campana que hacía saber a los vecinos su penosa situación, inmediatamente el convento se saturaba de la generosidad con que la gente respondía al llamado. En la tarde la comida sobrante se repartía entre los pobres, pues la Regla no les permitía guardar nada para el siguiente día. Éste convento y la iglesia fueron demolidos en 1861.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Santa Isabel



Las monjas decidieron fundar un convento en 1600; para ello solicitaron una bulla y realizaron los trámites correspondientes; consiguieron que Doña Catalina de Peralta les ofreciera las casas de su habitación para la construcción del convento y lograron su cometido, porque esta señora fue la primera novicia. Cuando se hicieron las excavaciones para la construcción del Palacio de Bellas Artes, fueron encontrados los restos de ésta señora que todavía tenía ropa; los operarios vieron que todavía portaba sus alhajas. Lo único que se pudo conservar fue una lápida de piedra, expuesta por la Dirección de Arquitectura del INBA.
En 1676 la iglesia fue reconstruida, dedicada en 1681, bajo el patronato de Diego de Castillo, persona muy conocida, pues también fue patrono del convento de Churubusco de dieguinos. En el museo que está actualmente en éste sitio, todavía se conservan las figuras de Don Diego y su mujer. Durante la existencia de ésta iglesia fueron hechos varios retablos; entre ellos Juan de Montero y Manuel de Velázco, el famoso carpintero José de Sáyago hizo un colateral, del cual no queda nada. En el siglo XVIII tuvo un retablo de Isidoro Vicente de Balbás y en 1852 se hicieron todos neoclásicos.
En 1861 fue exclaustrada la comunidad y la iglesia fue convertida en bodega y luego en fábrica; el convento fue fraccionado. A fines del siglo XIX fue demolido totalmente y en su lugar fue construido el Palacio de Bellas Artes que podemos apreciar hoy en día.

domingo, 30 de agosto de 2009

San Juan de la Penitencia



Este edificio fue una ermita, luego un hospicio y, por último, monasterio y templo de clarisas hubo, donde hoy se levanta la iglesia de Buen Tono. Este convento de la orden franciscana no fue construido con el dinero de un acaudalado patrono español, sino de la buena voluntad de los indios del antiguo barrio de Moyotla.

Desde principios del siglo XVI, ya existía en ese sitio una ermita, erguida por fray Pedro de Gante y fue lo que los indígenas transformaron del monasterio. Comenzaron en 1591 y después de varias remodelaciones fue terminado en 1649.

Un problema era que no podían solventar los gastos del convento, pero los indios se comprometieron a recolectar limosnas para lo que necesitaran las monjas y a cambio pidieron la gracia de ser sepultados todos los vecinos del barrio en el templo.

Al poco tiempo llegarían cuatro religiosas de Santa Clara a fundar la nueva congregación, las cuales fueron recibidas con mucho júbilo y alegría. Hasta el día de su exclaustración nunca tuvieron ningún patrono. Pero a pesar de eso, sus penurias siempre fueron mitigadas por la bondad de la población, en especial doña Juana de Villaseñor Lomelí viuda y a punto de profesar con las Capuchinas de San Felipe de Jesús, se enteró de la situación de San Juan de la Penitencia y ella, por su nueva vida debía renunciar a sus bienes (que sumaban 60 mil pesos) y el 16 de septiembre de 1694, cedió todo gustosa sin perder el patronato.

La iglesia se pudo conservar hasta principios del siglo pasado, fue la segunda que en el XVII hubo en ese sitio. En la iglesia de principios del siglo XVII (la del hospicio), trabajó Juan Salcedo de Espinosa. En 1695 fue puesta la primera piedra de ésta construcción, que fue estrenada en 1711. Los retablos fueron hechos por artistas muy reconocidos en aquella época, como Jacinto Nadal y Lluvet, orador y dorador catalán, que fue socio de Antonio Maldonado y retablista en Atlixco a finales del siglo XVII.

La iglesia fue remodelada en 1862. Resulta extraño que en aquella época de exclaustración, las monjas liquidaran los retablos y las decoraciones barrocas; queda claro que lo que no hizo la Reforma, lo hizo el clero. La reja, fue una notable y bella obra de fundición en 1862. Cuando la iglesia fue demolida, para levantar la del Buen Tono, el doctor Aurelio Urrutia a recogió y la puso en un hospital de Coyoacán; luego se trasladó al Castillo de Chapultepec, donde puede ser admirada desde el paseo de la Reforma, entre dos leones de bronce que fueron recatados del Palacio Legislativo, cuya construcción interrumpió el estallido de la revolución.

Ente las monjas más destacadas están sor Sor Leonor de la Ascensión, de quien se dice rezaba tanto y ofrecía obras de misericordia en honor de las ánimas del purgatorio, que le servía y la ayudaban cuando lo necesitaba. Una historia curiosa que ocurrió un día fue que la mandadera murió y no había nadie que trajera el maíz a las monjas, entonces sor Leonor se acercó al cadáver y le susurró “levántate a servir a las religiosas”. Nadie vio nada, pero un poco más tarde, apareció el maíz el maíz en el horno.

El templo tuvo muchas imágenes destacadas como la de un Santo Ecce Homo, que al permanecer durante varios días sumergido en el agua debido a una inundación, fue encontrado intacto. Y aquel Niño Jesús colocado en la parte más alta de un retablo colateral que detuvo con su dedito la clave del arco para evitar que la iglesia se derrumbara durante un sismo. Hubo muchos sucesos notables en este convento, pero hoy solo quedan los recuerdos.

domingo, 23 de agosto de 2009

Santa Clara







La orden fue fundada por Santa Clara, la gran amiga de San Francisco. Esto fue debido a que la sociedad novohispana quería un convento franciscano, debido al cariño se les tenía desde el principio de la conquista a estos frailes tan entrañables. Dicho y hecho, el 4 de enero de 1579 fue fundado en 1579 el Convento de Santa Clara con la presencia del virrey don Martín Enríquez de Almanza. Las primeras mujeres en ingresar a este lugar fueron la viuda Francisca de San Agustín y sus cinco hijas, la primera abadesa fue Sor Luisa de San Jerónimo, monja concepcionista que recibió el permiso para abandonar su convento y poder venir al recién estrenado.
Las monjas tuvieron que pasar por muchas por muchas dificultades económicas para poder terminar la construcción de la iglesia, finalmente en 1661 fue concluido.
Uno de los benefactores más importantes de Santa Clara fue el franciscano lego Sebastián de Aparicio, hoy beato, el cual compadecido de la pobreza que sufrían las religiosas, donó algunos de sus bienes.
En 1718 hubo tremendo pleito entre clarisas y franciscanos, pues estos les habían retirado al capellán y las monjas no tenían acceso a los sacramentos; este alboroto creció tanto, que le virey tuvo que intervenir para calmar a las religiosas.
En convento, que se encuentra ubicado en la Calzada de Tlacopan, que era la principal arteria virreinal, cuentan que cuando pasaba la procesión de Corpus, las monjas subían a la azotea y arrojaban papelillos de colores, recortes de obleas y listones. También los vecinos se quejaban todo el tiempo del “escandaloso campaneo”, pues las clarisas les gustaba tocar las campanas a todas horas, ente esta situación el arzobispo intervino y ordenó que no se tocaran las campanas antes de las seis de la mañana y después de las nueve de la noche.
Sin embargo, el convento adquirió una gran importancia en el siglo XVIII, pero también sabemos que tuvo dos incendios uno en 1667 y el más terrible ocurrió en 1755 y casi se quema el templo; las monjas fueron trasladadas al Convento de Santa Isabel, mientras fue reparado todo aquello que resultó dañado. En el siglo XIX sufrió su total destrucción, pues fuera de la iglesia y la capilla de la Purísima Concepción, convertida en vinatería, no quedó nada de el a partir de 1867. Luego sirvió de cuartel y hasta de observatorio, fue vendido al señor Hagenbeck, quien lo liquidó. Por fortuna hemos localizado un plano de 1861 que no da una idea aproximada del conjunto. Del convento de Santa Clara no queda nada, solo el templo convertido en Biblioteca del Congreso de la Unión y la Capilla de la Purísima Concepción en la esquina con la calle de Bolívar.

lunes, 17 de agosto de 2009

San Bernardo


En 1636 fallece en la Cuidad de México el rico y acaudalado comerciante don Juan Márquez Orozco, que deja estipulado en su testamento su deseo de favorecer la fundación de un convento de mujeres de la orden de Císter; para esto donó su casa y sesenta mil pesos. Sus albaceas trataron de cumplir su última voluntad, pero no fue posible que las monjas del Císter en España, llegaran a tierras mexicanas.
Al ver esta situación las tres hermanas de don Juan, que eran monjas en el convento de Regina Coelli, y aparte andaban de pleito con la mayoría de las religiosas debido a problemas electorales; entonces las hermanas vieron la oportunidad de cumplir la petición de su hermano fundando una nueva comunidad, pero no del Císter sino de la orden a la que ellas pertenecían: la concepcioanista. En 1653 fundaron el convento de San Bernardo. Sin embargo, desde 1621, se insistía mucho en fundar un convento de la orden de los Císter en México, con el apoyo económico de Juan Márquez de Orozco.
El templo original fue demolido y el arquitecto Juan de Zepeda realizó el proyecto actual. El 24 de junio de 1685 se puso la primera piedra de la iglesia y se dedicó en 1690. Durante la ceremonia donde, entre otras cosas, fueron leídos poemas de la “Décima Musa”, sor Juana Inés de la Cruz, escribió para tan memorable fecha, donde pedía entusiasmada: “dad al arquitecto un vítore”. En el transcurso de esos años, participaron los siguientes artistas: Diego González, carpintero, autor de trabajos en San Pablo, quien hizo en 1687 las puertas del templo; Pedro Maldonado hizo el retablo mayor en 1688 y un colateral en 1690, con pinturas de Cristóbal de Villalpando; las portadas fueron esculpidas por Nicolás de Covarrubias en 1689; Manuel de Velazco y su hermano Antonio también hicieron colaterales para este templo. En 1709 se estrenó el órgano, construido por Tiburcio Sáenz de Izaguirre.
Los edificios anteriores al patrocinio del capitán Juan de Retes y Largache fueron muy pobres.
En 1777 el templo fue renovado, desapareciendo la decoración antigua, la cuál aparece descrita en un libro titulado “Sagrado Padrón”, que fue publicado en 1691.
En la década de los treinta, el convento fue fraccionado y vendido a particulares, al abrirse la calle 20 de noviembre, se desmontó todo el edificio del templo y después se rearmaron cuidadosamente para tener su ubicación actual. Sus portadas gemelas quedaron, una viendo al oriente y otra hacia el norte. Destacan en ellas las imágenes de San Bernardo y de la Virgen de Guadalupe realizadas en alabastro.

sábado, 8 de agosto de 2009

San José de Gracia




Anteriormente en ese mismo lugar existió una casa de recogimiento para mujeres casadas y viudas, bajo la advocación de Santa Mónica.

En el año de 1610, cuando un hombre rico de la cuidad, Don Fernando de Villegas, solicitó al arzobispo fray García Guerra y el virrey Luis de Velazco, fundar un monasterio de monjas, para lo cuál tuvo que hacer una serie de trámites largos y tediosos.

Las mujeres del recogimiento no estuvieron de acuerdo en la construcción de convento, pues sabían que ese sería el principio del fin de ese lugar; aunque las autoridades religiosas les aseguraron que el convento sería solo un anexo.

El rector de la Real y Pontificia Universidad de México junto con don Fernando de Villegas, se ofreció a ser el patrono de este santo lugar, con la condición de que en el profesaran sus ochos hijas y su suegra; comprometiéndose a donar dos mil pesos en oro anualmente y también pidió que en ese convento nunca entraran indias ni negras y se emplearan monjas legas para los oficios humildes. Compró la casa del antiguo recogimiento y fue dividida y fue diseñada, de manera que tanto las monjas, como las recogidas vivieran de manera pacífica y confortable. La capilla era de uso común, las monjas utilizaban los coros y la tribuna, las viudas y casadas.

Con el tiempo la paz solo se volvió una apariencia, pues el espacio para albergar mujeres era insuficiente, la satisfacción de sus necesidades y la demanda de niñas que se educaban ahí, era un problema muy serio. Junto al convento se encontraba la casa del recogimiento, y como el número de estas iba decreciendo, entonces las monjas con la anuencia de las autoridades eclesiásticas hicieron un agujero en el muro por donde se introdujeron las niñas y las criadas del convento y las recogidas fueron echadas a la calle.

Para 1658 la iglesia se encontraba en ruinas y fue demolida; por ésta razón las religiosas querrían mejorar su monasterio y le notificaron a Don Juan Navarro Pastrana, quien les facilitó el dinero; una vez terminado el recinto fue dedicado a San José

El 6 de marzo de 1659 el patronato fue constituido ante un escribano y se dedicó la iglesia en 1661. En 1664 Antonio Maldonado hizo un retablo y Diego de Velazco otro en 1668; estos ya no existen.

En 1863, el convento ya había sido abandonado por las monjas; entonces fue fragmentado y vendido. El templo, que todavía conserva sus dos portadas gemelas, pertenece actualmente a la Iglesia Episcopal Mexicana.

Se dice que la iglesia no tenía imagen, pero un buen día llegó a sus puertas un burro que cargaba un cajón de tamaño considerable; el animal se detuvo junto al templo y no hubo poder humano que lo moviera de ahí y nadie lo reclamaba. Al abrir el cajón que traía el burro a sus espaldas encontraron una imagen preciosa de la Virgen María estofada y policromada. La imagen fue colocada en el altar principal y venerada como Santa María de Gracia.

Otra historia cuenta que una monja con velo blanco llamada Magdalena del Señor San José, soñó que la Virgen María le explayaba su deseo de ser venerada en su nacimiento. La joven consiguió que se hiciera la imagen de lo que había soñado; el escultor, usando como base la talla de un angelito que había pertenecido a un retablo en desuso, la convirtió en una niña recostada fue expuesta a la veneración pública bajo el nombre de la Divina Infantita, en convento recibió muchos favores gracias a la intermediación de esa imagen.

El papa Gregorio XVI aprobó la nueva devoción y la enriqueció con multitud de indulgencias, y de ahí se propagó por todo el territorio, hasta llegar a la Madre Patria.

La iglesia fue saqueada, pero todavía se conserva, a excepción del convento, que fue destruido en la década de los 50’s, para construir en su lugar un inmundo edificio.