domingo, 19 de agosto de 2012

Real Monasterio de Jesús María (Segunda Parte)



Reglas del convento
Cuando el convento fue trasladado al lugar que conocemos hoy, había treinta y cuatro monjas dotadas, veintidós capellanas, diez novicias e igual número de pupilas. El rey Felipe II, por la real cédula firmada en Lisboa en febrero de 1583, admitió la fundación bajo su patronato, haciéndola suya y donándole una cuantiosa suma, le concedió innumerables gracias y privilegios; vinculando directamente el monasterio con la Corona Española, pasando después de herencia a los reyes sucesores, pues recordemos que ahí estaba recluida la hija del monarca. El convento siguió conservando su propósito inicial de aceptar a descendientes de conquistadores, pero se volvió legal cuando fue otorgada la cédula real el 2 de octubre de 1588.
La abadesa estaba obligada a informar anualmente al rey de todo lo que hubiera ocurrido. En el convento había rectora, maestra y pedagoga. Cuando alguna de las pupilas era llamada a la reja o torno, era acompañada por la madre rectora; las niñas eran despertadas a las seis de la mañana, tomaban su desayuno a las siete, oían misa, rezaban la estación y después se dirigían la sala de labor, leían, escribían o hacían lo que se les ordenara, a las diez y media estudiaban la doctrina, comían a las once y media, descansaban hasta las dos en que volvían a la sala de labor, salían de ahí hasta las cinco, después a las seis rezaban el rosario, cenaban y luego de varios rezos se acostaban a las nueve. No podían tener dinero a ocho les cubrían sus gastos el real erario.

Remodelaciones y cambios
La iglesia  fue renovada por más de noventa años (1597 – 1691); el claustro fue reparado  y concluido  hasta el años de 1775; después con muchas limosnas de particulares se terminó la torre y la parte incompleta de la iglesia y el convento.  Entre sus historias, destaca que sor Juana Inés de la Cruz formó parte de la comunidad de beatas, así como también la fama que tenían los hermosos cantos de las religiosas.
Al ser exclaustradas las religiosas en 1861 fueron conducidas veintinueve de ellas al de Regina, donde estuvieron hasta 1863; pero por desgracia, en el mismo año de exclaustración de las religiosas y hasta 1874, se estima que los hermosos retablos barrocos del templo comenzaron a perderse. Las monjas dieron servicios religiosos hasta 1933, año en que fuera clausurado y entregado al servicio de la Secretaría de Guerra y Marina.  El convento fue vendido y convertido en habitaciones particulares; su capital de un millón de pesos, incluía setenta y nueve fincas; y sus capitales activos producían un rédito de  cerca de nueve mil pesos.
Existe un plano que data del siglo XVIII, el cuál sumado con las descripciones de Sigüenza y algunos documentos de los artistas que participaron  en la obra, como Luis Juárez y Pedro Ramírez, permite que tengamos una idea del esplendor que tuvo alguna vez éste conjunto.
Se mencionan como posibles arquitectos que le dieran  una remodelación completa al templo, a Pedro Briseño y Manuel Tolsá.
Es de destacar las hermosas pinturas de los evangelistas, ubicadas  en las pechinas que dan soporte a la cúpula. A pesar de que da la apariencia de haber sido restaurada el siglo pasado, aún quedan restos que datan de la segunda mitad del siglo XVIII; como olvidar el coro que podemos ver en la parte posterior, elemento indispensable en todo convento que se preciara.
A finales del siglo XVIII, José Antonio González Velázquez, quien fuera director de la Academia de San Carlos transformó la iglesia al estilo neoclásico; también hizo importantes participaciones en San Pablo el Nuevo y Santa Teresa a principios del siglo XIX. A partir de 1861, el convento tuvo múltiples usos: cine, villares y vecindad; y la iglesia fue ocupada como Archivo General de la Defensa. En  el año de 1989 el claustro principal fue rescatado del estado de abandono en el que se encontraba.
Se cuenta que desde el siglo XIX, podemos observar en este templo a Nuestra Señora de la Merced; seguramente te preguntaras que hace ahí. Te cuento que  la imagen fue traída de Guatemala para colocarla en el ya desaparecido templo de la Merced, pero después de un largo viaje estuvo durante una temporada en el templo de Belén de los Mercedarios, pero ese tiempo fue suficiente para que la imagen pasara a ser la patrona de los comerciantes del rumbo de la Merced.
Actualmente el convento aloja tiendas de muebles, y artículos electrodomésticos; pero a pesar de todo es uno de los conjuntos más completos que se conservan de conventos de monjas hoy en día.
En sus terrenos fueron construidas casas; la que se encuentra marcada con el número 23 de Corregidora, perteneció y ahí vivió Ignacio Zaragoza, defensor de la patria en la Batalla de Puebla. Después de su muerte se colocó una placa que decía: “El General Ignacio Zaragoza, vencedor del Ejército extranjero que atacó a Puebla el 5 de mayo de 1862, habitó en ésta Casa”. La casa era de dos pisos, con balcones corridos y flores en los dinteles de las puertas. Tiene dos patios de pobre aspecto, con viviendas alrededor.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Máximo Colegio de San Pedro y San Pablo

El Máximo Colegio de San Pedro y San Pablo perteneció a la orden de los jesuitas, en donde ellos se dedicaron a impartir  asignaturas relacionadas con la religión católica. Cuando esta orden religiosa fue expulsada del país, el templo sufrió una gran depredación y quedó prácticamente desnudo. El inmueble fue destinado para un sin número de actividades.



domingo, 5 de agosto de 2012

El Real Monasterio de Jesús María


Antes de que la conquista cumpliera medio siglo, había ya en la capital de la Nueva España una buena cantidad de hijas y nietas descendientes de conquistadores, quienes habían despilfarrado su fortuna a manos llenas, dejando a su descendencia como herencia solamente sus títulos nobiliarios y la más absoluta miseria. Ante tal problema  se decidió entonces emprender el proyecto de fundar un convento de monjas, en donde fuesen admitidas las descendientes de conquistadores sin pagar dote alguna.
El personaje que concibió la idea fue Pedro Tomás de Denia, quien consultó a Gregorio de Pesquera, individuo acaudalado ya anciano, que después de servir al rey en algunas conquistas, decide retirarse a México para ocuparse en obras piadosas; este hombre acogió con tanto entusiasmo el proyecto, que ni tardo ni perezoso desembolsó más de cuatro mil pesos para impulsar los trabajos, y  también se comprometió a recolectar limosnas, en tanto que el autor del proyecto se dirigió hacia los minerales para juntar ocho mil pesos, con los cuál era suficiente para echar a andar la construcción. Con el apoyo del alcalde Bernardino Albornoz, quién era muy estimado por el virrey don Martín Enríquez y por el Arzobispo don Pedro Moya de Contreras, se pudo echar a andar el proyecto sin problema alguno.
Ya se tenían los recursos económicos para la construcción, ahora hacía falta escoger el lugar, buscaron a propósito una casa que se acomodara lo mejor posible a sus necesidades, hasta que dieron una cerca de la Santa Veracruz; solamente la separaba del templo una pequeña callejuela, que colindaba con el hogar del Mariscal de Castilla. La casa fue comprada por cuatro mil novecientos pesos y las escrituras fueron entregadas  en abril de 1578, entonces hubo la necesidad de recaudar más fondos por medio de las limosnas, para el mantenimiento de las religiosas y la construcción de la nueva iglesia; uno de las almas piadosas que cooperaron fue Pedro García, quien entregó ocho mil cuatrocientos para que con los réditos se sufragaran los gastos de seis religiosas que el habría de nombrar; esta suma más otros generosos donativos, dieron la nada despreciable cantidad de cuarenta y tres mil pesos.
Mientras los recursos se reunían, el Arzobispo Moya de Contreras había ya obtenido una breve del papa Gregorio XIII el 21 de enero de 1578, en donde se determinaba que las religiosas del nuevo convento debían seguir las reglas y la vestimenta de las monjas concepcionistas. Tanto niñas como adultas, solicitaron su ingreso en el nuevo recinto pero no podían admitir todas; entonces para encontrar una solución se estableció una comisión precedida por el factor Martín de Irigoyen, y nombraron a siete religiosas con cien pesos anuales, algunas de las aceptadas fueron lasa nobles: doña Juliana Quiñones, doña Leonor Pérez, doña Leonor Pacheco de Figueroa y doña Isabel de Mendoza. Para fundadoras y maestras, fueron asignadas diez monjas del convento de la Concepción, quienes se repartieron los cargos como mejor conviniera para el buen gobierno del recinto. Las mentes creadoras de este proyecto, Pedro Tomás de Denia y Gregorio de Pesquera, fueron quienes formaron las primeras ordenanzas, supervisadas por don Pedro Moya de Contreras y autorizadas por Gregorio XIII; este último permitió tres años más tarde el traslado del convento al lugar donde estuvo funcionando durante muchos años.
Ya se encontraba el recinto religioso en funcionamiento, pero siempre había prevalecido la idea de levantar un monasterio para doncellas pobres que no pudieran pagar lo que exigía la dote; entonces varias personas de buena posición contribuyeron a que esta obra fuera una realidad. El nuevo claustro fue concebido con una torre y una campanilla; donde serían recibidas todas las que tuvieran el sincero deseo de profesar, pero también había cabida para aquellas que después de recibir su educación,  y aun así no sintieran la vocación de la vida religiosa, sino más bien de dedicarse a la familia, entonces eran libres de cumplir su misión en la vida. No contento con lo que había hecho, Denia se embarca a España para informar a todas las altos jerarquías y para pedir que se pudiera aumentar el número de religiosas enclaustradas.
Mientras tanto las monjas ya no la veían llegar con la incomodidad por el sitio que se les había asignado, pues era húmedo, estaba en los arrabales y por ser un lugar muy reducido para albergar a otras querían ingresar con dote; y ante las constantes quejas de las religiosas, el Arzobispo les dejó a su libre decisión el nuevo sitio donde establecerían el convento,  eligiendo el lugar en que podemos ver el templo hasta nuestros días.
Al poco tiempo se comienza la construcción de la iglesia y para el convento, muchas casas aledañas fueron compradas y remodeladas para el noviciado; obteniendo su permiso de traslado el 11 de septiembre de 1582, y al día siguiente fueron conducidas hacia el nuevo monasterio con él acompañamiento y modestia debidos del provisor, el alcalde del crimen y otros caballeros, trasladando a las religiosas en literas y coches cerrados. El virrey marqués de Villa – Manrique, acompañado de los oidores y otras personas de alto rango, tomó posesión del convento; la abadesa y demás religiosas estaba hincadas en señal de respeto, y a su paso le besan  la mano al virrey. En cuanto a Denia, obtuvo una real cédula, con la cual el rey mantenía al convento bajo su protección y patronato, asignándole tres mil ducados anuales por veinte años; pero tan pronto recibió una carta del Arzobispo Moya de Contreras, concedió al sitio religioso mucho más de lo que se había solicitado. Esta excesiva “generosidad” del rey no fue gratuita, pues quería esconder algo muy vergonzoso; ¿qué era lo que ocultaba con tanto celo?
Corría el año de 1571, cuando el Arzobispo se le vio trayendo a una niña en brazos de poco más de dos años, la cual procreó el rey con la hermana de Moya de Contreras. La sobrinita del religioso, doña Micaela,  fue criada de acuerdo a su descendencia noble en el absoluto de los secretos; pero poco después de cumplir los trece años la pobre chiquilla perdió totalmente el juicio, situación que la condenó a pasar el resto de su vida recluida en un lujoso cuarto del convento, con un grupo de religiosas a su servicio.
En 1588 el monasterio no tenía más que su primitiva capilla, hasta que el conde de Monterrey aprobó el plan de levantar una iglesia más grande y suntuosa el 9 de marzo de 1597, a donde asistieron todas las personas importantes de la época para presenciar la bendición de la obra; mientras tanto Denia luchó hasta que se cansó para que el convento fuera reubicado en su antiguo lugar, esfuerzos que fueron por demás infructuosos. El proceso de construcción de la iglesia un poco lento debido a la falta de fondos, pero finalmente fue terminada en 1621, faltando solamente la torre; fue dedicada el 7 de febrero del mismo año por el Arzobispo don Juan Pérez de Serna, y al día siguiente hubo una muy solemne procesión desde la Catedral, hasta el nuevo templo, donde fue depositado el Santísimo Sacramento en el altar mayor.
Como se mencionó anteriormente, las monjas siguieran las reglas de las concepcionistas, entre las cuáles estaba que debían realizar labores de su sexo para recaudar fondos que les ayudaran a cubrir sus gastos. Como dato curioso, les puedo contar que había dos claustros; en el que profesaban era en de Jesús María, y el que estaba acondicionado de escuela, pero no profesaban era el de Nuestra Señora del Rosario

lunes, 30 de julio de 2012

La Coyota


Siglo XVII, pródigo en sucesos sobrenaturales, tiempo en que florecieron las malas artes, la magia diabólica y la hechicería. La leyenda que vengo a ofrecerles en día de hoy nos relata como una mujer vengativa vendió su alma al demonio, para asegurarse que recibiría castigo en que consideraba como autor de sus desdichas; se aseguraba que esta mujer desencadenó sobre sus descendientes una maldición infernal que aún en la época porfirista subsistía, un estigma terrible para aquella familia Rodríguez de Celis.
¿En qué consistía esta maldición? Cuéntase que todas las mujeres de los Rodríguez de Célis ocasionaban la muerte en sus pretendientes; en efecto, siempre había alguien que embrujado por la soberbia belleza de la chica, la invitaba a bailar para poder tenerla entre sus brazos. Más cuando el galán se sentía profundamente atraído por la muchacha, siempre sucedía lo mismo: era hallado muerto al día siguiente, la mayor parte de las ocasiones por curiosos tempraneros descubrían el cadáver desfigurado y ensangrentado, entre unos matorrales del rumbo de lo que hoy es Tacuba.
Retrocedamos siguiendo las desteñidas letras de antiguos documentos hasta el siglo XVII, y empecemos la leyenda en una casa de la antigua calzada de Tlacopan; antes de ser construida la casona existía otra muy humilde, rodeada de tierras de labor y no muy lejos de ahí un bosque.
En aquellos humildes rumbos vivía don Álvaro, conocido como el hortelano, tenía una lindísima hija llamada Blanca, que le ayudaba al cultivo y exploración de la hortaliza, ella tenía siete años cuando su madre murió, desde entonces su padre su padre se hizo cargo  y lo ayudaba a vender.
Llevaba sus verduras hasta la Tlaxpana, en donde no había nadie como ella para regatear y lograr mejor precio a los productos  que con tanto afán sacaban, hasta que cierta tarde al volver Blanca a su humilde casa, encontró a su padre enloquecido destruyendo la hortaliza, quien le preguntó alarmada porque hacía tal locura, a lo que su progenitor procede a tomarle la mano para llevarla al interior de la casa; y para estupor de Blanca, don Álvaro le muestra un fabuloso tesoro que encontró  muy bien escondido bajo mantas y objetos, que seguramente habrá sido botín de algún conquistador. 
Semanas después edificaban una casa enorme  numerosos albañiles, y una vez concluida y amueblada con lujo señorial   reinó Blanca allí con su belleza; rodeada de sirvientes y vistiendo ropas de brocado y oro, parecía que ese era el marco más adecuado a la soberana belleza de la joven. Más dicen que quien se encuentra un tesoro no vive mucho para disfrutarlo y esa creencia se hizo realidad, pues al escaso año moría don Álvaro, pero eso no quiere decir que su hija se quedara sola de todo, ya que varios galanes comenzaron a cortejarla; y al fin vencida por las ceremoniosas atenciones y apostura de un doncel llamado don Fernando de Girard, la inocente Blanca aceptó, pero era tanta la ansiedad por el matrimonio que demostraba el galán, que la joven comenzó a desconfiar, incluso un día antes de la boda tenía un mal presentimiento que no la dejaba en paz, y aun así no se echó para atrás.
Llegó en el día tan esperado por los novios, asistiendo a tal evento nobles y principales; Blanca no cabía en sí de gusto, pues nunca soñó en que se casaría con tanto esplendor y con alguien de alcurnia; muchos de esos nobles arruinados solo fueron a saborear las ricas viandas nupciales y a beber el buen vino que corrió a raudales, como cierto caballero que también se llamaba Fernando y bebía como un tonel junto con el feliz esposo de Blanca. Mientras bebían felizmente los dos amigos, el recién casado le platicaba de cómo había logrado engañar de la manera más vil a su esposa, fingiéndole amor para una vez estar aposentado en la mansión, hincarle las garras a la fortuna y gastarla en mujeres y vicios; pero mientras platicaban ninguno de ellos se percató de que Blanca escuchaba la conversación, escondida tras un seto. La desposada que iba en busca de su amado, ya no fue ante él, sino que volvió llorosa hasta la casa; después sin que nadie se diera cuenta de su pena, estaba ya bailando  con otros caballeros que admitían, que plebeya o no, era bellísima.  Ocupada en bailar, Blanca solo pudo ver de vez en cuando  a su esposo, más no logró saber con quién había entablado aquel diálogo detrás del seto.
¿Fernando de Girard también había encontrado un tesoro? ¡Indudablemente!, ya que se dio una gran vida con la fortuna incalculable de su esposa. Pasó el tiempo y la joven pareja tuvo una niña muy bella, el disponía en tanto ella cuidaba de la pequeña, de oro y tiempo que malgastaba como por ejemplo, mandándose pintar retratos; más tres días después de descubierta su imagen, este pasó a mejor vida: ¡Los que encuentran un tesoro no viven mucho para gozarlo! Todos creyeron que Fernando había muerto por excesos en el comer y beber, y nadie se ocupó por averiguar la verdadera causa de su fallecimiento, pero decían algunos rumores que había sido envenenado.
Tres días después de los funerales del conde, la gran casa señorial estaba cerrada y Blanca había despedido a todos los sirvientes; pues impulsada por una pasión frenética, cegada por el odio y la venganza vagó por la chinampas y canales de lo que hoy es Nativitas. ¿Qué buscaba la terrible mujer transformada en fiera por el odio? Al fin ya entrada la noche, descubren bajo un sauce llorón una figura impresionante que causaba pavura a propios y extraños; sin aguardar más Blanca salta a tierra, y se dirige a aquella mujer de aspecto desagradable y repulsivo que no era nada menos que una bruja experta en la magia negra. Cuando la joven se disponía a regresar con la hechicera en la trajinera, el indígena que conocía de sobra a la mujer que la acompañaba no aguardó ni por todo el oro del mundo; Blanca preocupada no sabía cómo iban a salir de ahí, pero su acompañante ya tenía la solución, acto seguido hace un ademán y aparece increíblemente estacionado sobre el agua un elegante carruaje, entonces con el pavor y desconfianza mezclados, la muchacha se apoya en la mano fría y helada de aquella mujer fantasmal.
Así, poco antes de la media noche, ambas estaban en la casona señorial de la calzada de Tlacopan, y momentos después hablaban en la sala de la espaciosa mansión ahora sumida en silencio. Blanca le platicaba sobre la venganza que quería hacer en contra de Fernando, el amigo con el que había platicado su marido el día de su boda, y como lo único que sabía de él era su nombre, quería recurrir al rey de los infiernos para poder dar con el culpable de sus desgracias, pero para pedir cualquier favor debía de entregarle su alma, a lo que la mujer aceptó sin pensarlo dos veces.
La noche siguiente, noche de viernes, siniestra y adecuada para llamar a Lucifer, la bruja prepara todo para la infernal ceremonia; tres llamadas le hace al rey de los infiernos y  aparece este entre llamas pestíferas combinadas con ruidos subterráneos preguntado para que se le había llamado, entonces Blanca le ofreció si alma a cambio de que le ayudara a encontrar al hombre que la había humillado, pero no la iba ayudar hasta que su alma estuviera lo suficiente condenada para llevarla al Infierno, entonces le pide que haga con ella lo que quiera para así condenarse. Y cuenta la leyenda que el demonio se enamoró de Blanca desde ese momento y que con sus alas cubrió su cuerpo desnudo, mientras sus belfos estampaban el estigma infernal en esas carnes blancas.
Al día siguiente por la tarde del pacto demoniaco de las dos mujeres, el maligno les había dado la instrucción  de que debían a atraer al galán en cuestión hacia el bosque, él se encargaría de los demás; en tanto Blanca ya había mandado una carta incitante a un Fernando que no iba a tardar en caer en el trampa, envuelto con aquellas palabras que llevaban el trasfondo de la muerte. Días después; ajeno a la trampa espantosa que sobre su persona se tramaba, llega don Fernando de Avilés, quien fue abordado por la dama con una serie de preguntas del día de la boda, y después de mucho conversar le pide que la espere en el bosque en la orilla de lago, para para ahí el lenguaje fuera más cálido. Más cuando el hombre llega al lugar indicado, parece aguardarles una fiera: ¡una coyota! Acto seguido los gritos del incauto se mezclan con las carcajadas  de Blanca; más gritos, risas y rugidos son arrastrados por el viento que canta su letanía de muerte, entonces en ese momento parecen resonar pasos felinos en la hojarasca del bosque, la mujer cree que alguien se acerca y se pone alerta; y cuando tras una fracción de segundos vuelve a mirar al caballero, descubre a la hechicera quien dice que la víctima no era la que estaban buscando, ya que el Maligno le indicó que cuando esto sucediera, al muerto le iba a aparecer una marca de una pezuña en la frente.
Semanas más tarde otro Fernando es inducido por Blanca a acompañarla al bosque, y nuevamente  la Coyota ataca al caballero, a quien se le hicieron previamente las mismas preguntas.  Al día siguiente dos cazadores estupefactos descubren el cadáver ensangrentado de la víctima; mientras tanto en la casa de la dama, ella y la hechicera comentaban sobre cuándo podría dar con aquel Fernando, pero todo llegaría en el momento indicado.
El tercer Fernando, víctima de la maldad de aquella mujer, solo pudo retrasar su muerte cuando corría tras Blanca en una noche tormentosa, de repente estalla un relámpago y el rayo quema la encina y los sabinos, entre el fragor de la tormenta se escuchan la siniestra carcajada de la mujer; entonces sale de la nada alumbrada por una luz cegadora, una animal  infernal de ojos centelleantes y pelambre hirsuto, quien le da cruel muerte a su víctima.
Al día siguiente dos leñadores, que por temor iban armados  y además acompañados de un cazador español, hacen el macabro hallazgo de Fernando. A los caballero se les hacía muy extraño que solo aquellos que llevaban dicho nombre, fueran los únicos que aparecieran muertos en el mismo lugar; entonces deciden observar con más detenimiento los alrededores y descubren en el lodo huellas de mujer, evidencia que gracias a la lluvia de la noche había quedado como testigo único de aquel crimen. Como era de esperarse, el testimonio de leñadores y cazador, en el sentido de que había huellas de mujer junto al cadáver, despertó toda clase de comentarios en la colonia, alejando todos ellos las sospechas de que algo infernal acontecía en el bosque y que todos los muertos se llamaran Fernando.
Al fin la tarde del 18 de agosto de 1627, cae la última víctima de la hechicera, Blanca y el Diablo; quien en vida llevó por nombre, don Fernando Ballesteros y Moncada, fiel amigo de su difunto marido. Al fin la venganza de la malvada mujer se había consumado, ahora le tocaba a ella cumplir con su parte del trato, entonces con la ayuda de la bruja fue conducida hacia la acequia en donde una embarcación la esperaba; una vez a bordo una espesa niebla en forma de serpientes infernales que se retuercen, Blanca va al encuentro del rey de las tinieblas para morar con él por la eternidad.
La desaparición de la mujer y la muerte de aquellos hombres, fueron ligados por las autoridades, y el Santo Oficio llegó a la conclusión de que, en base de toda la evidencia recabada en la investigación, la mujer tenía a su servicio de aun bruja, quien le ayudaba a convertirse en fiera para matar a todo hombre que se llamara Fernando. El Santo Oficio ordenó la bendición de la rica casona que abandonada empezó a destruirse; pero aún  en el siglo siguiente quedaban ruinas que causaban miedo y pavor.
Y ustedes se preguntarán ¿qué fue de la hija de Blanca? Pues bien, ésta vivió lejos de sus propiedades con un tutor, pero no escapó a que el vulgo le llamara ¡la coyota!, y la mujer guapa y hermosa, era rehuida por la sociedad. Todo aquel caballero que osara fijarse en ella, terminaba igual que los Fernandos, pero los encantos de aquella mujer eran irresistibles para cualquier hombre. ¿Coincidencias? ¿Habladurías? Quien sabe, lo cierto es que un cruel destino persiguió a la hija de Blanca, quien finalmente se casó y tuvo una hija; y por esta hija, nieta de Blanca, se mataron varios galanes y todas las mujeres descendientes de aquella mujer, tuvieron el mismo destino de atraer a la muerte. ¿Esta maldición que pesó sobre ellas fue el terrible castigo que tuvo como consecuencia aquel pacto demoníaco? ¿La maldición ha terminado? Lo ignoramos, pues rastro de la familia Rodríguez de Celis se perdió en la época Porfiriana. ¿Acaso algún terrible drama pasional actual tenga como explicación, que en el participó  una descendiente de Blanca? ¿No lo creen así? 

domingo, 22 de julio de 2012

Chichén Itzá



Esta magnífica ciudad se encuentra ubicada en la Península de Yucatán entre las costas oriental y occidental; dista con 120 km de Mérida, que es la capital de dicho estado. Cuenta con una superficie aproximada de 15 km cuadrados; donde se distinguen cinco plazas o plataformas, de  las cuales solo tres han sido excavadas y reconstruidas, faltando las que conectan con el “antiguo Chichén”, lugar donde se encuentran el templo de las flechas y el de los falos. Cabe destacar que todo el sitio se encuentra comunicado por caminos llamados “sacbeo”, que son  calzadas artificiales de entre dos y ocho metros de anchos, de los cuáles se han localizado aproximadamente treinta en los trabajos de excavación, bajo la dirección del arqueólogo Peter Schmidt. La ciudad tiene trece juegos de pelota, destacando que uno de estos es el más grande de Mesoamérica.
El nombre de Chichén Itzá se descompone en los siguiente elementos de la lengua Itzá – Maya: “Chi” que significa boca, “chen” que quiere decir pozo, e “Itzá” corresponde al nombre de los pobladores que la ocuparon; así pues, la interpretación al español nos queda: boca del pozo de los Itzaes, o la orilla del pozo de los Itzaes.
La pirámide tiene una base cuadrada de 55.5 m por lado y 24 m de altura, tiene nueve basamentos sus tableros están colocados de la siguiente manera: ocho plataformas con tres tableros de cada lado de las escaleras, menos la novena que tiene dos; las escalinatas son cuatro y representan los cuatro puntos cardinales y los escalones son 91 de cada lado. Cuenta también con una pirámide interna, que es la lunar, y la exterior es la solar; la entrada al público para ver el interior por desgracia no está permitida.
La construcción principal que podremos encontrar es el famoso castillo, como se le conoce más popularmente, que es considerado uno de los relojes de Sol más grandes de la cultura maya. Sus escalones están diseñados  y orientados de tal manera, que solo en los días  de equinoccios y solsticios, podremos ver como la luz de Sol crea una sombra en la que parece que una serpiente va bajando por la escalinata; espectáculo que atrae a personas de todo el mundo y si fuiste uno de los privilegiados en presenciarlo, podrás darnos la razón.
La luz y la sombra se entrelazan para formar siete triángulos isósceles encadenados; si observamos detenidamente podremos darnos cuenta que es una víbora de cascabel, Tzabcan (tzab, cascabel; can, serpiente), representa al Sol y simboliza el movimiento ondulatorio y cíclico del tiempo. Las siete figuras simbolizan los siete centros de energía de nuestro organismo o lo que también conocemos como chackras.
El 21 de diciembre es el día del solsticio de invierno, donde podremos observar como la pirámide se ilumina durante las tardes solamente en sus costados sur y poniente, teniendo la mitad con luz y la otra en sombra, esto nos indica un medio día solar. Para llegar al siguiente solsticio de verano transcurren 182 días, entonces 182 peldaños son los que se iluminan en los costados y sumando los de invierno nos dan 364, más el medio día solar de cada solsticio da como resultado 365 días solares del calendario Habb.

Calendario civil Itzá – Maya: 365.2420 días
Calendario gregoriano: 365.2425 días
Calendario científico actual: 365.2422 días

Como pudimos ver, la pirámide nos plasma el calendario religioso y civil, indicándonos con luz y sombra los cuatro movimientos del planeta, con respecto al Sol; por eso durante los equinoccios podremos presenciar una serpiente de luz y una sombra. Para los mayas, aquellos fenómenos eran para rendir el culto solar, el fálico y serpentino.
Para serpiente de sombra la podremos ver solamente si subimos a la pirámide, porque solo la veían los grandes maestros; pero no hay que cree que la imagen se proyecta y ya, pues tanto la de Sol como la de sombra tiene tras de sí complejos cálculos matemáticos de proyección y desaparición. Los mayas creían firmemente en que los templos y pirámides eran como una gran escalera por la cual se podía subir al cielo.

domingo, 15 de julio de 2012

La maldición de la casa de Regina 27



¿Qué maldición había caído sobre la casa número 27 de la hoy calle de Regina? ¿Qué secretos del más allá guardaban sus añosos muros? Esta leyenda, extraída de entre el polvo del siglo XVII, nos habla de un caso de apariciones sobrenaturales que en nuestros días aún puede ocurrir….
 Estamos en 1642, en la capital de la Nueva España, cuando hace su entrada triunfal el nuevo virrey don García Sarmiento de Sotomayor, quien tenía dos títulos de conde de Salvatierra y marqués de Sobroso, llegó a la capital el 23  de noviembre de ese año; pero no llegaba solo, entre los personajes que traía en la comitiva estaba don Ambrosio Torres de Medina y Linares, su esposa doña Lorenza y sus tres hijos. A su llegada, la familia quedó instalada en la casa de las calles de Regina; ellos tenían la impresión de que en estas nuevas tierras iban a ser muy felices, pero lo que no sabían era que  dentro de aquella casa había un extraño maleficio… La primera noche que pasaron en la casona, la dama escuchó sollozos lastimeros, además de aquellos gemidos dolorosos se escuchaban en la planta baja, ruidos y sonidos inexplicables; entonces alarmada doña Lorenza, decide despertar a su esposo y le platica los sucedido, pero este pensó que serían las sirvientas que extrañaban España, por lo que no puso atención y se volvió a dormir.
 Al día siguiente, picada de curiosidad la dama preguntó a la servidumbre y estos creían que ella había llorado; entonces le contó a su esposo lo ocurrido y tres días más tarde lo fenómenos psíquicos iban en aumento. No bien caía la tarde, las puertas se abrían al acercarse a estas, como si un mayordomo invisible abriera; pero a pesar de las palabras reconfortantes de marido hacia su familia, los sucesos extraordinarios se incrementaban cada vez más, a los lastimeros gemidos le siguieron después unos ruidos, todos lo escuchaban sin experimentar un gran miedo; aquel ruido parecía como si alguien cosiera un duro costal de arpillera, entonces los criados armados de valor recorrieron la casa, sin encontrar nada anormal.
Durante dos años la familia de don Ambrosia y sus criados soportaron aquellas manifestaciones de ultratumba. Era precisamente la tarde del 26 de noviembre de 1644, doña Lorenza daba a sus hijos una bebida caliente, cuando  como si alguien la llamara, volteó a ver hacia la puerta, hallándose ante una aparición horrible; la aterrada dama permaneció sin decir palabra a sus hijos  por temor de que se espantaran, y acto seguido inclinó la cabeza para orar, pidiendo al cielo que sus hijos no vieran aquello. Cuando volvió a mirar hacia la puerta, el espectro de la mujer de gris había desaparecido; en esos momentos entró una de las criadas y le informó a su patrona que había visto al mismo ser de ultratumba que ella, pero no hablaron mucho de tema porque los niños podían escucharlas. En vano guardaron silencio sobre la aparición a las niñas, pues una noche la mujer de gris, con su rostro malévolo y siniestro espiaba a una de ellas; la pequeña al ver aquel horrible ente pegó un grito de terror, y al escuchar  los alaridos de susto de su hija, don Ambrosio corrió a la alcoba, para cuando llegó el espectro ya se había ido, y pensando que la niña había tenido un mal sueño, la dejó en su cama y se volvió a dormir.
La noche del 3 de febrero de 1645, doña Lorenza fue despertada por un viento helado que corría por la alcoba, creyó haber dejado la ventana abierta y se levantó con el fin de cerrarla, pero cuando iba a descorrer las cortinas salió de atrás un brazo y una mano descarnada, entonces el espantoso miembro frío y oloroso a humedad la cogió del pelo, presa del miedo gritó.
Al día siguiente, doña Lorenza contó a su esposo lo ocurrido y este tomó la  determinación de aceptar la invitación  que el virrey le había hecho junto con otras familias, a pasar unos días en Coyoacán, por lo que manda a su esposa e hijos para que se alejasen unos días de la casa embrujada, mientras el trataría de encontrar una solución.
Don Ambrosio se quedó solo y esa noche, decidió poner algunos asuntos al corriente; había quedado una criada, el criado y lo acompañaba su perrito Titi, que estaba a sus pies; era cerca de la media noche cuando el pequeño can comenzó a gruñir como si alguien se acercara, ante la extrañeza de su amo, el animalito buscó refugio aullando espantado; y como si alguien lo llamara, don Ambrosio miró a la puerta, hallándose ante una aparición horrible, se trataba de una macabra aparición de una monja con su hábito desgarrado, con sus rostro, manos descarnadas y unos cuencos en lugar de ojos que parecían mirarlos con dolor; con gran entereza el caballero se puso de pie, hablándole a la aparición para saber qué era lo que la hacía vagar por este mundo, pero la monja muerta dejó escapar un hondo suspiro y se alejó gimiendo. Con ánimo dispuesto, don Ambrosio siguió a la aparición, que tomó el rumbo de jardín interior de la casa, la religioso gimió más sonoro al llegar debajo a un árbol de fresno, y allí como tragada por la tierra desapareció, dejando un olor a tumba, a misterio, a cosa del más allá.
Días después regresaron su esposa y sus hijos, el caballero nada dijo a su mujer sobre la aparición dela monja, pero ella no podía olvidar el escabroso tema y entonces le preguntó si había encontrado alguna solución, él le dijo que había hablado con el maese Toledo, el doctor Tarribá y solo esperarían la llegada de fray Molina, ya que ellos eran especialistas en asuntos sobrenaturales. Pero antes de llegar las personas que iban a exorcizar a los fantasmas, ocurrieron nuevas cosas espantables… una tranquila noche doña Lorenza se encontraba haciendo tranquilamente haciendo su costura, cuando escucha que alguien la llama, pensando que era su esposo va a ver que se le ofrece, pero don Ambrosio no llamaba a sus mujer, el a su vez oía que le llamaban en esos momentos; los dos esposos corrían, uno en pos del otro, creyendo ser llamados mutuamente, y la encontrarse se preguntaban quién llamó a quien. Entonces comprendieron que eran víctimas de las jugarretas fantasmales.
El 7 de marzo llegan por fin los exorcizadores a la fatídica casa de Regina 27, quienes solicitaron al marido que se fueran a descansar a sus aposentos mientras ellos hacían sus trabajos, a lo que él les dijo que ya se había acostumbrado a ver espectros desde que estaba en España, así que no había problema. Aguardaron hasta que sonó la media noche y entonces los gemidos no se hicieron esperar, el fraile invocó la ayuda del cielo, y como si se tratara de una obra de teatro y se levantara el telón, se empezó a ver la escena de un tiempo pasado: una mujer era descubierta por su marido cometiendo adulterio, el canalla escapa y ella pide disculpas al ofendido, pero este la ignora y procede a amarrarla de pies a cabeza, acto seguido mientras gemía doliente y desesperada, él y un amigo cosían el costal de arpillera en donde la habían metido, aquellos gemidos y el coser de algo duro,  eran los ruidos que oyera don Ambrosio y su familia. Los dos caballeros sacaron a la mujer que se debatía y no cesaba de gemir, después con su carga a cuestas llegaron hasta la acequia real en donde la arrojaron; los vengadores, cuyos rostros no podía ver los exorcizadores, quedaron allí hasta que el costal se hubo hundido. En ese momento aquel túnel del tiempo se desvaneció y los caza fantasmas se fueron para reanudar su trabajo en la siguiente sesión, mientras verían si podían averiguar algo sobre la infiel.
Tres noches más después volvieron los exorcizadores a la casa de Regina, esta vez para hablar con la monja. Don Ambrosio ya los esperaba para relatarles la visión que tuvo el día que se quedó solo en su casa; mientras esto ocurría, de pronto  formándose del aire y de sombras, apareció el espectro horrible de la monja, acto seguido el fraile se acercó a ella para conjurarla para que platicara su historia, la respuesta del espectro fue pedir ayuda para lograr su eterno descanso, entonces prosiguió a tomar asiento entre los vivos y gimiendo se preparó a contar su historia: “Herlinda Bauzas y Mellado fue mi nombre, fui rica y bella  en el mundo de los vivos, mil galanes me querían como esposa, pero yo no sentía amor por ninguno y jugaba con sus sentimientos; al enterarse mis padres de mi conducta libertina, decidieron encerrarme en un convento, situación a la que me negué rotundamente ya que ese lugar no era para mí, pero a pesar de mis súplicas y lágrimas  me enclaustraron en Santa María de las Mercedes. Durante muchos días estuve encerrada en mi celda, negándome a comer, a dormir y a rezar, fueron en vano las reprimendas y consejos de la superiora; pero no estaba sola en ese lúgubre lugar, pues había muchas novicias como yo, ya que no podíamos olvidar las pasiones y pecados mundanos.
Durante ciertas noches, nuestros galanes lanzaban escalas que nosotros atábamos a los árboles, por ellas subían y entonces nos entregábamos a la pasión, al amor, al desenfreno… en la misma casa del señor; y como era de esperarse, con tanto deseo contenido, tanta soledad y disciplina debilitaron mi resistencia y cedí. El tiempo siguió su curso, la naturaleza su obra y yo trataba de ocultar mi gran pecado bajo los gruesos hábitos, pero al fin el plazo natural del nacimiento, me revolaba de dolor  en el huerto, cuando fui descubierta por unas beatas que salieron corriendo como si las persiguiera el diablo al ver el estado en que me encontraba, fue lo último que vi. Nunca supe si mi hijo nació vivo o lo mataron ellas, cuando volví ene mi lo sepultaban; días después morí de intensas fiebres, sin que nadie se condoliera de mí.”
Al terminar su triste historia, la monja fantasmal se puso de pie y señalando al fresno  dijo que su hijo se encontraba enterrado bajo este, ya que antes  esos terrenos eran propiedad del convento. El espectro les pide que encuentren el pequeño cadáver y le den cristiana sepultura, en cuanto a ella les pidió encarecidamente que rezaran por su alma pecadora para que obtuviera el sufragio eterno; si los caballeros cumplían lo pactado, ella prometió jamás volver a perturbar las vidas de los moradores de la casa, acto seguido la monja desapareció bajo el añoso fresno.
El 13 de mayo 1648, el virrey conde de Salvatierra fue removido con el mismo cargo en el Perú, con él se fue su fiel servidor son Ambrosio Torres de Medina y Linares y su familia. Respecto a los fantasmas de la casa 27 de Regina, deben saber haber desaparecido, pues la promesa pactada con el espectro fue cumplida. ¿Ustedes que creen? ¿Seguirá todavía la monja penando por su pecado?

domingo, 8 de julio de 2012

Convento de Regina Coeli


Perteneciente a la orden Concepcionista, fue el primero en ser fundado por las monjas del Convento de la Concepción en la capital de Nueva España; su nombre significa  “Reina del Cielo”.
El  4 de octubre de 1573, salieron  10 monjas del convento de la Concepción para fundar el monasterio de la Natividad de Regina Coeli; se desconoce la fecha exacta en que fue levantado en convento, pero la que más popular se hizo  fue en  el año de 1553. A este sitio podían ingresar solamente las criollas y jóvenes españolas, que tuvieran realmente la vocación para llevar una vida dedicada a la religión, debían tener de ser de 18 a 25 años de edad, gozar de cabal salud y buena voluntad. Para ser aceptadas también debían pagar una dote de cuatro mil pesos.
Don Melchor de Terreros (pariente de don Pedro Romero de Terreros) donó veinticinco mil pesos, con lo cual fue reconstruido el convento y fue estrenada el 19 de marzo de 1656. En la primera mitad del siglo XVIII, fue reconstruida con la ayuda del arzobispo fray José Lanciego y Eguilaz. Por esos tiempos, don Buenaventura Medina Picazo mandó hacer la capilla que después llevaría su nombre, dedicada a la Inmaculada Concepción, anexa al templo y que tiene su estatua como una forma de agradecimiento.
La botica o farmacia de las monjitas era muy conocida, pues preparaban un purgante muy efectivo que vendían al público, y la receta era un total secreto y también hacían un agua para “el mal de ojo”, que regalaban a quienes la solicitaran.
El convento tenía en 1861 treinta religiosas y sesenta y un fincas, cuyo valor se calculaba en seiscientos setenta y ocho mil pesos; las cuáles rentaban para obtener el sustento, que también los obtenían de la caridad y obras pías. Con las leyes de Reforma las monjas fueron exclaustradas en 1863.
El templo cuenta con dos portadas que no son gemelas, en una de ellas se encuentra un relieve con escena del Nacimiento de la Virgen María. El interior no se queda corto, pues todavía conserva magníficos retablos y pinturas de estilo barroco de una gran calidad; del coro solo queda el gran espacio adornado con pinturas al óleo; la Capilla de Medina Picazo también es magnífica y para entrar en ella hay que pedir permiso en la oficina por la calle de Bolívar. Esta capilla cuenta con su propio Coro Alto y una bella cratícula en el lado del Evangelio, sobre el presbiterio.
En el templo se veneraba la imagen de Nuestra Señora de la Fuente, que se decía era muy milagrosa y en la época era muy popular. Una monja de convento llamada sor Micaela de los Dolores, le fue regalada una estampa con aquella imagen, porque nueve meses atrás había perdido la vista y padecía fuertes dolores. Se dice que le untaron en sus ojos el aceite de la lámpara que estaba frente a la Señora y con fervor se encomendó a ella, y milagrosamente  recuperó la salud y la vista.  
Otra imagen que destaca por su belleza es la del Ecce – Homo;  pues cuenta la leyenda que a un vecino de la capital se le apareció en sueños, y cuando despertó lo primero que hizo fue llamar a un escultor para encargarle una igual a la de aquella noche; por desgracia el artista no plasmó ni por asomo la imagen del sueño. Todo parecía perdido para aquel hombre, hasta que un día llegaron unos indígenas ataviados con unas tilmas blancas y se ofrecieron a elaborar la escultura; pero lo curioso de estos personajes es que cuando terminaron su trabajo, desaparecieron tan misteriosamente de la misma manera en que habían venido. También se cuenta la versión de que los agustinos se trían su pleito legal con motivo de la famosa imagen, que ya estaba lista para enviarse a España; y después de un tiempo de discutir por la escultura finalmente se quedó en Regina Coeli, en donde se decía también que había sido la dote de una religiosa que murió joven, según se encuentra escrito en los archivos del convento y conforme a la cuenta de la superiora Francisca de Jesús, nieta del virrey don Luis de Velasco. Cabe mencionar que gracias a las buenas limosnas que generaba el Santo Ecce – Homo, era posible hacer  las principales fiestas del convento como  la Natividad de la Virgen, las solemnidades del Domingo Ramos, Jueves Santo y los gastos estratosféricos que conllevaba. La imagen tenía su cofradía, que fue de gran influencia y sobre todo de riqueza; también en el recinto se rendía culto a Nuestra Señora de la Fuente, plasmada en óleo por el gran pintor Ibarra.
Después de las leyes de Reforma, Juárez cedió el convento al Ejército. Cuatro años más tarde sirvió como pago a Ramón Obregón, que después fue alcalde de Valle de Santiago, Guanajuato en 1887; y gracias a estos hechos el inmueble logró salvarse de la demolición. Los años pasaron y Consuelo Béistegui, filántropa y última propietaria del convento, lo cedió para que instalar un hospital, que fue inaugurado en 1886. En el templo se siguieron oficiando misas, pero por desgracia los ladrones han acabado con pinturas, objetos de plata y retablos.